La fortuna de ser maestro por vocación

De WikiNoticias UANL

18 de septiembre de 2005

El nombramiento de Profesor Emérito de la UANL para Guillermo Villarreal Garza es, al igual que su grado de doctor, motivo de orgullo, “me lo merezco plenamente porque tengo la gran fortuna de ser maestro porque es mi vocación”.

Guillermo Villarreal Garza fue de los últimos alumnos que en septiembre de 1959 ingresó a la Facultad de Ingeniería Civil cuando se encontraba en el edificio del Colegio Civil, pues en abril de 1960 la dependencia se trasladó a Ciudad Universitaria.

Entre otros muchos maestros recuerda a Horacio González Santos y Arturo Gómez Leal de Hidráulica; César Lazo Hinojosa, Raúl Salinas Jiménez, Eliud Guadiana Ancira y Federico Villarreal, quienes lo inclinaron al área de estructuras; y especialmente al ingeniero José Manuel López, actual Maestro Decano de la FIC.

De 1965 a 1967 cursó la maestría en Ingeniería en Estructuras en la División de Estudios Superiores de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y realizó prácticas en el Instituto de Ingeniería.

En 1968, ya con su grado, y después de vivir de cerca el movimiento estudiantil del 68, el ingeniero Óscar de Buen y López de Heredia, lo motivó a estudiar el doctorado en Estructuras de Acero en la Universidad Lehigh de Bethlehem, Pennsylvania.

Sin beca debido a la falta de fondos, vendió su coche y reunió recursos para sostenerse el primer año, además de conseguir un trabajo por horas como ayudante de profesor en ensaye de materiales. Ya con la beca, el compromiso de trabajar cuatro horas diarias en investigación, le facilitó la realización de su tesis doctoral que presentó el 19 de diciembre de 1973.

Con la posibilidad de quedarse en Estados Unidos, Villarreal decidió regresar al país, “estaba convencido –explica el actual subdirector de la Facultad de Ingeniería Civil-, que a pesar de tener un sueldo menor, lo importante era la realización profesional”.

No se equivocó pues se ha desempeñado con éxito como profesor en la (UNAM), en la Universidad Iberoamericana y en la UANL, a partir del 16 de marzo de 1974, así como investigador y consultor de empresas.

“No me arrepiento en lo absoluto, creo que fue una decisión acertada regresar a la patria, había mucho que hacer”.

Considera que el profesor debe tener gusto por el estudio, por documentarse y actualizarse, ser cumplido y estricto, pero paciente con el alumno.

“De cada maestro que tuve, tomé lo bueno y así es como se enriquece uno. Pienso ahora más que nunca que mi vocación era ser maestro”.

Sus alumnos le dan esa certeza cuando le dicen que comprenden la clase, que aprenden y los motiva a estudiar, valoran el que sea estricto porque refleja el empeño que dedica a enseñar.

El nombramiento de Profesor Emérito es, al igual que su grado de doctor, motivo de orgullo, “me lo merezco plenamente porque tengo la gran fortuna de ser maestro porque es mi vocación”.

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