Vicente Rojo: “La Ruptura, fundamento del arte actual”

De WikiNoticias UANL

23 de mayo de 2006

Las galerías de la Biblioteca Universitaria “Raúl Rangel Frías” fueron el escenario de esta muestra, dentro del Festival Alfonsino 2006 de la UANL, para la cual se elaboró un catálogo y una producción audiovisual.

El artista catalán arraigado a México desde 1949, perteneciente a la generación de creadores que rompió con la estética de la Escuela Mexicana de Pintura de contenido nacionalista, y propició condiciones de libertad creativa; presenta en Monterrey, por primera ocasión, una magna exposición retrospectiva: “Vicente Rojo. Dos estaciones”, conformada por las series “Cuaderno de viajes”, con originales sobre papel, y “Volcanes construidos”, con pintura y escultura.

Las galerías de la Biblioteca Universitaria “Raúl Rangel Frías” fueron el escenario de esta muestra, dentro del Festival Alfonsino 2006 de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), para la cual se elaboró un catálogo y una producción audiovisual.

ROJO ES RIGUROSO COMO UN GEÓMETRA Y SENSIBLE COMO UN POETA: OCTAVIO PAZ

El estudio parece navegar. Por el ventanal no se adivina ninguna forma precisa. La luz del sol golpea los cristales; ilumina las copas negras de los árboles. En el interior de una habitación blanca y amplia, olorosa a pintura y madera, una luz distinta irradia la obra de Vicente Rojo.

Mi definición del arte es, básicamente, tratar de entender qué es la pintura. Yo no tengo una definición muy clara. Yo lo trato de definir en la medida que hago mi trabajo. Si yo tuviera una definición precisa y completa de lo qué es el arte seguramente no lo haría, me daría por satisfecho. Mi definición del arte se dá a través de mi obra. Esa es mi definición: mi trabajo.

LA PINTURA: LA VIDA

La luz de la libertad ilumina al pintor Vicente Rojo quien, sentado en el banquillo, en el interior de su estudio, en Coyoacán, abandona la intimidad intensa y secreta del oficio creador, para compartir cómo la biografía define la vocación del hombre y el destino de una obra.

Evidentemente que la biografía está muy ligada a la actividad. Un artista –por lo menos yo si me puedo llamar así– trabaja solo, en la soledad, pero, en mi caso, siempre estoy acompañado, siempre estoy viviendo todo lo que está a mi alrededor, enriqueciéndome de todo. En el arte sí hay una línea personal, yo diría que íntima, pero completada con esa relación con el mundo exterior y con las personas que lo habitan y que están muy cercana al artista.

EL PROCESO CREATIVO

Es bella palabra inspiración, pero la inspiración tiene que estar compartida con ciertos sentimientos, asentada en la tierra. A mí lo que me gusta es tener los pies bien puestos en la tierra para poder volar, sino no me enteraría que estoy desarrollando algo. A partir de ahí, yo trabajo con elementos muy sencillos, geométricos básicos: el cuadrado, el círculo, el triángulo, el cubo, la esfera, el cono, la pirámide; formas de uso cotidiano, cercanas a nosotros, formas que a mí me ayudan a crear mi trabajo y con la intención –casi siempre fallida– de enriquecerlas.

El arte es reflejo de la realidad y respuesta de la creatividad del artista. La exposición “Vicente Rojo. Dos estaciones”, presentada en las galerías de la Biblioteca Universitaria “Raúl Rangel Frías” de la UANL, con las series de originales sobre papel denominada “Cuaderno de viaje”, y el conjunto de pinturas y esculturas “Volcanes construidos”, es un acontecimiento memorable al respecto por su magnitud de piezas.

“Cuaderno de viaje” está confirmada por obras que están hechas fuera de mi estudio, en la ciudad de México; algunas están hechas durante muchos viajes a Madrid, París, Barcelona, Puerto Vallarta... esa es la idea: en el viaje algo sucede, algo diferente, una visión diferente a la que uno normalmente tiene.

“Cuaderno de viaje” es un viaje de más de 40 años de trabajo, es un resumen de ese viaje que he venido realizando. Hay obras que tienen un valor en sí mismo, y otras son ideas que se han materializado en un cuadro o una escultura, es decir, son un trabajo paralelo, realizado como una variación que un viaje puede dar.

