Traer consigo sonoridades milenarias

De WikiNoticias UANL

24 de octubre de 2008

El grupo Tribu y el colectivo de expresión espontánea Impromuzak mezclan los instrumentos tradicionales o antiguos con instrumentos modernos.

De la música no queda registro, pero los instrumentos perviven. La música prehispánica parece haberse perdido en el mar del tiempo irremediablemente, pero los instrumentos que los pueblos precortesianos utilizaron en sus danzas y ritos siguen fascinando a investigadores y músicos por igual.

El grupo Tribu, que entonces se encontraba cumpliendo 35 años de existencia, es precisamente una agrupación que engloba la investigación, el rescate, la construcción y la interpretación de instrumentos prehispánicos.

De esta manera teponaztlis, conchas, flautas, huehuetl y sonajas vuelven a traer consigo sus sonoridades milenarias, mientras se mezclan con baterías, bajos y guitarras en un ensamble que se nutre tanto de lo ambiental como de lo sonoro.

Tribu estuvo presente en el Aula Magna de Colegio Civil Centro Cultural Universitario, presentando la música con la que han alcanzado presencia en otros países del mundo, así como con creadores como Toshi Tsuchitori y Jean Michel Jarre.

“No conocemos aquella música, componemos música nueva, con los instrumentos antiguos y también hacemos un trabajo de fusión, mezclando los instrumentos tradicionales o antiguos con instrumentos modernos”, indicó Agustín Pimentel en entrevista.

El líder del grupo también explicó que en sus inicios buscaban hacer un rock mexicano pero que esa búsqueda de los elementos autóctonos los llevó a los instrumentos prehispánicos.

Hasta octubre de 2008 Tribu se componía de 12 personas, entre esposas e hijos de los diferentes integrantes, formando una gran familia. Integraban su presentación con una mezcla de música y danza.

“Los instrumentos antiguos nos reflejan el medio en que fueron hechos: sonidos de aves, de animales diversos, de la naturaleza. Hay quien lo ha estudiado, musicólogos y muchas veces han encontrado qué animales producen esos sonidos. Lo que sí es que cuando los oímos de alguna manera oímos sonidos del pasado”, explicó Pimentel.

David Méndez, otro integrante del grupo, indicó que ellos abordaron un aspecto de la música que nadie tocaba y que ha logrado influencia en otros intérpretes y músicos.

“A nosotros nos motivó mucho poder tocarlos porque queríamos difundirlos, que la gente los conozca, que oyera la sonoridad de cada uno”.

Alejandro Méndez, por su parte, explicó que buena parte de su trabajo está encaminado a crear en la gente estados de ánimo, un viaje a través de las sonoridades que se crean.

Tribu actualmente colabora en programas escolares en México y Estados Unidos y participó durante muchos años en un programa del Museo Nacional de Antropología e Historia llamado “Museo vivo”, que consistía en hacer reproducciones de los instrumentos y tocarlos en el museo: “Ves los objetos en la vitrina y no sabes ni qué son, pero cuando los ves funcionando cobra mucho más sentido”, apuntó Pimentel.

Los músicos también explicaron que han promovido la creación de talleres para el desarrollo y la manufactura de estos instrumentos musicales.

“Ofrenda” fue el programa que el colectivo de expresión espontánea Impromuzak presentó el 5 de octubre de 2008; una pieza de nueve movimientos que describió musicalmente los aspectos cosmogónicos del rito de la muerte.

Juan Castañón (guitarra, acordeón y ocarinas), Vladimir Garza (danza), Milo Tamez (batería, percusiones) y Sadot Sosa (contrabajo) fueron los encargados de interpretar una música en la que las expresiones precolombinas y populares se traducen a través de la lente del jazz.

Impromuzak usa las formas musicales de nuestro país, así como los de la música autóctona, que siempre se hace presente en esta clase de festejos. Sin embargo, la improvisación juega un papel importante en la música que quiere proyectar la banda a través de este collage.

Las partes en las que estuvo dividido el programa fueron “Nacimiento”, “La danza de la muerte”, “Consciencia”, “Simuna (popular)”, “Vivos y difuntos”, “Trancisión”, “Plegaria”, “Pieza fúnebre (tradicional)” y “Son del angelito (tradicional)”.

La agrupación es un núcleo estable de músicos interesados en la música del mundo y sus diferentes culturas. Sin embargo, su enfoque es a través de formas abiertas de interpretación y revalorización.

De esta manera el teponaztli, el berimbau, las flautas mixtecas y ocarinas se integran a su exploración sonora como base, a la cual se integran elementos modernos como los procesadores de efectos, objetos ajenos a los instrumentos de percusión tradicionales y el uso de sonido sintético por parte de computadoras.

Sin embargo, el colectivo ha manifestado su intención de integrar colaboraciones de otras disciplinas artísticas, por lo cual irán integrando más músicos, bailarines, poetas y artistas visuales.


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