La poesía me ha salvado de la barbarie

De WikiNoticias UANL

4 de septiembre de 2008

El poeta Guillermo Meléndez recibió el Premio UANL a las Artes 2008 en el área de Artes Literarias, el 10 de septiembre de 2008 en sesión solemne del H. Consejo Universitario.

Maneja un acento metafórico de la cotidianidad, comprar el aserrín que amortigua/ la caída de mis saltos mortales, a la vez que desnuda lo real, contra la monotonía/ de peinar el bigote, y el conjunto de su obra hace al poeta Guillermo Meléndez un autor excepcional, nada clásico y con interesantes motores creativos.

“La poesía para mí va más allá de ser o no reconocida, uno sigue escribiendo. A mí me inspira principalmente la noche, el recuerdo nocturno, los bares, las áreas marginadas, callejeras, sentimientos de desamor, con los que se hacen mejores poemas que con el amor, a veces vivencias de la infancia, no expuestas como un recuerdo sino traídas al presente, sacadas de los humus del olvido y reintegradas a ciertos textos.”

Se graduó como abogado, pero no ejerció mucho tiempo, descontento con su profesión y una pasión genuina por los versos cambiaron el rumbo y la expresión de sus dictámenes.

“Si no hubiera sido por la Universidad, a lo mejor me hubiera quedado en Galeana, siendo maestro rural como muchos de mis amigos de infancia”, asegura, pero el destino lo conduciría sin remedio al oficio de poeta.

“Ha sido un proceso en ascensión de la labor creativa, me he enriquecido con las opiniones de los lectores, de los amigos fieles a mi trabajo. Creo que mi poesía no gusta mucho para ser tomada en cuenta en concursos literarios, al principio tenía mucha confianza en ellos, pero me di cuenta que los jurados tienen una visión muy clásica de lo que ellos consideran buena poesía.”

El Premio UANL a las Artes 2008 llega a instalarse como el primer premio de su vida.

“Sí, es el primero que me dan en toda mi carrera y me halaga que sea un reconocimiento tan importante. Cuando venía para acá estaba viendo una frase de Alfonso Reyes en uno de estos edificios y me hizo pensar que la poesía me ha salvado de la barbarie, mi espíritu se ha reconfortado. Eso también es un premio.”

Ver lo que sucede en la calle, a través de la ventana, tomarse una copa de vino, platicar con los amigos, son algunas de las sencillas cosas que alimentan su condición.

“Puedo estar solo o en un lugar ruidoso y sentir que soy parte del ambiente, sin necesidad de sonrisas falsas, sólo ubicado en mi existencia, con todas las herramientas que me da la literatura y creo que en definitiva escribo poesía porque tengo mente infantil. Pero con tantas tragedias en el mundo es útil guardar cierta ingenuidad.”

Meléndez se mostró agradecido con la Universidad.

“Poder acceder a una universidad popular fue un privilegio para mí, me sentí muy bien como alumno, la formación universitaria me hizo en muchos sentidos de mi vida, y ahora me premia, eso me tiene muy contento.”

Nació en Galeana, Nuevo León, en 1947. Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Colaborador frecuente de la prensa cultural nacional e internacional (El Porvenir, El Diario de Monterrey, El Norte, revista Armas y Letras de la UANL, Deslinde de la Facultad de Filosofía y Letras, El último vuelo de California, y Empireuma de España).

Autor, entre otros, de Perdido mas no tan loco (cuadernos El Moro, 1979), Jacinto enloquecido (STUANL, 1985), Cifra incierta (UNAM, 1989), Ciudad del náufrago (Fondo de Cultura Económica, 2002), Cuaderno de la nieve (Mantis Editores y Conarte, 2004) y Circo romano (El Árbol Ediciones, 2007).

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