Nvestigación del Mal de Pinto: Un legado universitario para el mundo

De WikiNoticias UANL

23 de marzo de 2009

La investigación del Dr. Aguirre Pequeño es un legado universitario para el mundo.

El mundo de la medicina es un enigma. Los doctores son los intermediarios entre la cura de cierta enfermedad y el paciente, esto implica un reto importante ante el calvario que puede representar un tratamiento para el malestar.

Una proeza radica en el hecho de realizar una hazaña, pero también se inmiscuye en lo relacionado a un descubrimiento. En el transcurso del siglo XX en el campo de la medicina se llevaron cabo descubrimientos y comprobaciones que revolucionaron la salud. Uno de ellos es la cura o tratamiento para el “Mal de Pinto”.

En 1939, el doctor Eduardo Aguirre Pequeño, egresado de la Facultad de Medicina de nuestra máxima casa de estudios y, además, fundador de la Facultad de Ciencias Biológicas de la misma, aportó grandes investigaciones en el desarrollo de esta enfermedad al autoinocularse (introducir una sustancia en el organismo), la bacteria. Esto con el objetivo de probar que el “Mal del Pinto” era un padecimiento sistemático (que atacaba otros órganos), similar al de la sífilis y con un pronóstico de cura desconocido.

El “Mal de Pinto”, también conocido como “Pinta”, “Carate”, “Azul”, “Tina”, “Lota”, "Empeines", es una enfermedad infecciosa de la piel producida por la bacteria Treponema caretum. La enfermedad es transmitida directamente o por contacto no sexual. Se desconoce el insecto que actúa como vector de la enfermedad.

La enfermedad afecta exclusivamente a la piel y su desarrollo comienza con una lesión en forma de pápula (mancha elevada y sólida en la piel) que crece lentamente y tiende a confluir con las nuevas pápulas que van apareciendo alrededor. Al mismo tiempo, se produce un agrandamiento de los ganglios linfáticos regionales. Poco después, se origina una segunda erupción cutánea en inflamación ganglionar acompañante. Las lesiones cutáneas evolucionan desde un color rosado hasta uno azulado para, finalmente, sufrir una despigmentación.

Aguirre Pequeño fue el primer mexicano, hasta hoy registrado, que se ofreció para un experimento de esta índole. El plazo marcado para la observación fue de cinco años. En un principio, se le atacaría el mal con un tratamiento agresivo de metales pesados y arsenicales como el bismuto y el neosalvarsán por la vía digestiva.

En agosto de 1943, y luego de 4 años de sufrimiento, el doctor José Luis Salinas Rivero, uno de los paisanos que testimonió las pruebas, le inyectó 1 200 000 unidades de penicilina, desapareciendo los treponemas de su cuerpo en las primeras inyecciones. El temerario experimento comprobó la hipótesis que se había planteado; culminando el esfuerzo compartido de ilustres investigadores mexicanos y de otros países.

El descubrimiento del “Mal de Pinto” es el acontecimiento más importante en la historia de la ciencia médica mexicana, y con orgullo se puede afirmar que fue un mexicano, baluarte de la Universidad Autónoma de Nuevo León, quien aportó este beneficio a la medicina universal.

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