La Cátedra UANL-Anagrama presentó "Vidas perpendiculares", del escritor Álvaro Enrigue

De WikiNoticias UANL

3 de julio de 2008

Álvaro Enrigue y sus Vidas perpendiculares en otra edición de la Cátedra UANL-Anagrama.

“Nació en Lagos de Moreno, Jalisco, el cuatro de enero de 1936...” Así comienza la historia de Jerónimo Rodríguez Loera, un niño mexicano aparentemente normal, pero convertido en un monstruo por su capacidad de recordar cada una de sus vidas pasadas.

Es la novela Vidas perpendiculares del escritor y crítico literario mexicano Álvaro Enrigue, uno de los autores más jóvenes de la editorial española Anagrama, que presentó su más reciente título en la Cátedra que comparten la UANL y la mencionada casa editora.

“Al escribir esta historia me propuse encontrar una forma que se me había escapado para contar una historia –dice Enrigue–, durante muchos años estuve tratando de contar una historia que sucediera en tiempos y espacios distintos, pero a la vez simultáneos, así que el hallazgo de la persona que recuerda sus vidas pasadas me permitió trabajar esta forma.”

El libro integra la más reciente colección del catálogo editorial en “Narrativas hispánicas” y hace que su autor se consolide, al decir de Jorge Herralde, director y fundador de Anagrama, como “uno de los mejores narradores mexicanos (e hispanoamericanos) de su generación”.

La historia transita en los tiempos, mezcla personajes y cambia de narrador en un estilo digamos “enrigueano” que tras su anterior novela Hipotermia reafirma las opiniones que lo catalogan como un verdadero clásico contemporáneo.

“Yo creo que uno escribe siempre el mismo libro, no es que sean libros tan distintos, lo pensé por que mientras editaba Vidas perpendiculares, reescribí completa La muerte de un instalador que era un libro muy de juventud y fui limando las zonas en las que la acción no transcurría como yo pensaba que debía ser.”

Pero en esta transición de cuerpos literarios y personajes inventados con visos de vida real afianza su manera peculiar de narrar.

“La narrativa son sueños de la razón que producen monstruos, cualquier personaje literario memorable siempre es un monstruo, solamente que posa de normal, y creo que es el caso de Jerónimo Rodríguez.”

Hay tramos de la infancia de Jerónimo que son la infancia de Enrigue padre, su llegada a la ciudad de México, su sorpresa por la suntuosidad de una ciudad que no imaginaba tan suntuosa, “estoy hablando de la ciudad de los años cuarenta –aclara–, “la de ahorita ya es un caos”.

“Las sorpresas de Jerónimo al llegar son las sorpresas de mi padre y su escuela, que es la escuela de la novela, es lo que hoy es el Museo de Cera; el padre de Jerónimo es un molinero histórico de Saltillo, aunque todo esto muy machacado por la creación literaria, y es un hombre siniestro que en realidad no era así, solo que su hijo lo ve así.

“Es el libro en el que más inspiración de lo real he encontrado. No sólo dejé que entrara la realidad por todos lados, sino que escribí la historia que se me daba la gana de contar, en periodos históricos que me han interesado toda la vida, por eso aparece el siglo XVII, los romanos, que toda la vida me han gustado porque eran unos matones con falditas, los piratas, porque era lector de Salgari, los espadachines, aquí me di permiso de poner todo eso”.

Su primera novela fue La muerte de un instalador (1996), luego un primer libro de cuentos Virtudes capitales (1998), su segunda novela en 2002, El cementerio de las sillas e Hipotermia, la primera edición con Anagrama en 2007.

“Anagrama es una editorial con un tremendo prestigio, ese es el tipo de asociación que beneficia mucho a un escritor. Por el tipo de libros que escribo yo no podría estar en una editorial de estas gigantes de perfil masivo, no porque yo no quiera sino porque ellos no me querrían a mí, entonces Anagrama me permite como autor tener una exposición que en otras editoriales no tendría”.

Expresó que los sellos literarios están despareciendo en los grandes grupos editoriales, “Planeta México simplemente se desinteresó ya por la literatura, Alfaguara no está en su mejor momento ahorita por su competencia con España, entonces en medio de esta situación Anagrama es una tierra firme para construir una carrera literaria y editorial en México y en cualquier país de América Latina”.

