Margo Glantz recordó a Alfonso Reyes

De WikiNoticias UANL

27 de mayo de 2009

Glantz esboza el recuerdo de Reyes como “uno de los hombres más generosos, eruditos y democráticos”.

“Alfonso Reyes estudió a sor Juana, a Virgilio, Eneas, Esquilo, tradujo la Ilíada, se ocupó del cine, el teatro, la zarzuela, el mole, concentró la historia de México en una nuez y fue tan clásico que a veces pasa inadvertido,” dijo la crítica literaria Margo Glantz al introducir su conferencia “Reyes, ameno y universal”, dentro del festejo al célebre regiomontano.

Glantz a sus casi ochenta años esboza el recuerdo de Reyes como “uno de los hombres más generosos, eruditos y democráticos”.

“Lo veía pasar en el Colegio de México, yo era muy joven, pero recuerdo esa época cuando fue su director, no se sentía nada de rigidez y sin embargo había un orden extraordinario; era bonachón, sabio, apantallante, pero a la vez sencillo, recuerdo haber visto en su escritorio, debajo del vidrio, un retrato de Silvana Mangano sacado de la película Arroz amargo, muestra de tener también su corazoncito.”

Lo recordó también muy sistemático, no dejaba de escribir, de leer, charlaba mucho, mantenía correspondencia con sus amigos y probablemente escribía como hablaba, florido, prolífico, con una impresionante profusión de imágenes.

“En los textos de don Alfonso uno encuentra siempre cosas sorprendentes, su poesía es de una limpidez, de una perfección, hay una serie de elementos tanto sintácticos como retóricos casi imperceptibles, pero están allí.”

Y habló de su prosa, el uso de metáforas, de palabras gráficas como “palpitar”, la destreza para hacer de la historia algo corpóreo o para sintetizar en unas cuantas líneas lo imposible de sintetizar; admira Glantz en Reyes además su capacidad paradójica de juntar lo gigante con lo pequeño, “hacer miniaturas de la épica”, dice.

“Tenía una sabiduría inmensa, manejaba la escritura con una erudición impresionante, pero al mismo tiempo su prosa es muy amable, no la garigolea, es un gran prosista pero no farragoso, barroco, a veces utiliza ciertas medidas para manejar su prosa, por ejemplo en la Visión de Anahuac trata de reproducir un poco el idioma del siglo XVI, de los conquistadores y los cronistas, un idioma quizás más florido, pero en general trata de no ser abstruso, es un autor muy vivo.”

La profesora emérita de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), miembro del Sistema Nacional de Investigadores y de Creadores, hizo notar el incesante fluir de textos en la vida de Alfonso Reyes, quien alguna vez resumiera su vocación.

“Escribo conforme voy viviendo. Escribo como parte de mi economía natural. Después, las cuartillas se clasifican en libros, imponiéndoles un orden objetivo, impersonal, artístico, o sea, artificial. Pero el trabajo mana de mí en un flujo no diferenciado y continuo.”

Pero es consciente Margo Glantz de poder ser Reyes un autor más leído.

“Haberlo convertido en estatua colocada para siempre en una glorieta o en un crucero no ha ayudado para leerlo y difundirlo como debiéramos, justamente don Alfonso se negaba a la monumentalidad.

“A él le interesa ser ameno porque quiere ser legible, y entablar un diálogo creativo, inteligente, pleno, ágil y vivo con los lectores, lo consiguió siempre y es por ello un ejemplo de humanidad y de escritura.”

Sobre la literatura de estos días consideró la existencia de gente muy interesante y una cantidad enorme de escritores

“La de hoy es una escritura muy diversa, ya no hay esa preocupación ética y épica como la de Reyes, no hay tanta reverencia por el idioma, y sí muchos intentos de desacralizarlo, aunque hay escritores a quienes todavía le interesa mucho el cultivo de la prosa.

“Reyes estaba muy vinculado con patrones occidentales de la cultura grecolatina y si vemos a gente como Martín Luis Guzmán, Julio Torri y otros autores del Ateneo de la Juventud, vemos en todos un cuidado muy particular por la prosa, limpia, instrumental, sigue habiendo gente dedicada a los siglos de oro, a los clásicos, pero a los escritores jóvenes no les interesa demasiado.”

Tras una extensa obra de novelas, cuentos, ensayos, crítica, premios como el Xavier Villaurrutia, el Premio Universidad Nacional, el Sor Juana Inés de la Cruz, el Premio Nacional de Ciencias y Artes, y cincuenta años de vida académica, Margo Glantz escribía a la fecha de esta nota una obra de ficción, textos de ensayo, compilaba sus obras para el Fondo de Cultura Económica y disfrutaba las charlas sobre las letras.

Es miembro de la Academia de la Lengua desde 1995 y autora de Las mil y una calorías, Zona de derrumbe, Síndrome de naufragios y Onda y escritura, jóvenes de 20 a 33, el cual dio nombre a una corriente literaria surgida en los sesenta por jóvenes buscadores de una ruptura con la literatura tradicional.

“Traté de definir, de caracterizar, cernir un movimiento de una importancia muy particular, liberó mucho la escritura de construcciones, la volvió posible para mucha gente, pero ésta creyó poder hacerlo como los autores de la onda. Después quienes formaron parte de ella me vituperaron al pensar que yo los encajoné, pero fue un texto importante.”


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