Semblanza del artista Fernando Botero

De WikiNoticias UANL

31 de enero de 2008

El artista colombiano recibió la distinción académica de Doctor Honoris Causa de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

Fernando Botero es un pintor, dibujante y escultor colombiano reconocido a nivel mundial, en el que la monumentalidad, el humor, la ironía y la ingenuidad se combinan con un admirable dominio del oficio y gran talento.

Nació el 19 de abril de 1932 en Medellín, Colombia. Inició su actividad artística en 1948 como ilustrador del periódico El Colombiano, al tiempo que participaba en su primera exposición conjunta -Exposición de Pintores Antioqueños- en Medellín. Tres años más tarde se traslada a Bogotá y celebra su primera exposición individual.

En 1951 obtuvo el premio del IX Salón de Artistas Colombianos, ofrecido por la Biblioteca Nacional de Colombia, y con el monto del mismo y la venta de alguna de sus obras partió a Europa en 1952, donde conoció de cerca la obra de Francisco de Goya, Diego Velásquez, el arte vanguardista y los antiguos pintores franceses.

Entre 1953 y 1955 viaja a Francia e Italia y se instala en Florencia, donde tiene contacto directo con las obras del renacimiento italiano. Durante este tiempo las obras de Giotto se convirtieron en una verdadera inspiración para él.

En 1956 parte a la Ciudad de México, donde conoce a Rufino Tamayo y José Luis Cuevas. Con el cuadro Naturaleza muerta con una mandolina descubre y empieza a jugar con el volumen de los cuerpos; este encuentro desembocará en la conocida mundialmente proporción “boteriana”.

En 1957 viaja por primera vez a Nueva York y la Unión Panamericana auspicia su primera exposición individual en Estados Unidos. Al siguiente año es nombrado profesor de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá.

En 1966 se organiza en Alemania su primera exposición en Europa y en 1973 fija definitivamente su residencia en París, donde empieza a desarrollar también la escultura, además de iniciar una serie de exposiciones por todo el mundo que sigue hasta el día de hoy.

En un principio sus obras revelaban cierta admiración por el muralismo mexicano y la pintura del renacimiento italiano, pero más tarde estas influencias se adaptan a su personalísimo estilo, donde las figuras engordan y se deforman, denotando una clara influencia surrealista.

La historia del arte, la vida burguesa, la cultura colombiana y los personajes históricos constituyen a lo largo de su carrera las principales fuentes de inspiración, así como una variada producción en la que abundan paisajes, retratos y escenas costumbristas. Este tratamiento exagerado de las proporciones humanas es una de las características inconfundibles de su obra.

Sus primeras pinturas muestran una pincelada suelta y concreta, pero poco a poco ésta se empasta, al tiempo que las perspectivas y las figuras se hacen arbitrarias en función de la importancia que tengan en la representación. Óleo, acuarela, pastel, sanguina o lápiz son manejados con gran destreza a lo largo de su obra.

Botero emplea la gordura como base de una cariñosa burla para comentar ciertos aspectos de la vida (La alcoba nupcial, 1958). A partir de 1960 lleva a cabo, entre su variada temática, una serie de obras en las que parece rendir tributo a los grandes maestros de la pintura universal, como Mona Lisa a los doce años (1959), Rubens con su esposa (1965) o Autorretrato según Velázquez (1986). En la década de 1980 su afición por los toros le lleva a dedicarse casi en exclusiva a este tema (La pica, 1984; El quite, 1988).

La misma voluptuosidad e ingenuidad que caracteriza su pintura se encuentra en la escultura, cuya producción se inicia en París en 1973; se trata en su mayor parte de figuras y animales de tamaños grandiosos y desproporcionados, de gran singularidad (Venus, 1977; Perro, 1981; Soldado romano, 1986; Mujer a caballo, 1991), realizados en bronce, mármol y resina fundida.

Sus obras han sido expuestas en diversas ciudades del mundo: Londres, Roma, San Francisco, Filadelfia, Boston, Chicago, Buenos Aires, San Juan de Puerto Rico, Berlín, Munich, Francfort, Tokio, Milán, Nápoles, París, Montecarlo, Madrid, Moscú, Viena, Caracas y la Ciudad de México.

Es quizá el único artista que se ha dado el lujo de exponer sus obras en varias de las avenidas y plazas más famosas del mundo, como los Campos Elíseos en París, la Gran Avenida de Nueva York, el Paseo de los Recoletos de Madrid, la Plaza de Comercio de Lisboa, la Plaza de la Señoría en Florencia y hasta en las Pirámides de Egipto.

Entre los reconocimientos que ha recibido a lo largo de los años se encuentran el Premio Nacional Guggenheim, la “Orden Andrés Bello”, la “Cruz de Boyacá”, la medalla “Paul Harris”, el Título Honoris Causa de Maestro en Artes Plásticas por la Universidad de Medellín, la Legión de Honor del Gobierno de Francia y el Premio de las Américas. Más recientemente, en ocasión de su cumpleaños número 75, los gobiernos de España y Colombia le entregaron la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica.

Hasta este mes de enero de 2008 vive entre París, Nueva York, Bogotá e Italia, desarrollando una técnica en cada uno de sus estudios: en París pinta sus grandes óleos, en Nueva York pinta pasteles y acuarelas y en su casa de Piedrasanta en la Toscana funde sus esculturas de bronce.

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