“Volcanes construidos”, por su parte, es trabajo reciente pero a partir de muchos apuntes que pueden advertirse en “Cuaderno de viaje”, donde están los primeros volcanes que luego se volvieron una serie muy concreta, precisamente la serie presentada en la exposición.

A lo largo de medio siglo de trayectoria artística, Vicente Rojo reconoce una evolución en su trabajo, evolución entendida como constancia y continuidad.

Hay una continuidad [en su trayectoria]. En mi caso hay un desarrollo muy meditado, muy pensado, que he ido resolviendo a base de series que me han llevado cinco a diez años. Es muy normal en un pintor trabajar temas repetidos, pero en mi caso han sido series muy cerradas, con estructuras muy claras.

La primera fue a base de triángulos, círculos y cuadrados; la segunda, a base de una línea recta vertical y una línea recta horizontal: la letra T; otra serie la trabajé como “Cuadernos escolares”: mis recuerdos de infancia. Luego hice “México bajo la lluvia” y, a partir de los años noventa, “Escenarios”, compuesta por varias mini series, cuyas notas se advierten en “Cuaderno de viaje”. La última serie que he estado haciendo es precisamente “Volcanes construidos”.

LA OBRA Y EL ESPECTADOR

Es muy curioso. A mí lo que realmente me gusta de mi obra es el proceso de realización de la misma. Desde una pequeña idea, un pequeño apunte, hasta el momento en que la culmino. Sin embargo, a partir de ahí, comienza una segunda vida para la obra que, para mí, tiene la curiosidad de ver cómo se refleja en otros lados, cómo se ve, cómo se conoce, qué interés pueden ver en ella. Pero me resulta muy difícil pensar en el espectador. Yo soy muy buen espectador de pintura; me puedo emocionar extraordinariamente con una obra de arte, que me puede cambiar en mi interior, sugiriéndome cosas nuevas, sobre todo en el conocimiento de mi mismo; suponer que esa misma sensación pueda tener un espectador de mi obra, se me hace muy difícil.

La obra de Vicente Rojo carece de retórica. Es llana y exacta. Geometrías con lógica autónoma que surgen desde el apunte que se vuelve original en papel y puede trasladarse al volumen de una escultura.

El papel tiene, para mí, un encanto especial: es una obra directa, meno elaborada como una pintura o la maqueta de una escultura. El papel es mucho más libre, más suelto, además de que me gusta mucho la textura y el grueso del papel. En cuanto a escultura, yo había hecho estudios muy malos, pero cuando estaba haciendo la serie “México bajo la lluvia”, me di cuenta de que los cuadros tenían un relieve que me sugería volumen. A partir de esa serie empecé a realizar obras en cerámica, metal; eso me dio pie para seguir creciendo, bueno, me imagino.

GEOMETRÍA Y RUPTURA

Lo que se conocía como Escuela Mexicana de Pintura estaba en cierta decadencia, lo que no le quita, de ninguna manera, la extraordinaria importancia y calidad a la obra que hicieron los muralistas y los pintores que quedaron un poco ocultos por los grandes; sobre todo en caballete a mi me parece extraordinario Siqueiros, que tenía la frase esa “No hay más ruta que la nuestra”.

Al conjunto de lo que se llamó Generación de La Ruptura –que a mí me gusta más llamar Generación de La Apertura– esa frase nos parecía totalmente inadecuada, incorrecta, dictatorial; lo que había que hacer era lo contrario: abrir muchas rutas, muchas puertas, muchas ventanas, muchos caminos. Ese fue el propósito. Nosotros teníamos muchos puntos de donde sostenernos, porque la Ruptura con la Esculea Mexicana más nacionalista comenzó sin dejar de tener un carácter mexicano y nacional. Tamayo y Mérida, así como Pedro Coronel, Juan Soriano y Matias Goeritz, quienes eran mayores que nosotros hasta diez o doce años, eran una referencia al respecto.

