Lleva Carlos Velásquez su espacio personal e íntimo a Japón

De WikiNoticias UANL

7 de marzo de 2006

Carlos Velásquez, estudiante de la Facultad de Artes Visuales de la UANL con su familia.

Una instalación que invita a la convivencia con el otro y una pintura de mujeres, a manera de la lotería mexicana, son las obras con las que Carlos Velásquez, estudiante de la Facultad de Artes Visuales de la UANL, participó en la exposición colectiva “México en la maleta” en el Museo Au Adatara Kougen en la ciudad de Nihomanmatsu-shi, del estado de Fukushima, Japón.

“El proyecto fue programado por un grupo de artistas mexicanos y japoneses, llamado Conejo en la Luna que pretende estrechar relaciones culturales entre México y Japón”, expresó. “Por medio de este grupo, se me hizo la invitación para mandar material fotográfico de mi trabajo.

“La experiencia fue en primer lugar un shock bastante fuerte porque es mi primera salida al extranjero en el campo de la producción y exposición, y en segundo, una experiencia enriquecedora desde todos los puntos de vista.

“En Japón hay una frase que me llamó mucho la atención: ‘todos somos iguales, pero todos somos diferentes’ y eso lo entendí más tarde. Hacemos cosas muy parecidas en aspectos como la alimentación, el transporte, las formas de comunicación personal, pero a la vez es diferente.”

Aparte de presentar su exposición, desarrolló otros proyectos como el intercambio de veinte dibujos de niños regiomontanos del Liceo Francés con igual número de pequeños del Jardín de Niños de Adatara.

Cada grupo de pequeños, entre los 4 y 5 años de edad, elaboró sus dibujos a partir de temas de su propio país. Ya estando en Japón y a raíz de la exposición mexicana, los organizadores del Festival del Performance en la ciudad de Aizu, los invitaron a participar en el evento.

“Fue algo que no nos esperábamos y nos dio mucho gusto. La exposición se fue completa, Vicente Mesinas de Oaxaca hizo el performance con mi instalación que habla sobre el territorio”, dijo.

La pieza es un metro cuadrado de pasto natural, el cual define como territorio personal e íntimo e invita a las personas a subirse como si los invitara a su casa y enseguida les toma la fotografía.

Para el estudiante de Artes Visuales fue interesante observar las reacciones de la gente al subirse al pasto.

“La reacción en un principio fue de desconcierto, pero cuando ya se subían al espacio, al terreno, se daban cuenta de que mi intención es entablar una relación con el otro, permitir que entren a mi espacio, establecer la confianza y me impresionó el alcance artístico y de comunicación que ha logrado.”

“El proyecto parte de este marco legal, lo que realmente nos pertenece y lo que no, este metro cuadrado es mío, lo cuido y lo conservo, es mi propiedad.

“Lo he estado haciendo desde hace dos años en Monterrey y lo interesante es que ya trascendió, pero en Japón no se pudo hacer con pasto natural, sino con uno sintético.”

En Japón, a su obra se subieron a tomarse fotografías policías, enfermeros, estudiantes y hasta un monje budista, además de todas las personas que visitaron la exposición.

“Esto con la idea de involucrar a todos los sectores sociales”, dijo.

Por otro lado, la pintura de Velásquez que participó en la muestra abordó el tema de la lotería mexicana con ocho retratos de mujeres nacionales.

Además llevó carpetas de ceramistas nuevoleoneses a la nación oriental para ver la posibilidad de efectuar en un futuro un simposium de escultura o cerámica entre ambos países.

Respecto al trabajo nipón en los objetos artísticos, Velásquez expresó que tienen obsesión por el detalle y manufactura bien hecha tanto en obras tradicionales como tecnológicas.

“Todos los medios electrónicos están muy fuertes, pero algo que nos llamó la atención es que no hay confrontación entre los medios tradicionales y los tecnológicos, conviven muy bien”, comentó.

Velásquez presentó sus trabajos junto con otros artistas nacionales como Rafael Araujo, Susana Castellanos, Javier del Cueto, Vicente Mesinas y Blanca Lucía Ovilla, todos integrantes del colectivo Conejo en la Luna.

La exposición fue diversa ya que estuvo integrada por piezas de pintura, fotografía, instalación, grabado. De los exponentes, cuatro viajaron al país del sol naciente, donde estuvieron durante tres semanas.

La muestra colectiva fue apoyada por la Secretaría de Extensión y Cultura de la UANL, Conarte, el municipio de Monterrey, el Gobierno de Chiapas y la compañía Daishichi Sake.


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