La escritora tamaulipeca Cristina Rivera Garza compartió con gente joven sus experiencias

De WikiNoticias UANL

19 de abril de 2007

Cristina Rivera Garza narradora mexicana.

Durante tres días, un grupo de entre ocho y diez aspirantes a novelistas tuvo la oportunidad de compartir ideas y muestras de su trabajo cara a cara con Cristina Rivera Garza, autora de obras como Nadie me verá llorar, La cresta de Ilión y Lo anterior, a través del taller La novela cotidiana, el cual se impartió en las instalaciones del Centro Cultural Universitario Colegio Civil.

“Es un privilegio conversar con personas a quienes les interesa apasionadamente escribir cosas sobre la escritura, y ha sido fabuloso poderlo hacer aquí”, expresó.

El taller se llevó a cabo por medio de la realización de una serie de ejercicios de escritura in situ, más que reunirse para hablar, además de que se revisó el material que los asistentes habían desarrollado, bajo el principio de Rivera Garza de que este tipo de talleres deben ser más activos y menos pasivos.

“Fue la oportunidad de coincidir en momentos distintos de nuestras vidas, pero con preocupaciones muy semejantes; finalmente lo que queremos saber es cómo producir una escritura que pueda llegar a un lector y conmoverlo”.

Rivera Garza explica que debido a lo breve del curso en ocasiones cuesta trabajo hablar de aspectos personales con alguien desconocido, esto con relación a la reacción de los talleristas, que integraron un esquema variopinto de experiencias, lecturas previas y formación, que además presentaron una serie de trabajos interesantes, en opinión de la novelista. “Vi mucho interés por su proceso de escritura, encontrar gente apasionada por la escritura no es fácil”.

Lo interesante, opina, será verlos crecer. “Ahí estaría la respuesta”, dijo.

¿Cuáles son hoy las preocupaciones de Cristina Rivera?

Son dos cosas bien básicas, pero muy complicadas: la idea de la relación que existe entre el mundo cotidiano y el de la escritura. Creo que he pasado por una serie de procesos escriturales que me han obligado a cuestionar esta cosa que pareciera ser transparente de que la novela produce otro mundo, y luego tiene que construirse una especie de resistencia ante la vida cotidiana. Estoy tratando de hacer lo contrario, la novela como una especie de marco que permite entrar a la vida cotidiana y no dejarla afuera, como el pasadizo que permite entrar a este otro mundo en el que vivimos cotidianamente, y a la vez hacerlo de ida y de vuelta.

La segunda tiene que ver con conversaciones que he tenido con gente del teatro sobre todo de Argentina, y tiene que ver con la idea del convivio en el proceso de la creación. Estoy tratando de pensar en una novela convivial, más movible, que interrumpe, que desvía, desvaría, algo vivo.

Me gusta pensar en la novela como un lugar del secreto, del enigma. Nos sobra transparencia, y más que la interacción es cómo te implicas con el otro, con el contexto, es una cuestión de salir de sí y de implicarse con algo, en el sentido de crear complicidades, una palabra que se parece mucho a la cuestión del misterio. Creo que de eso se tratan los libros. El famoso cliché de que la novela nunca te aclara nada es cierto, no sirve para eso, sino para lo contrario, para crear preguntas, borrosidades, para cuestionarnos de las cosas que creemos estar seguros, y esa es una gran función crítica de los libros, que no hay que perder.

¿Qué aspectos serían deseables en alguien que decida escribir novela?

Leer. No es posible escribir un libro sin haber leído. La lectura es el trabajo del escritor. Cuando escribimos usualmente estamos reescribiendo otros libros, otras tradiciones de lectura. Me sería absolutamente imposible imaginar que alguien pudiera escribir sin tener la costumbre, el hábito, el gusto de leer.

¿Lo que sea?

Eso me preguntaban hace poco: ¿Hay malos libros? Me lo he preguntado muchas veces. Hay libros que personalmente no me gustan, hay libros que me han cambiado la vida, y tiendo a creer que los segundos son los buenos y los primeros los malos. Pero también encuentro que podemos empezar por cosas muy legibles, fáciles, y a lo mejor eso es un puente para otro tipo de lecturas. Sería más una cuestión de casos particulares y no de generalizaciones.

Los buenos y los malos libros tendrían entonces un top o ranking muy personal…

Y muy rígido. Y aparte no creo que ése sea un criterio útil, claro, hay libros que te cambian la vida y te invitan a ver el mundo de otra manera, que te inducen a una actitud crítica o gozosa con el mundo.

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