Por otra parte a lo que se le conoce como generación de La Ruptura nunca generó un manifiesto, un documento; era un grupo de artistas, que nos conocíamos, que éramos amigos, con dos tendencias. Había una intención de crear una pintura abstracta, pero al mismo tiempo había una manera de renovar la figuración con Cuevas, Gironella, Echeverría; los cuatros que tratamos de desarrollarnos en una abstracción: Felguérez, Lilia Carrillo, Juan García Ponce y yo mismo. Lo que quiero decir es que había una riqueza de imágenes, y evitar eso de “no hay más ruta que la nuestra”.

Las estructuras geométricas de las obras de Vicente Rojo, la reivindicación de la forma y el color, fueron muy útiles para dinamitar el nacionalismo temático predominante hasta mediados en siglo XX, y abrir nuevas posibilidades estéticas, y de libertad creativa. Es la Ruptura histórica que se extiende hasta el arte actual mexicano.

La Ruptura derivó en una actitud de trabajar en libertad, como se puede ver ahora con la enorme cantidad de artistas que desarrollan su trabajo con enorme conciencia y enorme personalidad, y esa libertad. La Ruptura derivó en eso. Quizá los artistas actuales no conozcan, no consideren que la manera que ellos tienen de trabajar la haya sugerido y propuesto la generación de Ruptura, pero la idea que yo tengo es que así es.

“MÉXICO EN LA CULTURA”

La creación artística de Vicente Rojo está íntimamente ligada al trabajo editorial, de diseño de revistas y libros, un trabajo inaugurado con su ingreso al suplemento de Novedades, “México en la Cultura”, y después “La Cultura en México”, de Siempre, ambos fundados por Fernando Benítez.

Yo empecé a trabajar en el suplemento “México en la Cultura” como aprendiz y asistente de Miguel Prieto, diseñador artístico. Con las extraordinarias enseñanzas que recibí toda la vida de Fernando Benítez, que era el director, ahí aprendí a diseñar y a leer y a conocer muchísimos aspectos de la cultura. Ahí, recién llegado al país, me enamoré de México, en un enamoramiento que llega hasta la fecha.

BARCELONA Y EL EXILIO ESPAÑOL EN MÉXICO

Nacido en Barcelona en 1932, Vicente Rojo vivió un entorno de dolor y muerte durante su infancia. La realidad de la guerra le comprometió de manera muy particular.

Desde los cuatro años [aparecen sus primeras muestras de interés por las artes], pero nunca supe por qué, dado que en casa no había elementos culturales o artísticos en los que pudiera apoyarme. Desde los cuatro años me gustaba dibujar, sin que me gustara mucho lo que surgía; en realidad tarde treinta años en hacer algo que me convenciera.

Pero no sé si la palabra adecuada sea dura. La mía fue una infancia muy dura. Mi padre había salido refugiado en 1939, al acabar la guerra; mi familia quedó muy desprotegida y muy marcada, no sólo por el apellido, que ya es suficiente –porque los rojos eran los enemigos del franquismo, evidentemente–; fueron diez años de posguerra, más los tres de la guerra, muy difíciles para mi familia.

Emigró a México en 1949 con una herencia cargada de principios de justicia y gratitud, imaginación y sensibilidad. Todo está guardado en la memoria.

Mi padre había marchado a Francia, refugiado, y se vino a México en 1939, y poco a poco, a partir de 1947, pudo traerse a la familia. En 1949 llegamos mi madre y yo. Aquí se reconstruyó la familia.

Vicente Rojo escucha la voz de su memoria sin mirar al pasado. Avanzar es una prioridad impuesta. Eso lo ha hecho indispensable en la cultura de México. Eso le ha permitido una vigencia y una sensibilidad propia de los grandes clásicos del arte.

Bueno, yo estoy satisfecho de haber nacido dos veces, cosa que no todo el mundo puede. Nací en Barcelona, en 1932, y nací cuando llegué a México, en 1949. Eso sí me produce una enorme satisfacción. Después, posiblemente, he ido naciendo varias veces más, pero ya es un exceso. Aquí he tenido una enorme posibilidad de desarrollo; he trabajado extraordinariamente bien acompañado, con amigos que me han durado, o que me duran, más de cincuenta años.

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