Víctor Hugo Rascón Banda: El teatro me ha dado más de lo que yo le he dado

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26 de mayo de 2006

Víctor Hugo Rascón Banda.

Víctor Hugo Rascón Banda posee una rara combinación de talentos que lo han llevado a desarrollar una sólida carrera de 25 años como abogado en instituciones bancarias, en el CONACYT (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología) y en la Sociedad General de Escritores de México (Sogem); al teatro sólo le ha dedicado las horas de sueño, del descanso y del amor.

“Yo no soy un amante del teatro –confiesa–, realmente el teatro me ha dado más de lo que yo le he dado”.

Por sus otras actividades, el dramaturgo, referente indiscutible del desarrollo del quehacer escénico mexicano de las últimas cuatro décadas, no se considera el mejor modelo de trabajo para los creadores, no padece el problema de la página en blanco de los escritores, ni trabaja por inspiración de las musas.

“Yo trabajo por reflejo condicionado, como el perro de Pavlov”.

La mayoría de sus obras de teatro están basadas en hechos que observa en la televisión o lee en la nota roja de los periódicos, por ello en una tesis se le denomina el dramaturgo de la nota roja, de la sangre y de la violencia.

Y no puede ser de otro modo. Es el mundo de Rascón Banda quien llegó a la ciudad de México para sobrevivir cargando baúles de imágenes y acentos de la Barranca del Cobre en la sierra tarahumara.

“Vivo en un ambiente que estimula la violencia, lo malo, lo bueno, lo injusto, la sierra, los tribunales, los juzgados, mis padres, mis abuelos”.

POR VOZ DE LOS DRAMATURGOS HABLA LA SOCIEDAD

El teatro se ocupa de los problemas de la sociedad, habla de todo, menos de teatro, porque el teatro está para eso, para iluminar, para transformar, dice el autor.

Desde su primera obra, Los ilegales, hasta Hotel Juárez, ha abordado los problemas sociales como una respuesta emocional a los asuntos que indignan, que duelen, en el segundo caso, el de las muertas de Juárez.

“La obra me salió porque era el momento en que había preguntas, como sigue ahora, sin respuesta, entonces ¿qué hace el dramaturgo?, escribe primero para desahogarse, y luego, para plantearse preguntas y tratar de encontrar las respuestas que la PGR y la procuraduría estatal no dan”.

Por esa razón Rascón Banda se define como informante entre las historias y el público, como un intermediario o médium entre el espectador y la sociedad.

“Soy un instrumento –dice–, que simplemente llega a dar cuenta de lo que está pasando. Yo creo que por voz de los dramaturgos habla la sociedad, porque uno nada más anda de mirón, se dice que los dramaturgos son vouyeristas, tenemos ojos para ver lo que otros no ven y oídos para escuchar los que otros no escuchan”.

La maestra Elvira Popova explicó que el teatro de Rascón Banda ha sido leído, representado, estudiado e interpretado desde diferentes ángulos y perspectivas como teatro de denuncia social, teatro de la nota roja y teatro documental.

“En su dramaturgia por lo general parte de un hecho real al que confiere un significado dramático más allá de lo inmediato y lo cotidiano para convertirlo en memoria viva e insólita de nuestro tiempo.

“Y esta memoria viva es un testimonio y al mismo tiempo un vehículo para comprendernos mejor, para saber un poco más de nosotros mismos, una forma de interpretarnos a través de nuestros hechos reales”.

EL DESEO, FIDELIDAD A SU DISCURSO SOCIAL Y POLÍTICO

Por eso Rascón Banda solamente tiene escritas dos historias de amor, eso en el caso de que El deseo pueda considerarse como tal.

La maestra Popova no le da muchas esperanzas. Para ella Rascón Banda ve más allá de la relación de una mujer estadounidense y un hombre colombiano, mira dos concepciones de vida irreconciliables, el primero y tercer mundo, respectivamente.

“El dramaturgo busca y racionaliza las causas de este desencuentro entre dos culturas y dos costumbres, y ve el deseo de Susan hacia Víctor como el deseo político de dominación de lo diferente y aparentemente débil.

“Más que un miedo a la soledad, Susan teme a lo diferente por desconocido y por tanto necesita manipularlo, es este miedo que la impulsa, no a comprender al hombre sino a tener el control y de esa manera ejercer el deseo del poder. Y cuando las cosas se salen de control, el que aparentemente tiene el poder, termina consumado por la locura.

En ese sentido el autor se mantiene fiel a su concepción enunciada en la mayoría de sus obras, el discurso social y político que predomina sobre el individual.

Popova agregó que el tema de El deseo es el desamor, el desencuentro y la soledad. Los protagonistas disparan los por qué de ello, siendo jueces y juzgados. Los recuerdos no traen nostalgia sino dolor. Dos seres solitarios buscan saciar su vacío, por ello su mirada no ve al otro, sino lo otro. Su deseo se consume en el límite de sus cuerpos, no trasciende, no genera cambios.

¿En qué momento se pudiera romper el desamor, el desencuentro entre los mundos a los que pertenecen?, se preguntó, quizá cuando haya comprensión, respeto y consideración, cuando la calidez humana venza el egoísmo.

El teatrista Luis Martín toma las palabras del autor para advertir las razones del fracaso de ese amor: “Después de la satisfacción de los deseos, no sabemos preservar el amor y se nos va, cuando debería ser lo contrario, el amor debe sobrevivir”.

“Cuando empecé a escribir El deseo –señala Rascón Banda– lo primero que pensé fue en la posibilidad del amor entre el primer o el tercer mundo, pero luego vi que no, es la venganza del tercer mundo. Es terrible decirlo porque yo no quisiera que fuera así.

“Se que el amor existe, cuando esta obra termina de representarse y veo al público deprimido, les digo, oigan no, el amor si existe, no me hagan caso, este final es así porque así soy yo”.

Para Luis Martín El deseo es teatro de ideas, teatro de madurez que apela a la participación intelectual del espectador y al que arriba su autor con casi tres décadas de excelentes aportaciones a la dramaturgia nacional.

“La precisión y el minimalismo del lenguaje hacen que el espectador quede seducido virtualmente por la historia, a la vez que disfruta la pasional atmósfera que exudan los personajes, sin poder ignorar el macrocosmos de la historia: las agudas connotaciones políticas y económicas siempre presentes en la acción dramática”.

Ahora, el ejemplar número 9 de la colección Dramas de la Facultad de Artes Escénicas de la UANL permitirá la circulación de El deseo, porque “las obras no pueden permanecer en el escritorio del autor y en el escenario es un estímulo que desaparece”.

Rascón Banda felicitó a la Universidad Autónoma de Nuevo León por esta serie editorial porque el teatro siempre ha sido un arte separado y expulsado de la literatura.

Con la publicación el dramaturgo consolida una presencia que ha sido latente en Monterrey. De ello dan cuenta las representaciones por la Universidad Veracruzana de obras como Cierren las puertas y Máscara contra cabellera, en las muestras nacionales de teatro, además de su cercanía con sus creadores, actores, dramaturgos y recientemente, con la creación del mejor dotado premio nacional de dramaturgia en el país que lleva su nombre, “yo no sé cómo voy a pagar esta factura”, dice.

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