Oripandó: la gitana expresión de acuarelas andaluces

De WikiNoticias UANL

1 de enero de 2009

El baile, el canto y la danza flamenca se dieron cita en el Aula Magna con el espectáculo “El flamenco viene de Andalucía”, a cargo del reconocido grupo mexicano.

El arte flamenco no es fuerza bruta, sino sensibilidad; no es virtuosismo, sino gracia espontánea. Expresión más gitana, imposible.

Esto, por mucho, quedó manifiesto en el espectáculo “El flamenco viene de Andalucía” realizado por el reconocido grupo Oripandó en el Aula Magna del Colegio Civil Centro Cultura Universitario, dentro del Festival Alfonsino 2009.

Basado en la música de guitarra y el cante, el programa se pensó con la intención de representar los tres ángulos del flamenco: el baile solista, la guitarra solista y el cante. Trinidad de un mismo sentir.

El grupo de bailaoras fue encabezado por Claudia Villarreal de Fuentes, y con ella Jaqueline Nevárez, Jessica Benavides, Mónica Martínez, María de la Luz Elizondo, Rocío Figueiredo, Bárbara Villarreal, María Fernanda Páez y María del Carmen Arellano.

Lo macho gitano estuvo representado en la figura del reconocido maestro y coreógrafo Sabás Enrique Santos Casso. La música corrió por cuenta de los guitarristas Arnulfo Canales y Miguel Fuentes, de éste último es la aportación del cante.

Además, la flauta de miguel Lawrence; la tabla hindú de Álvaro Rubio; de Pedro Fundora es el violín; y con Dayron Cartas arrancando sonidos al cajón.

El grupo formado por destacados exponentes del baile en México, y que ha hecho presentaciones en el país desde el 2002, deleitó al público con una variedad de estilos, llamados palos según el caló flamenco.

El espectáculo comenzó con la ejecución de una Colombiana, en la que participaron las bailarinas del grupo. La pieza mostrada tuvo el ritmo característico de ida y vuelta con un compás similar a la habanera o al tango.

Después apareció en el escenario el bailaor Sabás Santos interpretando una ferruca. De un corte más orillado a la zarzuela, el coreógrafo regiomontano zapateó con virtuosismo el acompañamiento de un cante con eso que llaman duende.

Y es que la ferruca, destaca por el zapateado con contratiempos y figuras que se convierten en prueba definitiva para muchos bailaores. Además que es la expresión con la que se inicia el cante y la existencia de varias tonadas propias del flamenco.

Después, los integrantes de Oripandó tocaron y bailaron el género caracoles, baile algo más propio de la mujer donde las integrantes acompasaron con la solvencia requerida que exige la cultura.

Tocó el turno para la bailaora Claudia Villarreal de Fuentes al interpretar el género, o complemento de otros géneros, soleá. Que, no haciendo justicia a eso de deformación idiomática de soledad por -soleá-, fue acompañada con júbilo.

Su expresión, de sutil y seductor braceo mediante, hechizaron con un especial embrujo en su cadencia a la concurrencia; para entonces embelesada con el espectáculo.

Y, como no podía faltar en el programa, el grupo de bailaoras continuó la velada interpretando una seguiriya. Ahí, la tauromaquia de verónicas con sus faldas conquistaron a un público, ahora, como con ganas de pararse a bailar.

Minutos después, de nuevo en el escenario Sabás Santos demostró porqué es uno de los mejores bailaores de México.

Bailando unas alegrías, barbilla en alto, sensible e intuitivo, de un zapateo obediente pero sin llegar a ser calculador, con cada giro, o cálido desplante, transportaba al público a paisajes gaditanos, o sevillanos.

El floreo y cante de Miguel Fuentes, en armonía con Sabás llevando unas zapatillas que parecían cobrar vida propia, sobrevolaron el escenario como un dragón de tufo andaluz. Guitarreo y baile de muy gitana complicidad.

El espectáculo, u odisea flamenca ofrecida por Oripandó, concluyó con tangos. En esa última entrega interpretaron piezas instrumentales y solos de guitarra, percusiones y alientos. De improvisación, otra vez, muy bailaora.

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