Rinde brillante y emotivo examen musical

De WikiNoticias UANL

1 de agosto de 2006

Carlos Porcel “Nahuel”, compositor, músico y cantante que recupera la palabra, se alimenta de las pequeñas cosas, de las historias minúsculas que para otros pasan desapercibidas, convirtiéndolas en poesía.

Sobre el escenario sólo había un atril, una silla en la cual reposaba una guitarra, un micrófono de pedestal, una mesita con una jarra de agua y un vaso de vidrio. A los lados un par de bocinas. Un reflector iluminaba todo aquello. Sin prisa, un hombre se acercó tomó la guitarra, rindiendo un brillante y emotivo examen por casi tres horas. Y lo pasó con honores.

Este hombre que también es puma pisaba por primera vez suelo universitario. Carlos Porcel es su nombre y Nahuel, su alias mapuche en el universo paralelo de la trova. De ascendencia turca, piamontesa y argentina, este cantautor trovero se considera mexicano luego de 24 años de vivir entre la raza de bronce. Al público que se dio cita en el Teatro Universitario le prometió diversión garantizada, y así fue.

El repertorio fueron diecinueve canciones, entre las cuales estuvieron “Nadie puede decir así es la vida”, del poeta Ricardo Fonseca, “El amor de los marineros”, “Dime”, “Sólo por verte”, “Y la milonga lo sabe”, “Cuadrilátero”, “A sangre y fuego”, “Pájaro de rodillas” y “Si yo tuviera el corazón”.

Aquello comenzó de manera festiva para luego retozar en la nostalgia, la inteligencia, la ironía (“ironizar con las cosas de uno es de alguna forma ironizar con las de todos, dijo”), el desamor, la rebeldía y la esperanza en el futuro, sentimientos descritos a través de pequeñas historias, cotidianas, de esas que todos vivimos, repletas de pequeños detalles que a final de cuentas son los que de verdad importan.

A lo largo del concierto fue cosa común la interacción entre el cantautor oriundo de Cañada de Gómez, Santa Fe, Argentina, quien ha trabajado con figuras de la talla de Mercedes Sosa y Alfredo Zitarrosa, y su público, que aunque no saturó la sala no hizo falta, el ambiente era más similar a una peña o antro cultural: íntimo, cálido, cómplice.

Tan así que justo al final de “Dime”, una mujer le gritó que el volumen del micrófono estaba muy alto y no se escuchaba bien, detalle arreglado ipso facto. La ovación sincera y copiosa seguía a la canción como los nubarrones y los truenos anticiparon el torrencial aguacero que se desató durante el evento.

En todo momento Nahuel vibró, bailó e hizo gala de su talento, y entre los temas intercalaba comentarios que daban pie al siguiente: en uno fueron los padres y madres y lo que desean para sus hijos, o compartía detalles sobre su vida personal, sus inicios en la música, dosis de crítica social, anécdotas o sucesos del trajín de cada día, la dura situación del desempleo juvenil. Así siguieron los temas “Cambalache”, “Nostalgia”, “Cuerpo sano en mente”, “El amor se muere”, “68 consejos útiles” y “La camisa gris” (tango-chilango).

La música de Porcel combina el tango, la milonga, el pop, el género ranchero y la trova, logrando un trabajo fresco y auténtico a pesar de la mezcolanza. Compositor, músico y cantante que recupera la palabra, se alimenta de las pequeñas cosas, de las historias minúsculas que para otros pasan desapercibidas, convirtiéndolas en poesía.

Entre su extensa trayectoria se encuentra el primer gran premio del VII Festival Internacional de la Canción Clavel Rojo, de Sochi, Rusia, el disco "Canción para el pequeño día", junto a Tania Libertad, Alfredo Zitarrosa, Lilia Vera, Betsy Pecanins y otros; arreglos musicales para Armando Manzanero y Tania Libertad, de su disco "La Libertad de Manzanero", y más recientemente su disco “Cuadrilátero”, editado por la disquera mexicana Pentagrama.

En especial el tango “Nostalgia” lo dedicó al desaparecido Eulalio González “Piporro”, gran amigo suyo, quien en broma le llamaba “Nahual”, y éste a su vez lo nombraba “Pirrurris”. También agradeció la presencia y amistad de María Eugenia Llamas “La Tucita”, su hija Maru, y de Gregorio Bernal, locutor de Radio Nuevo León.

Y aunque hizo un intento por despedirse, la gente no lo dejaba ir y le pedía interpretar varias canciones. “La camisa gris” fue su despedida, coronada por un furioso temporal de aplausos.

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