Más de mil cien millones de personas en el mundo no tienen acceso al agua potable

De WikiNoticias UANL

14 de octubre de 2008

Seminario Internacional “Crisis del agua y sustentabilidad. Hacia una nueva cultura del agua”.

“Si un extraterrestre llega a visitarnos y ve la gran masa azul que somos, pensaría que no está en el Planeta Tierra sino en el Planeta Agua, por tanto le sería difícil entender las grandes crisis que tenemos con este líquido”, dijo el académico español Pedro Arrojo Agudo, de la Universidad de Zaragoza, durante la apertura del Seminario Internacional “Crisis del agua y sustentabilidad. Hacia una nueva cultura del agua”.

El evento organizado por el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), en el marco del Festival Internacional de Santa Lucía, reunió a expertos en el tema de los recursos hídricos tanto en perspectivas ecologistas, administrativas y de investigación.

Durante su disertación sobre el panorama mundial del agua, el también representante de la Fundación Nueva Cultura del Agua enfatizó que el problema requiere de enfoques políticos, nuevos modelos de gestión e integración de posibilidades tecnológicas.

“Está en juego un orden distinto, un cambio de mentalidad, de cultura, hacia el uso racional del agua. Habitamos un planeta con diversidad climática, biológica, racial, pero también con desequilibrios hidrológicos”.

Mencionó que todas las comunidades humanas nos hemos asentado cerca de ríos, lagos, fuentes subterráneas accesibles, y a la vez, hemos matado la salud de los ecosistemas acuáticos.

“Esto ha llevado a una crisis de sostenibilidad, donde antes tomábamos agua ahora nos envenenamos, y los países desarrollados podríamos tomar partido al respecto, pero en lugar de eso, gastamos miles de euros comprando agua embotellada”.

El académico español agregó que la destrucción del medio ambiente a estos niveles, quiebra los modos de vida, la salud y la supervivencia, sobre todo de las regiones pobres, es decir, las más vulnerables del mundo.

Mantuvo que la preservación y el uso racional del agua no es un lujo ecologista sino una necesidad, y estableció analogías con las perspectivas económicas relacionadas al tema.

“Talar un gran bosque de árboles en nombre del desarrollo económico, es una burrada económica; sobreexplotar ríos, contaminarlos, en nombre del desarrollo económico es otra burrada económica, pues hay que gastar más para poder revertir estos daños ecológicos”.

Insitó a no ver los ríos como almacenes de agua, sino como ecosistemas vivos que requieren un cuidado de este recurso natural renovable y todo el entorno que se deriva a su alrededor.

Otro aspecto relevante fue la referencia al agua como derecho de ciudadanía, más que derecho humano.

“No hay deberes relativos a los derechos humanos, sin embargo los derechos de ciudadanía implican deberes de ciudadanía. La conservación del agua y el saneamiento doméstico deben ser considerados derechos universales, para lo que se necesitan gestiones públicas renovadas bajo la participación ciudadana”.

Otra de sus categorías expuestas fue el agua vida, como recurso indispensable para la subsistencia del hombre en el planeta.

“Ésta conlleva una máxima prioridad, está vinculada a la producción de alimentos y necesita de los ecosistemas acuáticos para estar saludables. La poca calidad del agua afecta aquí de manera significativa a las comunidades más pobres, donde más de mil cien millones de personas no tienen acceso al agua potable”.

Refiriéndose al agua economía, llamó a la racionalidad en la construcción de actividades económicas, la recuperación íntegra de costos y un esquema ético y social donde se entienda en qué subvencionar y qué no.

“El estrés hídrico viene cuando generamos actividad económica más allá de la sustentabilidad. El uso del agua vida, el agua ciudadanía y el agua economía, requiere por igual de una valoración ética y una cultura de consumo que lo haga sostenible, no es un reto financiero, es un reto político y cosa de todos”.

TRABAJAR DESDE LA EDUCACIÓN

El doctor Eduardo Planos Gutiérrez, del programa AMIGO/FRIEND de América Latina y el Caribe, y coordinador del programa hidrológico internacional, de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) ofreció elementos sobre el panorama del agua en la región.

