La ficcionalización de la crónica debe mantener su compromiso con la veracidad

De WikiNoticias UANL

7 de diciembre de 2006

La crónica, el ornitorrinco de los géneros periodísticos, fue la protagonista de la conferencia impartida por Juan Villoro quien, acompañado de su colega Hugo Valdés, hablaron acerca de este híbrido entre la literatura y el periodismo, sus cualidades, variantes y dificultades.

El periodista y escritor Luis Villoro, quien durante tres años dirigió el suplemento cultural de La Jornada y es colaborador en el periódico Reforma, ofreció su perspectiva personal como cronista acerca de este género de escritura legendario, testimonial e interpretativo, el cual ofrece la oportunidad de combinar recursos de reportaje (no ficción) y literatura (ficción).

Clasificada como el ornitorrinco de los géneros, la crónica, explicó, requiere de más elementos y una mezcla más compleja, y la cual le debe algo tanto al reportaje, al cuento, al ensayo e incluso al teatro, y se trata de literatura bajo presión muchas veces impuesta por las fechas de entrega.

La crónica se basa en hechos verificables, es un contrato con la verdad, cuyas vertientes siempre generan debate filosófico por ir desde la verdad que uno capta hasta la inmanente, aquella a la cual debemos acercarnos para exponer no la verdad nuestra sino la absoluta, desprendiéndose luego el asunto de cuándo se es objetivo o no y de si la objetividad vendría siendo una verdad susceptible de ser alterada por datos desconocidos o las voces de otros personajes.

Villoro mencionó que el cronista debe hacer un pacto con la verdad, que pasa por la subjetividad consecuencia entre otras cosas, de la valoración de los testigos, que a través de sus comentarios reflejan opiniones, ideologías, anhelos o lo que hubieran querido ver en realidad, por lo que un cronista, puntualizó, debe saberse situar ante esa verdad. Por tanto, dijo, el cronista debe poseer un punto de vista a la hora de enfrentar un suceso, apoyado tanto en sus cualidades como sus carencias, y que no debemos olvidar que es tan válida la crónica desde el punto de vista de alguien especializado en tal o cual tema como de quien no.

Otra de las características es la búsqueda de aquellos detalles que nos generan ilusiones de vida, citando trabajos como Caracas sin agua, de Gabriel García Márquez o Diario del año de la peste, de Daniel Defoe, que plasman vía la crónica-reportaje, dos situaciones reales plagadas de detalles que se graban en la memoria del lector y ejemplos clásicos de que la objetividad puede pactar con ciertos recursos literarios y que la ficcionalización de la crónica debe mantener su compromiso con la veracidad.

El autor de Los doce de la tribu mencionó además que el cronista es un intermediario ante esas realidades que ocurren dos veces o a dos velocidades, la primera cuando ocurre el suceso y la segunda cuando es narrado; y aunque hay crónicas que sólo se centran en los acontecimientos, al igual que otros, él prefiere narrar no sólo lo que sucede, sino además cómo el hecho afecta a los testigos y su opinión al respecto. “Para conocer una realidad hay que observar de qué hace bromas la gente, apodos, comentarios, de qué se ríe, esta suerte de coro griego representado por la opinión pública”, agregó. “La crónica, noticia contada como un relato no puede regir su compromiso con la información”.

Villoro enfatizó, entre otras cosas, que el cronista debe tener muy claro hasta dónde llegar en la intimidad de sus testigos, y sólo accesar a aquellas zonas de intimidad que sean verificables, puesto que no se deben inventar, y dejó en claro que el cronista sabe que no podrá nunca hacer una relatoría puntual y cabal de los hechos, como tampoco se podrá sustituir nunca la voz de los testigos, pero precisamente porque es imposible hay que acercarse lo más posible, tratar de restituir sin dejar de establecer que el cronista es solamente un intermediario.

El escritor terminó su conferencia relatando una anécdota vivida por un cronista que realizaba un viaje junto a una caravana en África -la cual refleja la naturaleza de la crónica-. De pronto los cargadores que la integraban se detuvieron, y a la pregunta del cronista por la razón, la respuesta fue que retomarían la marcha en cuanto sus espíritus los alcanzaran.

La naturaleza de la crónica, dijo Villoro, “es algo que ocurre, una caravana en el tiempo que debemos detener y buscar la vida interior de ese suceso, la vida privada, el momento en que el espíritu alcanza a la caravana”.

Valdés elogió la facilidad de la pluma de Villoro, ganador del premio Villaurrutia con el libro La casa pierde, para alternar entre las distintas modalidades y exigencias de la prosa, sea cuento, novela y la crónica periodística.

“Juan Villoro ha estado siempre en el secreto de todo como un enviado especial de esa suerte de nebulosa asamblea donde se deciden las razones y motivos acorde a los cuales debe regirse el mundo”.

Dueño de la otra visión, dijo, Villoro es poseedor de una prosa camaleónica y un escritor lo mismo culto, lapidario, “cabrón” y agudo, que observador, juguetón, objetivo, imparcial y justo.

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