Son vehementes creyentes de la biodiversidad musical

De WikiNoticias UANL

27 de julio de 2005

Tríptico es el nombre adoptado por los músicos michoacanos Omar Landa y Fernando Mendoza, y Ultrasonoro el de su show donde, acompañados por una computadora, fusionan ritmos tradicionales regionales y latinos con sonidos y atmósferas contemporáneas.

Sus baterías poseen un aspecto caóticamente monumental por el intrincado conglomerado de espolones, trípodes, llaves, pedales, mazas, tirantes, varillas y parches de sus cinco tambores, un toms de aire, dos tarolas, dos bombos, diferentes percusiones metálicas y un set de más de treinta platillos.

Sus instrumentos son la vida misma para Omar Landa y Fernando Mendoza, quienes despiertan, desayunan, comen, cenan y duermen con ellos porque están dedicados en cuerpo y alma a desarrollar su proyecto musical contemporáneo.

Tríptico es el nombre adoptado por los músicos michoacanos y Ultrasonoro el de su show donde, acompañados por una computadora, fusionan ritmos tradicionales regionales y latinos con sonidos y atmósferas contemporáneas, concepto que no deja de sorprender al público como ocurrió la noche del 22 de julio de 2005 en el Teatro Universitario.

Landa y Mendoza poseen destacada trayectoria musical, el primero es además compositor, productor y autor; son una especie de músicos rebeldes que rompen con la ortodoxia.

Ustedes tienen estudios en el Conservatorio de Morelia, ¿en qué momento deciden romper con todo?

“Yo desde muy temprano –explica Landa–, desde los seis meses que estuve ahí decidí romper con eso, y Fernando Mendoza también, lo tomamos nada más como unos principios y de ahí partir hacia lo de nosotros”.

¿Por qué nace Tríptico?

Tríptico nace de la necesidad de ver que no estaba pasando nada con la batería o que había muy poca gente haciendo algo con el instrumento, menos aquí en México, de ahí nace la propuesta.

No me quiero poner como un pionero de esto, que jalé el hilo negro, no, había mucha gente en otros lados haciendo cosas y aquí en México también pero no de una manera formal como lo estamos haciendo nosotros, podemos ir y venir a un lado, hacer giras y presentar nuestro concepto; había muchos bateristas que se presentaban con pistas de otros presentando propuestas americanas o francesas y ésta es una propuesta realmente nuestra, lo que nosotros somos.

¿Cuál es el potencial de la batería como instrumento protagonista?

La capacidad del instrumento no tiene límites, es como un piano, el piano es la percusión madre y la batería puede llevarse tanto como un piano quizá, con todas las limitantes físicas, melódicas y armónicas que tiene o que puede tener, pero de que puede salir al frente puede, tan es así que aquí estamos llevándola al frente del escenario.

¿Qué reto plantea su ilimitada capacidad?

El seguir estudiando; es algo que debes estar haciendo todos los días, despiertas, desayunas, comes, cenas y duermes con la batería.

¿Está integrada a sus vidas?

Es la vida, es la vida.

¿La música de dónde emana?

Es compuesta por nosotros y nace de una influencia de la vida misma, de todo lo que escuchas, de todo lo que ves, de la gente que conoces y de lo que sientes, de lo que no sientes también, y de lo que muchas veces vas percibiendo hasta cuando vas en un taxi, vas viendo y lo quieres plasmar en la música.

¿En tu música hay influencias de todo tipo de géneros?

Sí, hasta de Marco Antonio Solís; es de todo lo que oímos, muchas veces como que la gente ve esos géneros musicales peleados con el rollo cultural y yo siento que no, siento que todos los géneros tienen su valor, creo vehementemente en una biodiversidad musical, todos los géneros deben de existir, el rock, la cumbia, la salsa, el jazz y todos debemos convivir con todo, porque a final de cuentas existen los negros, los chinos, los blancos, los mulatos, todo mundo existe y todos tenemos que convivir.

¿Qué buscan generar en el público?

Buscamos producir sensaciones, pero buscamos realmente que la gente que acude a nuestros conciertos no se olvide nunca que nos vio tocar, que se les quede en la memoria sin que sean bateristas, sino público en general.

¿Qué tan difícil es lograr que penetre una propuesta musical diferente en el medio?

Ha sido muy difícil, pero una vez que nos ven tocar se vuelve muy fácil, se vuelve un rollo totalmente familiar y al público le gusta, primero es una reacción de sorpresa, de algo que no se esperaban y luego de un deseo de escuchar más, la gente sale muy contenta y nosotros salimos con las ganas y el ímpetu de dar el mejor show de nuestras vidas.

¿Pero también tienen otras actividades?

Nos dedicamos a la música al cien por ciento, pero hacemos otras cosas relacionadas con la música, lo ideal sería vivir única y exclusivamente de esto, pero vivimos en un país donde no se pueden dar estas circunstancias. En ningún país del mundo puede darse esta circunstancia, ser músico es casi casi el equivalente a ser un deportista extremo, hay muchos deportistas extremo, pero sólo uno o dos realmente destacan y pueden vivir y vivir bien de esto; nosotros no nos podemos quejar, tampoco puedo decir que somos millonarios, ni nada de eso, vivimos muy modestamente, nada más.

Al final de la presentación que Omar dedicó a su hija en su sexto cumpleaños, hizo una invitación: “La gente que quiera ver las baterías, con toda confianza puede pasar”. La interacción con la gente fue tan interesante como el concierto mismo.

¿Terminan agotados?

Sí, cansados pero muy felices.

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