“Mi visión viene en una óptica quizás más técnica, científica. Inicialmente veíamos el agua desde un punto de vista sectorial, pero es urgente que la veamos desde un punto de vista ecosistémico, integrador, sobre todo teniendo en cuenta la diversidad climática, hidrológica y natural de América Latina”.

Informó que para entonces aproximadamente el 14 por ciento de la población mundial habitaba Latinoamérica, y la disponibilidad de agua equivalía al 26 por ciento de la totalidad de este recurso en el mundo; estas cifras serían alentadoras, sino fuera por el deterioro ambiental que ha resultado en la región producto de la intervención del hombre.

El también catedrático de la Universidad de La Habana, Cuba, habló del alto grado de humedales y lagos que hacen subsistir los niveles del agua subterránea, pero por otra parte el estado de salud de los ecosistemas se ve afectado por la tala indiscriminada de árboles.

En cuanto a los ecosistemas costeros, mencionó que los manglares son claves para el desarrollo de especies marinas, sin embargo se han visto devastados por la explotación maderera, sobre todo para la obtención de carbón, ocasionando erosiones costeras.

Otro factor de preocupación es el desecho de contaminantes en las aguas, otro mal provocado por el hombre y que contribuye al cambio climático.

“Aquí encontramos problemas como la degradación de la capa de ozono, con implicaciones graves para la salud humana, el deterioro de la disponibilidad y la calidad del agua, prácticas de manejo no sostenibles y debilidades institucionales para enfrentar estas deficiencias”.

Observó que desde el año 1900 al 2005 el enorme crecimiento de la población mundial y sus actividades económicas han aumentado colosalmente el consumo del agua. Para el año 2025 se estima que haya ocho mil millones de habitantes en el planeta, lo que demandará un consumo de un quince por ciento más. El especialista considera que para entonces habrá un 55 por ciento de la población mundial con estrés hídrico.

“Hay que trabajar desde la educación, los científicos y académicos debemos aprender a comunicar nuestras preocupaciones, a enseñar y dar a entender nuestros argumentos a la población. La UNESCO implementa programas que involucran a los estados miembros con una visión integradora, pero necesitamos de la participación de cada humano, es vital”.

EN MÉXICO

Julia Carabias, investigadora de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y ex Secretaria de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca, abordó la realidad mexicana ante el uso y disponibilidad del recurso agua.

Expuso que en México caía entonces un promedio anual de mil 511 kilómetros cúbicos de agua, sin embargo, tras la evapotranspiración y los escurrimientos, la disponibilidad real es de 475 kilómetros cúbicos.

“Pero el crecimiento progresivo de la población hace que cada vez la disponibilidad sea menor. Aquí estamos ante dos grandes Méxicos, uno árido y semidesértico en la zona norte del país y un México muy húmedo en el sur. Existe una gran presión hídrica en algunas zonas y en la Ciudad de México por ejemplo se explotan los recursos hídricos ya de una manera dramática”.

La investigadora aludió además el caso del Grijalba, con situaciones de asolvamiento, con las orillas deforestadas que atentan contra el buen funcionamiento de estos depósitos.

“Mientras más presas estemos haciendo se profundizarán los problemas porque estamos alterando el ciclo hidrológico, lo que tenemos que hacer es darle un manejo adecuado a las cuencas, al agua que tenemos, con un enfoque ecológico”.

Llamó a limitar la extracción a la capacidad de renovación, teniendo en cuenta un caudal mínimo que garantice la continuidad de los ecosistemas acuíferos; asimismo ampliar la cobertura de áreas naturales protegidas para ecosistemas terrestres y acuáticos.

El uso del agua en México, informó, se daba en una proporción de 77 por ciento para la actividad agropecuaria, 13 por ciento para el abasto a la población y 10 por ciento para la industria.

Dijo que este es un país de los más vulnerables frente al cambio climático, por la posibilidad de crecimiento del nivel del mar, la disminución de precipitaciones y el aumento de las temperaturas.

“En medio de esto debemos contar con una política hídrica sustentable, el estado debe ser el rector del agua y por tanto debe garantizar su conservación para el bienestar social. Debe ser un proceso con transparencia, con participación social, fortaleciendo las estructuras institucionales y ajustando el marco jurídico y regulatorio para una acción eficiente y eficaz”.

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