La literatura latinoamericana ha sido el reflejo de su historia

De WikiNoticias UANL

31 de mayo de 2007

La presencia del escritor nicaragüense Sergio Ramírez en el Festival Alfonsino 2007, puso sobre la mesa una exquisita disertación sobre el realismo mágico predominante en la novela latinoamericana.


Los viajes de Antonio Pigafetta y Fernando Magallanes alrededor del mundo y su paso por nuestra América meridional fueron recogidos en un diario que según dijera Gabriel García Márquez en el discurso a propósito de su premio Nóbel, parecían relatos sacados de una aventura de la imaginación.

“Estas historias nacidas de los sueños y las fábulas de la fantasía popular europea se diseminaron en tierras de América con renovada virulencia para pasar a ser parte de un imaginario común bajo el calor de una mezcla insólita de culturas”, expuso el intelectual y político nicaragüense Sergio Ramírez, en su conferencia sobre Cien años de soledad y la literatura latinoamericana.

Un transcurrir de conquistas, venganzas, enemistad, predestinaciones, fenómenos naturales y encontronazos de culturas sucedieron al arribo de los occidentales. Leyendas eternas y comunes como el despojo de tierras, la búsqueda de la civilización, guerras, represiones, huelgas, deudas, gente empobrecida poblaron entonces este lado del mundo.

Según narra Ramírez, este avanzar histórico del descubrimiento de América encontró una analogía en la obra cumbre de García Márquez; no fue casual, aseguró, que el colombiano abriera con este tema su espléndida locución en Suecia sobre la soledad de América Latina, sin dudas encontró en Pigafetta a un par, alguien incapaz de separar por un instante la verdad de la imaginación.

“La imperturbable destreza de contar mentiras sacadas de la entraña a la realidad cotidiana, como las contaba la princesa Sherezada en Las mil y una noches, y como las contaban a García Márquez sus abuelos es el hálito invisible que habrá de mover las bielas de Cien años de soledad.”

La presencia de Sergio Ramírez en el Festival Alfonsino puso sobre la mesa una exquisita disertación sobre el realismo mágico predominante en la novela latinoamericana. La manera en que el estilo garciamarquiano colocó la historia de Cristóbal Colón y sus hombres como héroes de batallas perdidas, en las vividas por el coronel Aureliano Buendía, vino a enterrar la imaginación en nuestro modo de ser y creó nuevos mundos de utopías.

Fue entonces –sostiene Ramírez– que la fantasía de los pescadores que soñaban encontrar oro en la barriga de un pescado o los carpinteros que soñaban a sus hijas convertidas en princesas y miles de ilusiones más, hallaron relatos de sus historias propias en la intimidad de la novela.

“Y ahí nace nuestra sombra, ante la sobrevivencia tan contemporánea de lo pretérito, donde se revuelven en un torbellino el autoritarismo arcaico de las formas patriarcales de poder, la persistencia de la familia encerrada en sí misma como fetiche apolillado, las costumbres sociales que privilegian la represión del sexo, el sometimiento de las mujeres, la ceguera y la superstición religiosa que viven en este universo de ascendencia rural que es Macondo.”

Un cúmulo de equivalencias desplegadas en el análisis de Sergio Ramírez, adviertieron cómo la propia vida que evolucionaba en el continente americano era reflejada en pasajes literarios, no sólo a través de García Márquez sino además de exponentes como el cubano Alejo Carpentier o los mexicanos Carlos Fuentes y Juan Rulfo.

El estilo patriarcal fundado por los Buendía de la novela, aun en el siglo XXI ha seguido siendo la institución más fuerte de las sociedades latinoamericanas. En América ha seguido habitando el conflicto social, las pasiones ardientes, el viento y las músicas descritas por García Márquez hace cuarenta años.

“Los escritores latinoamericanos no pueden evadir la temática continental, es una manera de verse uno mismo.” Y al mismo tiempo, Sergio Ramírez expone sus experiencias. “Nicaragua, por ejemplo es un país muy pequeño, pero daría para varias docenas de novelas. Hay mucha diversidad en América Latina y son muy vastas las tradiciones culturales. En mi obra ha prevalecido mi pasión por meterme dentro de la historia, navegar en sus aguas, oscuras muchas veces, iluminadas otras, desentrañar lo que ha sido nuestro pasado, cómo nos repetimos siempre como en un mismo molde quebrado, somos los mismos pero somos otros, solo cambiamos de disfraces y maneras de vestir, pero nuestras pasiones políticas, nuestras inquinas siguen siendo las mismas.”

El político que formara parte de la Junta de Gobierno que accedió al poder después de la caída del dictador Anastasio Somoza, ha combinado la objetividad de sus responsabilidades históricas con una subjetividad que ha plasmado en tres decenas de cuentos, novelas y relatos tan reales como tan vívidamente imaginarios.

Su modo de disfrutar la identidad, la lengua, la manera latinoamericana de ser, las tradiciones y la diversidad le dejan ver en la literatura un espejo que resplandece en generaciones recientes.

“Se ha tendido un puente entre los escritores jóvenes y los llamados del “boom”. Y hay una constante en las novelas latinoamericanas que ni el paso de los siglos ha borrado, es el apego a la historia pública, la fantasía y la realidad como complementos que desembocan la creación, nuestras novelas latinoamericanas no cuentan historias privadas sin que esto se enmarque en un escenario de la vida pública, de la Historia con mayúsculas.”

Para quienes se inician en las artes complicadas de escribir, Ramírez dejó también su enunciado: cuidar la escritura, asumir la voz pública con responsabilidad y seguir dibujando la inconfundible mixtura del colosal continente americano.

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