Va a Japón al diseño de nanomáquinas

De WikiNoticias UANL

15 de agosto de 2005

Alejandro Luna Maldonado, profesor de la Facultad de Agronomía, iría a cursar su doctorado a Japón.

El maestro de la Facultad de Agronomía Alejandro Isabel Luna Maldonado era entonces el único universitario, del grupo de 172 estudiantes que partieron en el semestre agosto-diciembre de 2005 a realizar estudios en el extranjero, que se encontraba en Japón.

Estudiar el doctorado en un área de gran impacto como la nanotecnología en un país asiático representaba para él más que enfrentarse, adaptarse de manera independiente a una forma de vida muy distinta.

“Hay un choque de culturas –reconoce–, como el hecho de quitarse los zapatos dentro de los hospitales y usar sandalias o emplear los típicos palillos para comer”.

Pero lo que dejaba al visitante impresionado era el orden que prevalece dentro de la sociedad y el esmerado cuidado que se tiene en relación con el medio ambiente a raíz de su trágica experiencia en la segunda guerra mundial.

“Es producto de los años que vivieron las ciudades de Hiroshima y Nagasaki envueltas en la radioactividad”, dijo.

Luna Maldonado llegó en tiempos en que el país del llamado Sol Naciente estaba envuelto en la conmemoración del aniversario 60 de los ataques atómicos que sufrió por parte de Estados Unidos.

El profesor universitario conoció las dos ciudades arrasadas por los bombardeos atómicos de agosto de 1945 durante su anterior estancia a través del programa de la Agencia de Cooperación Internacional de Japón que le permitió en 1996 tomar un curso de especialidad en diseño de máquinas y en automatización de máquinas.

“En los viajes de estudio se incluye la visita a Hiroshima y Nagasaki a fin de sensibilizarnos respecto a las catástrofes que pueden ocasionar los conflictos bélicos”, señaló.

Pero también es posible observar la manera cómo la nación resurgió de las cenizas, pues durante las visitas a empresas que tienen como fin conocer su número de empleados, desarrollo y expectativas, algunas, después de la guerra, como una limpiadora de papas, iniciaron solamente con un tanque de oxígeno y un motor.

Nueve años después regresó a Japón con el fin de realizar sus estudios de doctorado. Para ello revisó las universidades consideradas en el Programa para el Mejoramiento del Profesorado (PROMEP).

“Yo buscaba una con aplicaciones en agricultura, la más importante es Hokkaido; sin embargo, no estaba considerada en el PROMEP, tuve que buscar otra relacionada con mi área de interés”.

Esta es la Tohoku University localizada en la parte noreste de la isla Honshu, en la ciudad de Sendai, en la prefectura de Miyagi, fundada en 1907, hasta entonces era considerada como una de las mejor ubicadas dentro de la lista de las mejores universidades de la región de Asia-Pacífico.

“Ir a un curso de especialidad es muy diferente a ir a uno de maestría y doctorado, porque antes yo vivía en un Centro Internacional donde teníamos alojamiento, comida, canchas deportivas, gimnasio, ahora no, todo lo debo buscar por mi cuenta”.

Recordó que aunque el curso de especialización lo recibió en inglés, aprendió algo de japonés en un curso introductorio que le permitió comunicarse en términos básicos fuera del Centro Internacional donde pocos japoneses hablaban la lengua extranjera.

“No puedo decir que lo domino, porque dominarlo representa más tiempo, ellos tienen los tipos de escritura kanji, hiragana, katakana, un extranjero debe dominar 500 kanjis que son los básicos para poder leer.

“Cuando te enseñan con escritura romanji, que es la romanización o una interpretación de la pronunciación japonesa con caracteres romanos o latinos, es más fácil aprenderlo y comunicarse, pero la escritura implica más tiempo”.

Afirmó que a los nipones les agrada que los extranjeros se adapten a sus costumbres y conozcan su cultura, por eso les ayudan a lograrlo.

Como participante del Programa de Cooperación Internacional Luna Maldonado era considerado en Japón como un embajador, de manera que debía manejarse y comportarse a la altura de uno.

“Representas a tu país y ellos te están observando”, dice.

Pero como cualquier estudiante debía andar en la tarea de encontrar casas de renta, a lo que se sumó la necesidad de equiparse con lavadora, plancha, “porque voy a vivir totalmente independiente”.

El programa al que fue era de tres años, pero PROMEP le pidió cuatro a fin de tener derecho a solicitar extensión.

La aplicación de la especialidad del diseño de nanomáquinas en la agronomía, explicó Luna Maldonado, estaba dentro de la tendencia de eficientar los sistemas.

“Antes se regaba mediante canales o melgas, el riego por superficie, después cambió a aspersión, luego a micro-aspersión, luego a goteo hasta reducirse a nano.

“Se habla de reducir el metro, uno por diez a la menos nueve, haces las cosas a una nanoescala, si antes teníamos una bomba muy grande, ahora una nanobomba que nos permitirá aplicaciones en agricultura, biomedicina, biología o buscar películas que puedas aplicar en la conservación de alimentos”.

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