Agregó que esta editorial tiene una virtud que no tiene ninguna otra, hacer que el libro llegue a todas partes, no en números de cien mil como en otras editoriales, “pero sí va a llegar un numerito de tu novela a Buenos Aires, a Santiago de Chile, a Caracas, a Lima, y eso en la carrera de un escritor joven es fundamental”.

Enrigue reconoce algo raro en el mundo de sus influencias literarias.

“Esta mezcla de los tiempos la aprendí a hacer leyendo con mucho cuidado Conversación en La Catedral y La Fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa, que es el maestro universal de la convivencia de tiempos, la estructura general del libro está inspirada por una obra maestra de la literatura rusa del siglo XX, El maestro y Margarita, de Mijaíl Bulgákov, construir la historia a partir de incisos es algo que aprendí de Francisco Hinojosa, uno de los grandes narradores contemporáneos mexicanos, menos atendido de lo que debería estar, pero también entran películas, canciones, cómic... todo integra el asunto de las influencias.”

EDICIÓN CÁTEDRA UANL-ANAGRAMA

El escritor regiomontano David Toscana presentó el 11 de junio de 2008 a Álvaro Enrigue y sus Vidas perpendiculares en otra edición de la Cátedra UANL-Anagrama, que ya se afianza como uno de los eventos más trascendentes de la cultura universitaria neoleonesa. Fue una conversación entre ambos escritores, desenfadados, ligeros, en un intercambio jovial sobre las letras y su maneras de generarlas.

Enrigue se repite en este libro, en su manera de crear siempre buenas dosis de interés, dijo Toscana.

Calificó Vidas... como una novela “más psicodélica que cuántica”, como antes la definiera su propio autor. Toscana la ve más bien como “una especie de biografía chismosa que eventualmente se va a romper con los recuerdos de Jerónimo sobre sus vidas anteriores. Una obra donde la novela es la dueña del tiempo, posee la habilidad de fragmentarse en una serie de relatos, usa la reencarnación como vínculo literario y deja ver el estilo que Enrigue va haciendo inconfundible”.

Y advirtió otras características de su línea creativa.

“Cuenta historias de las que pareciera no ser dueño, pero hurga en ellas para adentrar inevitablemente al lector en el mundo que ha escrito.”

Por su parte Álvaro Enrigue aportó más sobre los ingredientes que acompañan sus momentos para escribir.

“Hay libros que se escriben en medio de distintos estados de ánimo, dicen que lo que se refleja en los libros propios es la suma de todo lo que se lee, pero creo que también hay una alta dosis del estado de ánimo que uno tenga en ese instante de escribir”.

Dijo no creer en las “crisis ante la hoja en blanco”, “hay un proceso de sacralización del proceso creativo que en mi caso no es tal, no quiere decir que cuando me siento a escribir sale un best seller, pero al menos escribo lo que quiero escribir.”

Calificó a la novela como un género irremediablemente emparentado con el discurso nacional, por tanto muy conservador.

“Pero creo en la posibilidad de extender el tiempo de una novela, labrar sobre ella y más que todo me importa la transformación de mis personajes, con esto finalmente el escritor es alguien que consigue tener una voz”.

A pesar de declararse incrédulo en asuntos de reencarnación, reconoció la validez del tema en su manera de emprender su más reciente escritura.

“A mí me gusta contar historias, lo que hago es trabajar con las formas para forzarlas un poco más, pero no me definiría como un escritor abstracto, la narrativa siempre es un arte conservador, solo intentamos provocar sentimientos”.

En cuanto a las estructuras narrativas opinó acerca de la ubicación de géneros.

“No es tiempo de mandar al diablo los géneros porque en realidad nunca han existido del todo, los géneros son una cosa que hacen los libreros y los editores para tratar de empaquetar un producto. Sergio Pitol por ejemplo, es un príncipe de la abolición de los géneros. La narrativa se podría dividir en los campos inmensos de la novela, el cuento y el cine, donde la novela es el género crítico por excelencia.”


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