Una muy contemporánea reflexión sobre la soledad

De WikiNoticias UANL

1 de junio de 2007

La última cinta de Krapp de Samuel Beckett, en el marco del Festival Alfonsino 2007.

Una luz cenital alumbra una silla, un viejo escritorio y un archivero, provocando fuertes sombras que dejan en penumbra el resto. Así lució el escenario del Aula Magna del Colegio Civil Centro Cultural Universitario al recibir la puesta en escena La última cinta de Krapp de Samuel Beckett, en el marco del Festival Alfonsino 2007.

Bajo la dirección de Eduardo Ruiz Saviñón, la obra, cuya versión al español fue realizada por Gerardo Villegas, fue presentada en Monterrey a tan sólo seis días de su estreno en el Foro La Gruta del Teatro Helénico, en México, D. F., formando parte del proyecto multidisciplinario Samuel Beckett Centenario.

La historia narra un momento de la vida de Krapp, un escritor decadente, interpretado por Guillermo Henry, quien se muestra en la completa soledad recordando los episodios de su vida que grababa en cintas magnéticas. Así, comienza a escuchar la grabación de su cumpleaños número treinta y nueve, donde relata un momento trascendental en su vida, el recuerdo de una relación amorosa frustrada. Los mismos hábitos, sumidos en esa penumbra que lo hace sentir “menos solo”, la misma habitación, con muebles y ropa vieja raída por los años, los mismos años que han raído su propia existencia. Krapp escucha una y otra vez la gastada cinta, excusándose inútilmente por haber dejado pasar ese momento.

Después se prepara para grabar su siguiente cinta, tal vez la última, en la que las palabras solamente denotan el vacío de su deprimente realidad, alejado de todo contacto humano, con la única compañía que le dan las cajas llenas de cintas que dejan la huella de su existencia.

La puesta en escena, ambientada con luces y sombras y aderezada con la música industrial–sonórica a cargo de Antonio Russek, logra introducir al espectador en esa realidad de soledad y decadencia, de ensimismamiento, de depresión. Durante el desarrollo de la obra es posible sentir la miseria y hastío en que se encuentra el viejo escritor, reconociendo un poco esos sentimientos dentro de nosotros mismos.

¿Acaso no hemos dejado pasar también momentos de felicidad, tomando las decisiones equivocadas que pudieron haber cambiado nuestras vidas? Krapp se pasa los años escuchando las remembranzas de una vida que parece cada vez más desgraciada. Pasa su existencia recordando el que pudo haber sido el momento más feliz, cada vez más lejano, grabado en una cinta magnética, encerrado en ese lugar atemporal, en su propia soledad, “quizá mis mejores años han pasado. Cuando existía alguna posibilidad de ser feliz”.

Herramientas personales