En la Casa de España nace el México cosmopolita

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23 de mayo de 2009

Javier Garciadiego

Dirigida por el Regiomontano Universal la Casa de España fue una institución nacida por un pacto de generosidad y, con aspiraciones limitadas y temporales, terminó por convertirse en riguroso centro de docencia e investigación en México.

Estas y otras singularidades acontecidas en aquella institución, bajo la dirección de Alfonso Reyes, fueron parte de la Cátedra Raúl Rangel Frías presentada por el historiador y presidente del Colegio de México (Colmex), Javier Garciadiego.

La conferencia, organizada por el Centro de Estudios Humanísticos dirigido por el maestro Alfonso Rangel Guerra, se celebró en la Sala Francisco Zertuche del Colegio Civil Centro Cultural Universitario.

El origen de la Casa allá por 1936, explicó el historiador, fue un mentís para quienes veían en el entonces presidente Lázaro Cárdenas a un político indigenista e hispanófobo, sino a un estadista congruente con su visión de país.

La perspectiva cardenista dio un doble origen a la naciente institución: como ejemplo de diplomacia humanitaria y como proyecto utilitario en materia educativa. Iniciativa planteada por el economista y director del Fondo de Cultura Económica, Daniel Cosío Villegas.

Éste elaboró la lista de intelectuales españoles seleccionados, aspecto laborioso pues algunos académicos invitados desde el primer listado jamás vinieron. Finalmente conformaron la lista once hombres y una mujer. “Los doce apóstoles.”

José Gaos y Enrique Díez-Canedo fueron los primeros en llegar, después el crítico de arte Juan de la Encina, el psiquiatra Gonzalo R. Lafora, el folclorista Jesús Bal y Gay, el médico Isaac Costero, el bibliógrafo Agustín Millares Carlo, el musicólogo Adolfo Salazar y la filósofa María Zambrano.

Además se integrarían tres intelectuales españoles radicados en México: el poeta León Felipe, el crítico e historiador de arte José Moreno Villa y el jurista Luis Recaséns Siches.

Meses después se nombró como presidente de la casa a Alfonso Reyes, entonces comisionado en Brasil. Este movimiento, piensa el director del Colmex, era obvio pues el Gobierno quería tener al frente a alguien dedicado exclusivamente a ella.

“La designación no podía ser más atinada pues Reyes conocía personalmente y era amigo de casi todos los intelectuales españoles integrados a la naciente institución. Para 1939 Reyes era uno de los mayores intelectuales mexicanos, y sin duda el más conocido en el extranjero.”.

“En lo relativo a la academia su designación estaba aún más justificada, pues la cultura de Reyes trascendía las estrecheces y los recelos nacionalistas del México posrevolucionario.”.

Pero la Casa debió enfrentar varios problemas graves: la falta de vinculación con la academia mexicana, la falta de instalaciones propias y las dificultades de asignación y entrega de presupuesto.

La derrota republicana, a principios de 1939, hizo de la invitación selectiva una urgente respuesta a una forzada y cuantiosa emigración. A fines de ese año la Casa tenía ya veinte miembros. Tres meses después ya eran casi cuarenta.

También Reyes debió dedicar buena parte de su tiempo a la defensa de la Casa contra varios ataques incluso “infamias” de algunos intelectuales mexicanos. La Casa de España redefinió su naturaleza, estructura y objetivo.

Según el presidente del Colmex, los intelectuales mexicanos Salvador Novo y Alfonso Caso (caciquista, dice Garciadiego) pecaron de recelo contra la Casa. Caso habría presentado, por ejemplo, una iniciativa, después ley, para prohibir las investigaciones arqueológicas a extranjeros. Casi un año duró el proceso de cambio hasta quedar constituido, entre septiembre y octubre de 1940, el Colegio de México, espacio con propósitos educativos propios.

Su impacto fue “profundo” pues, según Garciadiego, gracias a ella mejoraron la ciencia, la cultura y la educación superior mexicanas, haciéndolas más modernas y dándoles mayores fundamentos y raíces.

“Los españoles introdujeron a los principales intelectuales mundiales de la época, permitieron adentrarnos con las autores clásicos de varias disciplinas, profesionalizaron disciplinas humanísticas.”

Gracias a ellos la cultura mexicana se hizo más cosmopolita. A la Casa de España se le recordará por sus motivos humanitarios y por sus frutos intelectuales.

Así, además de traer el pensamiento europeo, concluye el director del Colmex, la Casa de España dejó tres lecciones: “La calidad de la educación depende de lo atinado e imaginativo de su proyecto fundacional, no depende ni de tamaño ni de presupuesto y, juntas, inteligencia, disciplina y vocación, son capaces de vencer los peores obstáculos.”

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