La grandeza de un espíritu

De WikiNoticias UANL

20 de marzo de 2009

Proeza de médico; grandeza de espíritu.

Corría el siglo XIX. En las postrimerías de la independencia, Nuevo León comenzaba a erigirse como estado constituyente, en el año de 1824. Pronto, aquella metrópoli adquiría otros tintes, buscaba en la educación el progreso y la consolidación del futuro. Apostaba en la enseñanza de asignaturas como la medicina, una nueva forma subsistir ante el comienzo de la etapa en la ciencia del país.

Fue entonces cuando un hombre, una visión y un proyecto se encaminaron hacia la realidad que hoy perdura en la conciencia humanista del noreste de México.

José Eleuterio González Mendoza (“Gonzalitos”) ha sido más que un hito o acontecimiento. Hablar de su persona es hablar del eslabón principal de la medicina moderna en Nuevo León. Tapatío de nacimiento (Guadalajara, Jalisco; 20 de febrero de 1813) pero regio por adopción, llegó a nuestra ciudad el 12 de noviembre de 1833, primero como practicante del Hospital del Rosario; el único que existía en la localidad.

Tiempo después se crea la cátedra de medicina en Monterrey a cargo del médico Pascual Constanza y se imparten clases de farmacia a cargo de José Eleuterio González. Sus primeros egresados fueron los pioneros de esa especialidad en Nuevo León, Coahuila, Tamaulipas y Texas.

No es sino hasta 1859 cuando José Eleuterio González funda la Escuela de Medicina y el Hospital Civil en 1860, destacando como maestro en ambos planteles.

El Dr. Gonzalitos fue un enciclopedista de vastísima ilustración y prodigiosa memoria. En el ejercicio de la medicina fue muy admirable: médico filántropo, nunca cobró honorarios y donó en su vida importantes sumas de dinero para la construcción de la Escuela de Medicina y el Hospital Civil.

Su producción literaria, científica e histórica fue abundante. Sus discursos aún perduran y forman un volumen de muchas páginas; tres tomos comprenden sus minuciosas investigaciones en los archivos registrados.

En 1876 se le concedió el título de Benemérito de Nuevo León, "por la parte activa que ha tomado y toma - dice el decreto respectivo - ya como iniciador, ya como cooperador, en cuanto tiende al progreso de las ciencias, de las artes y de las mejoras materiales del mismo Estado, y en particular de las de esta población. Por su constancia y vigilante empeño en favor de la educación de la juventud. Por su asiduo trabajo personal y su protección pecunaria al establecimiento del Hospital Civil y Militar de esta ciudad, que tiene ya casi en perfecto arreglo. Y por la asistencia filantrópica y desinteresada que imparte a cuantos le ocupan en su profesión, como diestro cirujano e inteligente médico y con particularidad a los pobres y los desvalidos".

José Eleuterio González falleció el 4 de abril de 1888, dejando un legado que pasó a la inmortalidad como fina huella de la grandeza y esencia de un espíritu.

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