Jaime Blanc, una vida por la danza

De WikiNoticias UANL

4 de agosto de 2006

Protagonista del desarrollo de la danza mexicana, el reconocido coreógrafo manifiesta su convencimiento en el tratamiento muscular, en el riguroso entrenamiento y en la técnica que permite profundizar “hacia el interior de uno mismo en cuanto a lo emotivo”.

La historia de la danza contemporánea en México ha contado durante más de tres décadas con un nombre imprescindible. El maestro y coreógrafo Jaime Blanc ha sido protagonista en la ejecución y la enseñanza de esta manifestación artística. Una tarde de lluvias, poco antes de iniciar su curso durante la Escuela de Verano en la Facultad de Artes Escénicas, compartió sus inicios por los caminos del arte en movimiento.

Alejo Carpentier expresó alguna vez que el espíritu de la danza es inseparable de la condición humana, ¿cree que su propia manera de ser determinó su vocación?

Si, definitivamente. Mi ansiedad por la expresión física y teatral, estuvo presente desde mi niñez. Yo era un niño muy latosito, gustaba mucho de representar, juntaba a mis primos que eran como 20 y representábamos un cuento o algo así. Sin embargo en el ámbito público era muy tímido. Entonces cuando dejo mi carrera de arquitectura para hacer teatro y danza, tuve que sobreponerme... Estuve 36 años en el ballet. Allí aprendí todo lo que soy, por muchas razones, pero fundamentalmente por Guillermina Bravo, que es una espléndida artista, una gran coreógrafa; y de ella aprendimos el amor inmenso a la danza.

El 2006 marca la transformación del Ballet Nacional de México y el surgimiento de un nuevo grupo de danza contemporánea, ¿considera que el hecho podría implicar una renovación positiva para esta manifestación artística?

Todos los cambios son necesarios y saludables. Hay ciclos que es necesario cerrar y hay otros que es necesario abrir. Y hay que dejar que fluya cada ciclo. Yo pertenezco a una generación que aprendió mucho, atesoramos muchos conocimientos, participamos de la evolución de la técnica, de las metodologías de enseñanza, y es un honor para mí haber sido parte de este proceso. Ahora quiero trabajar, enseñar, formar un grupo, publicar las obras que he tenido guardadas en una bolsita por años...

En la presente edición de la Escuela de Verano nos acompaña para compartirnos sus habilidades y experiencias, ¿qué se ha abordado básicamente durante las jornadas?

Pues sobre todo principios elementales, he querido hacer un diagnóstico, se trata de un grupo un poco dispar, alumnas y maestras de Artes Escénicas, personas que han venido de otras partes, varios niveles diferentes, pero es un reto muy interesante, no es la primera vez que lo tengo, pero siempre disfruto esta posibilidad de ofrecer lo que sé, y contribuir a la formación de nuevas generaciones de bailarines.

Históricamente la crítica coincidió en la gran intensidad escénica proyectada por el Ballet Nacional de México, ¿opina que los bailarines estén trabajando actualmente por asegurar la continuidad de esta tradición?

El sentido del arte de la danza ha tomado caminos muy diversos, quizás existen propósitos diferentes a los que tenía nuestra generación. Pero yo creo mucho en el entrenamiento riguroso, en la técnica, que permite profundizar hacia el interior de uno mismo en cuanto a lo emotivo, pero fundamentado en un tratamiento muscular. Eso te da presencia, te da una gran fuerza escénica. Hay un mecanismo interior que te tiene que tener listo, ya dispuesto a, es una decisión corporal, mental.”

Las remembranzas viajaron desde los años en que llegaban los profesores de la escuela de Graham, de Nueva York; el aprehender cada método; la vida en el escenario, donde no existen por separado escenográfos, música, vestuaristas, bailarines o espacios, sino donde todo se mezcla; el confirmar una y mil veces su vocación.

Y ya en el calor de su intercambio con los alumnos comprobamos la certeza de cada una de sus teorías. “Y...uno, y... manos, y... saquen pecho... y, release... cabeza al piso...”

Exigencias de elegancia en los movimientos, armonía, energía óptima, todo un soplo de ánimo y de técnica que contagia. Mente y cuerpo, alumnos y maestro, danza... Jornadas de aporte inolvidable y renovado que arraiga para siempre la plenitud de este arte milenario.

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