Las obras tienen valor no por el tema, sino por el punto de vista

De WikiNoticias UANL

3 de febrero de 2009

El escritor Daniel Sada presentó en el Colegio Civil Centro Cultural Universitario su novela Casi nunca recién galardonada con el Premio Herralde de Novela.

El lenguaje y, sobre todo, el punto de vista, son los aspectos sobre los que se detiene Daniel Sada al hablar de su novela, Casi nunca. En ella se narra la historia de un sencillo triángulo amoroso entre un ingeniero agrónomo, una prostituta de Oaxaca, donde él vive, y su prometida, que habita en el lejano Sacramento, Coahuila.

Casi nunca recibió en España el Premio Herralde de Novela, por un jurado conformado por Salvador Clotas, Juan Cueto, Luis Magrinyá, Enrique Vila-Matas y el editor Jorge Herralde. El premio de 18 mil euros recayó en este escritor mexicano originario de Mexicali, Baja California.

“Esta novela la tenía ya concebida cuando tenía unos 25 años, es una historia que en un setenta por ciento es real; y no me animaba porque muchos personajes todavía vivían, ahora ya se murieron varios, pero no me animaba.

“En los años ochenta le di un primer tratamiento a la novela, no me gustó. A finales de los ochenta un segundo tratamiento, que tampoco me gustó. Como a mediados de los noventa otro, tampoco me gustó, y a principios del dos mil, otro, hasta que se logró, después de cinco intentos”.

Sada confiesa que el mayor problema fue encontrar el punto de vista. Quién cuenta la historia y desde qué distancia de los hechos. Finalmente terminó por ubicarla en los años cuarenta, en el norte de Coahuila que bien conoce, al ser sus padres originarios de ahí, y vivir parte de su infancia en esa zona.

Casi nunca fue presentada el 21 de enero de 2009 en Colegio Civil Centro Cultural Universitario como parte de las actividades de la Cátedra Anagrama, entre la editorial barcelonesa y la Universidad Autónoma de Nuevo León. La actividad consistió en un diálogo entre Sada y el escritor Mario Anteo.

“Yo no apuesto mucho por hechos reales”, explica Sada en un encuentro con la prensa días antes.

“Tengo pocos textos basados en la realidad, trabajo más con la imaginación, no hago novela histórica, no hago crónica, nada que tenga que ver estrictamente con la realidad”.

“Desconfío mucho del escritor realista, completamente, siento que es el más conservador de los narradores y el más mentiroso. El que quiere reflejar estrictamente la realidad, miente. Creo que se llega más a las verdades narrativas cuando uno empieza inventando o interpretando una realidad. En mi caso lo que yo hago es interpretar una realidad pero no volcarla fielmente, hacer un testimonio de la realidad”.

Sada destacó que es la novela que más tratamientos le ha costado, y que, finalmente, el punto de vista resultó ser un narrador entre desenfadado y humorístico, con diversos estados de ánimo.

“A veces me puedo tardar hasta seis meses buscando el punto de vista, porque para mí es lo más importante, luego la estructura de la novela y, al final, el tema. Yo puedo tener la mejor historia del mundo, pero si no encuentro el punto de vista, no sirve de nada, es como si no existiera. No creo que las obras tengan valor por el tema, sino por el punto de vista”.

Cuestionado en torno a su interés por el lenguaje, Daniel reconoció que éste es un protagonista muy importante en su literatura, una forma de huir o rehuir de lo convencional, y encontrar una propia voz.

“Esa ha sido mi tarea durante muchos años, entonces, tiene mucho peso el lenguaje. Si la historia se contara en términos muy lineales no llegaría ni a ser telenovela”, dice.

“Esta es la historia más lineal que tengo, la más clásica de las novelas, por llamarlo de una manera. En otras historias juego con el tiempo, con los personajes, digamos, son empresas mucho más fuertes, porque parece mentira, metía noventa personajes, en Luces artificiales eran tres los cometidos, el problema de la identidad, el problema del dinero y el problema de la sexualidad. Esta novela es contada de principio a fin con algunos anclajes en el pasado, pero inmediatamente regreso a la narración lineal”.

Sada, cuya obra fuera alabada por el desaparecido autor chileno Roberto Bolaño, es autor de otras novelas como La duración de los empeños simples, Porque parece mentira la verdad nunca se sabe, Ritmo delta y Una de dos.

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