Treinta años en la danza contemporánea

De WikiNoticias UANL

6 de junio de 2007

En una ceremonia celebrada en el Aula Magna, la coreógrafa y bailarina Dolores Bernal recibe homenaje por treinta años de dedicación a la danza contemporánea.


Treinta años de carrera artística se dicen fácil, pero en la práctica resultan en un cúmulo de experiencias y desafíos constantes. Esto lo sabe muy bien la bailarina Dolores Bernal, quien tras diez años lejos de Monterrey regresa a su ciudad natal dentro del espectáculo coreográfico “Viajante corazón de sol”, presentado en el Aula Magna, siendo recibida por la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) con un caluroso homenaje.

Gracias a este proyecto, basado en la vida y obra del poeta Ramón López Velarde y dirigido por Jaime Blanc, Bernal regresa a los escenarios tras quince años dedicados únicamente a la enseñanza. Ahí da vida a un personaje protagónico, no tan dancístico, sino de mucha interpretación, según palabras de la artista: “Fue un proyecto muy difícil”, dijo, “Yo no pensaba volver a bailar, me dedicaba a dirigir y a dar clases, pero el maestro Jaime Blanc me invitó. Yo me resistí un poco, pero me puse a entrenar, salió el personaje, ha gustado mucho. Ha sido una obra muy exitosa en lo poco que lleva estrenada y es un nuevo reto, es danza-teatro, lo que yo nunca había hecho en mi vida y es como abrir una nueva brecha en mi carrera.”

Al concluir con el espectáculo, la intérprete fue sorprendida con un video que resumía su trayectoria artística, el cual sólo era el preludio al homenaje. “Me impacté al verlo”, añadió, “porque no sabía que tenían ese material en Monterrey. Pensé que iba a ser algo institucional y todas esas fotos no sé de dónde las sacaron, esos videos antiquísimos tampoco sé de dónde los sacaron, fue una muy grata sorpresa.”

Entre los asistentes al evento se encontraban los ex integrantes del grupo Pretzel, la primera compañía formada por Dolores Bernal, quienes subieron al escenario para entregarle una placa conmemorativa de manos de Rocío Bernal “Treinta años en la danza se dicen rápido, en tres minutos, se viven como un minuto, pero solo se ven en una historia. Un aplauso para Lola”, expresó.

Jaime Blanc también dedicó unas palabras a la homenajeada, haciendo referencia a la amistad que mantiene desde hace algunos años con ella “Hemos tenido una relación bastante profunda alrededor de expresiones sobre el trabajo dancístico y compartimos un amor tan profundo como la amistad que tenemos, que es el amor a la danza. El amor a la danza se vive o no se vive y en el caso de Lola es un placer compartir esta pasión”, celebró.

Luego tocó el turno al Lic. Rogelio Villarreal Elizondo, entonces secretario de Extensión y Cultura de la UANL, quien en representación del entonces Rector José Antonio González Treviño, entregó el reconocimiento. “El trabajo de Lola en la danza contemporánea ha sido incansable estos treinta años, pero Lola siempre ha formado gente y se ha formado, Lola no deja de aprender, es incansable. Se habla de su disciplina, todo eso que caracteriza a Dolores Bernal en la búsqueda de la perfección de las cosas”, afirmó el también director del Colegio Civil Centro Cultural Universitario.

“Me siento honrada porque no me lo esperaba así, de esta magnitud. Por otro lado, la universidad siempre ha sido para mí muy importante porque fueron mis inicios como alumna, como bailarina y como maestra; finalmente me formé como maestra aquí. El primer grupo de danza contemporánea estable que hubo en Monterrey surgió de la universidad, permaneció cerca de nueve años y siempre recibí su apoyo”, comentó al respecto la bailarina, quien inició en 1975 estudios de danza clásica y en 1976, de contemporánea, en la máxima casa de estudios.

