Siqueiros, la mayor experiencia para el desarrollo de su propio concepto plástico

De WikiNoticias UANL

20 de septiembre de 2007

El artista plástico Fernando Flores Sánchez recibió el Premio UANL a las Artes 2007 por su larga y prolífera trayectoria en la producción, difusión y enseñanza de las artes visuales.

En su larga trayectoria, Fernando Flores ha logrado imprimir un estilo propio a sus óleos, grabados, esculturas y collages no obstante la imponente presencia de David Alfaro Siqueiros en una decisiva etapa de su formación artística.

Su carrera está solidamente amparada por más de setenta exposiciones a nivel local, nacional e internacional, además de una basta producción, “he hecho mucha obra, mucha, mucha –enfatiza el artista–, todo eso te motiva a seguir trabajando”.

Su trayectoria dentro de la Universidad inició a los doce años de edad en el legendario Taller de Artes Plásticas cuando cursaba sus estudios secundarios.

“La inclinación yo creo que ya la traía, recuerdo que mi madre se ponía a pintar y ella me enseñaba y la escultura la empecé a elaborar por medio de mi abuelo que siendo campesino hacía escultura en madera”.

En el Taller de Artes Plásticas encontró “un ambiente muy libre, de mucha solidaridad de la cual participábamos alumnos y maestros en algún café en diálogos sobre la pintura impresionista, sobre la pintura mexicana y eso me permitió desarrollar mis criterios y mis conceptos para así fortalecerme e irme a la ciudad de México”.

En su época maestros como Pablo Flores, Armando López, Amado García y Guzmán del Bosque, influyeron en su desarrollo plástico y le ayudaron en ese momento a salir becado por la Universidad en 1966 a la Escuela Nacional de Pintura y Escultura La Esmeralda del INBA.

Fue cuando tuvo la oportunidad de conocer maestros como Benito M. Seguel, el yucateco Fernando Castro Pacheco con los cuales incursionó con un grupo interiorista donde figuraban el artista canadiense Arnold Belkin, el colombiano Leonel Góngora y el mexicano Francisco Icaza.

Comenzó a colaborar con David Alfaro Sequeiros, uno de los exponentes del muralismo mexicano, dentro de la cárcel de Lecumberri donde estaba detenido acusado de disolución social.

“Siqueiros fue una de las partes de mayor experiencia para mi desarrollo, yo tenía 18 años en ese momento, me quedaba con él a trabajar hasta las diez u once de la noche porque todo su equipo para las cinco de la tarde se iba, yo lo veía seguir trabajando. Eso me daba valor para colaborar más y tener más integración personal con él”.

Cuando en 1964 salió de prisión siguió colaborando con él en el mural “La marcha de la humanidad”, inaugurada en 1971, “Patricios y patricidas” y en el Poliforum Cultural Siqueiros.

“Él pasaba por mi en las mañanas, nos íbamos a comer juntos, me llevaba y me recogía del estudio, hubo una solidaridad”.

- ¿Él compartió conceptos de su quehacer artístico?

Si, bastante, sobre todo en el desarrollo de la integración mural y las diferentes técnicas en las que le ayudé a realizar cantidad de obra mural y obra de caballete, eso fue para mí una experiencia muy sólida. Sin embargo, mi pintura no estaba muy relacionada con la de él, yo pintaba como él, pero en el taller, fuera del taller tenía mis propios conceptos y eso hizo desarrollarme.

“El vio que mi dibujo era muy diferente al de los demás porque muchos copiaban su dibujo, su pintura pero entender a Siqueiros no era eso, entender a Siqueiros era entender el concepto para así fortalecer tu criterio que debías presentar en sus presentaciones plásticas”.

Siqueiros consideró que la obra de Flores recordaba en su estructura “el mejor periodo, sino el del maestro Picasso, si de los más grandes discípulos, aunque con aportes evidentemente personales”.

Colaboró con el muralista en todos los aspectos durante ocho hasta el final de su vida, en 1974, consumida por un desatendido cáncer de próstata, “ya lo que él quería era terminar y lo hizo”.

El maestro Flores siguió trabajando en México, Chile, Argentina, Venezuela, Francia, donde realizó una exposición; Milán, dando cursos de grabado de su invención, la denominada acetografía; Japón, donde participó en la bienal de Sapporo.

“Eso te fortalece y te hace sentir y amar más tu trabajo y todo eso fue gracias a la Universidad”.

Ahora, el Premio UANL a las Artes “fue para mi una sorpresa y un agradecimiento a la Facultad de Artes Visuales por ayudarme a participar, me siento muy orgulloso de ser un universitario reconocido por sus autoridades”.

Herramientas personales