Música y danzas regionales en la Hda. San Pedro "Celso Garza Guajardo"

De WikiNoticias UANL

5 de julio de 2007

El Teatro al Aire Libre de la Hacienda San Pedro vibró el primer domingo de julio con la música y talento de los grupo El Tigre de la UANL, Los Montañeses del Álamo y Pesadilla, así como los ballet folklóricos Quetzal de Anáhuac y de la Tercera Edad de General Zuazua.


El primer domingo de julio de 2007 se adueñaron del escenario del Teatro al Aire Libre el Ballet de la Tercera Edad de General Zuazua, una revelación de voluntades humanas que atraviesan los años para no dejar morir las danzas que bailaron los abuelos de nuestros abuelos.

Mientras unos disfrutaron del espectáculo otros visitaron las manualidades confeccionadas por adultos mayores del DIF (Desarrollo Integral de la Familia), recorrieron los recintos de la hacienda, ambientada de acuerdo a sus orígenes allá por el siglo XVI y se acercaron a las estrellas a través de un telescopio óptico ubicado para la ocasión.

También se presentó el Ballet Folklórico Quetzal de Anáhuac, unos jovencitos enérgicos que encontraron escaso el tiempo para inclinar sombreros y ondear enaguas en un baile de zapateados que provocó un largo aplauso al arte repetido y exaltado por cuerpos nuevos para bien de la tradición.

Las señoras echaron mano a sus señores para bailar el repertorio de música norestense especialmente interpretado por el Grupo El Tigre, que se han vuelto asiduos a la celebración. Y quizás no fueron suficientes los señores, porque también bailaron señoras con señoras en una suerte de regresión de juventudes diversas, resurgentes de la luz que no envejece en los ojos.

Hubo mariachis que ocasionaron coros unánimes por las exquisitas canciones de siempre, y la noche quedó anclada a la memoria de las Fiestas de la Cultura Regional, en los ritmos cantados y tocados por Los Montañeses del Álamo y el Grupo Pesadilla, de Zuazua.

Algunos emprendieron caminando el regreso a sus hogares a pesar de la noche larga y oscura, otros tuvieron regresos más cortos, pero en todos los casos pervivió la sensación de disfrute que causa el arte nacido de las esencias propias, y una invitación al encuentro siguiente, para seguir haciendo la historia de la fiesta.


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