Para Dolores Bernal el apoyo que el secretario de Extensión y Cultura le ofreció a lo largo de su trayectoria artística fue fundamental. “Rogelio Villarreal siempre creyó en mí”, agregó Bernal, “siempre me apoyó y las producciones caras, que la universidad no tenía recursos, él me las conseguía. Siempre voy a estar eternamente agradecida, yo era muy joven y no tenía mucha experiencia como maestra, entonces ellos me abrieron las puertas, me dijeron “tienes estos grupos” y de esos grupos a la vez resultaron bailarines, ya son maestros ahora, ya son directores y fueron alguna vez mis alumnos. Eso me llena de orgullo, me siento muy contenta, muy feliz de regresar a Monterrey, después de muchos años de estar lejos”.

Sobre el significado de la danza, señaló: “Todo, mi oficio, mi vida, yo no me concibo en otro lugar, en otra sintonía, no me concibo con otras sensaciones. Yo nací para esto y he tratado de hacer otras cosas y no he podido, sigo en esto. Treinta años de bailar y ser maestra son muchos, más de la mitad de mi vida; la danza para mi es todo, no conozco otra cosa que me permita vivir de eso y vivir para eso”.

En torno a la definición de su carrera, Bernal comentó: “Ha sido con muchos altibajos, es una carrera muy difícil, es ingrata hasta cierto punto. El cuerpo no te permite mucho tiempo trabajar en esto, entonces hay que aprovechar al máximo, pero he sido muy constante, he sido muy disciplinada. Es el único modo de llegar a ser bailarín y de llegar a ser maestro, la disciplina todos los días de tu vida, el entrenamiento diario, toda esa idea de hacer parte de tu esencia, desde que te despiertas hasta que te duermes o un poquito más, porque duermes soñando qué vas a montar, qué obra vas a crear y la defino así, mi vida no la concibo sin esta parte artística”.

Respecto al grupo Pretzel, Bernal apuntó: “Eran muy disciplinados porque trabajábamos mucho, fue gente muy fiel conmigo, me enseñaron muchas cosas, me apoyaron mucho, yo los hacía trabajar sábados, domingos, no tenían vacaciones, era un grupo absolutamente profesional. Recuerdo de ellos una postura ante la danza, muy abiertos a saber de qué modo aprendían de mí la seducción de la danza, enamorarse de la danza y lo logré, finalmente de este grupo ya algunos son maestros y tienen sus propios grupos, entonces Pretzel para mí significa el motivo por el cual sigo aquí”.

De su trayectoria, la bailarina y coreógrafa mencionó que la propia agrupación Pretzel. “Esa compañía marcó mi vida, mi trayectoria artística, como maestra sobre todo”, expresó. “Otra de las cosas representantes han sido que he tomado clases con muchísimos maestros, de todos aprendí mucho, entonces ha sido una forma de que yo vea la danza como algo único y representa eso justamente. Yo creo que Pretzel, mis miles de alumnos que tuve, sé que algo quedó en ellos, que en algún momento de su vida les va a funcionar. Verlos ahora ya casados, con hijos, algunos bailarines, otros decidieron hacer otra cosa, pero siguen considerándome como alguien que les dio algo importante para su vida, eso para mí marca todo.”

En la actualidad, señala: “Es una mujer madura, pero sigo teniendo la sensibilidad que tuve de algún modo cuando tenía veinte años. La sensibilidad no cambia, va madurando, se va haciendo de otro color, pero si son cosas que me hacen crecer mucho. Ahora vengo de otro modo como maestra, con una idea de producir mucho más concreto. Antes era un poco visceral, era muy espontánea; ahora soy más mesurada, cuido mucho a los bailarines, es lo más importante para mí. Los bailarines tienen que estar muy protegidos, se les da un buen trato, se les enseña de un modo que ellos aprendan a amar lo que están haciendo, eso es más que nada mi objetivo ahorita”.

“Lola”, como le dicen sus amigos, confesó regresar a Monterrey con un nuevo proyecto entre manos, el cual piensa realizar dentro de su alma máter. “Todo el background que yo aprendí diez años fuera de mi tierra, vengo a ofrecerlo. Todo lo que estudié, lo que conocí, vengo a dejarlo a mi ciudad, finalmente yo lloraba por volver”.

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