La disciplina de la escritura

De WikiNoticias UANL

3 de agosto de 2006

El taller de novela impartido por David Toscana busca despertar el temperamento de los futuros escritores.

Para ser escritor se necesita, según ciertas convenciones establecidas con el tiempo, de soledad y silencio, de un encierro que deriva en un “suicidio literario”. Así, se comenta que Dostoyevski se encerraba por horas para escribir y que le pasaban la comida por debajo de la puerta.

No obstante, esta idea de la soledad obligada del escritor, y, sobre todo, la idea de su aislamiento, actualmente se ve confrontada con el concepto del taller literario, en donde los aspirantes a escritores, o escritores ya, se reúnen a escribir, a leer y a comentar de manera crítica sus textos. El trabajo deja de ser solitario porque se comparte, y deja de ser callado porque se lee. La figura del tallerista entra aquí como un guía que encauza al novel escritor.

Como parte de las actividades de la Escuela de Verano se organizó la tercera y última parte del Taller de Escritura de Novela, impartido por el escritor regiomontano reconocido internacionalmente, David Toscana, autor de Estación Tula, El último lector, y, más recientemente, de El ejército iluminado.

El escritor recalca la importancia de darle continuidad al trabajo de un mismo grupo, porque el conocimiento que se tiene de los textos, y verlos formarse, ayuda a un mejor proceso de enseñanza y aprendizaje. “Siempre hay cosas interesantes, porque el taller es precisamente para trabajar y pulir estas cosas que se ven como promesas”, comentó. El escritor joven

Al taller de Toscana se inscribieron personas de distintas edades, desde jóvenes hasta personas maduras; sin embargo, todos coinciden al estar en el preámbulo de la creación. La juventud se refleja en la escritura, y también un poco en los temas que se trabajaron en el taller. “La mayor parte de lo que he leído tiene que ver con historias íntimas, historias de pareja, historias de familia, pero también historias que tratan de rescatar, a través de novela, a través de la imaginación, el pasado de la ciudad o los lugares de origen de cada quien”.

El narrador opinó también acerca de los escritores que cada vez más jóvenes quieren escribir, pero que existe la tendencia de orientarse a temas más bien superfluos.

“El ser humano contemporáneo de ciudad, es, por lo general, superficial. Le preocupan ciertas cuestiones que tienen que ver con la comodidad, pero no con el espíritu humano; entonces, hay que ver esta sociedad, pero no hay que retratarla, hay que reinventarla en cualquiera que sea la obra literaria o musical o plástica..., hay que reinventarla, hay que profundizarla para poder expresar algo de sustancia”.

La juventud del futuro escritor es importante si se desea hacer carrera en la literatura. Pero como en todo “siempre va a haber cantidad (de escritores) y poca calidad. En Monterrey, en México, en el mundo, son muchos los llamados y pocos los escogidos, y aún de esos pocos escogidos son pocos los que van a perdurar”, por lo que el simple ejercicio de la escritura no basta para llegar a ser un escritor. Ayuda iniciar desde joven, pero no es determinante. Hacen falta otras cosas.

LO PRINCIPAL ES EL TEMPERAMENTO ARTÍSTICO

Escribir supone, ya se dijo, de soledad. Esta soledad implica el desarrollo de una disciplina que en el taller puede llegar a establecerse a través de los ejercicios que se llevan a cabo en éste. De acuerdo con Toscana, para escribir una novela se necesitan dos cosas: un temperamento artístico y disciplina.

El primero es lo más importante, pero “ése difícilmente lo puedes en un taller desarrollar; hay ciertas cosas en la vida que pueden hacer que despierte este temperamento artístico; quizá en un taller se pudiera dar una situación que lo despertara, pero el taller lo dedicamos más bien a la parta artesanal de la novela, la parte del oficio, de la construcción, de todo eso que sí tiene una ciencia detrás, un método, una disciplina, hay un trabajo para desarrollar ciertas habilidades”.

El autor regiomontano concluye diciendo que así como el pintor necesita temperamento, ideas, estudiar sobre los colores, los trazos, el dibujo; así el escritor necesita conocer la parte técnica que es la que se ve en los talleres.

“Un taller sería muy poco para que entrara alguien sin nada en el corazón, y saliera convertido en un artista”; pero es un buen inicio para romper la soledad impuesta, para hacer hablar al texto.


Herramientas personales