Horizontes de la Medicina: Visión de Premios Nóbel

De WikiNoticias UANL

4 de septiembre de 2007

Izq. a der.- Los premios Nóbel Kary Mullis, de Química, y Sidney Brenner, de Medicina.

El planteamiento del doctor Sidney Brenner, Premio Nóbel de Fisiología o Medicina de 2002, provocó un silencio reflexivo entre los asistentes a su conferencia como parte del evento Horizontes de la Medicina, organizado en Cintermex por la Facultad de Medicina de la UANL. “Ahora nos preguntamos mucho acerca de la estructura genómica actual y por qué tenemos tantas enfermedades”.

“Hace cien mil años los humanos detuvieron la evolución biológica. Hasta ese punto, el cuerpo humano estaba sujeto a los cambios ambientales y respondía a los principios de la selección natural, pero cambiamos esto, empezamos a utilizar el cerebro para cambiar la velocidad con la que evolucionamos, así que cuando hacía frío no esperamos que hubiera mutaciones favorables para producir mucho pelo. Lo que hicimos fue matar un animal que tenía mucho pelo y lo usamos para abrigarnos.”

El doctor Brenner, profesor del Instituto Salk de Estudios Biomédicos de La Jolla, California, advirtió cómo todos estamos creados con un genoma que tiene cien mil años de antigüedad, el cual estaba muy bien adaptado a ayudarnos a sobrevivir en aquel entonces, pero que esa realidad ha cambiado desde que el hombre por medio de la tecnología empezó a vencer las fuerzas de la naturaleza que operaban sobre él.

“Hoy estamos muy preocupados por la incidencia de la obesidad. Pero es que hace cien mil años, nuestro hipotálamo (glándula considerada centro integrador del sistema nervioso vegetativo, regula el apetito y la saciedad) nos decía: ¡cuando haya comida come todo lo que puedas, conviértela en grasa como una manera de acumular energía, y de esa manera la puedes guardar para el momento en que haya hambruna, o periodos largos de no disponibilidad de alimentos!

“Había entonces un metabolismo complejo y un comportamiento que evolucionó biológicamente. Hoy día las cosas no han cambiado, el hipotálamo sigue controlando esos genes, seguimos comiendo, la hambruna no ocurre, ha aumentado la obesidad, la Diabetes tipo 2, y todo un complejo de enfermedades que son simplemente la consecuencia del ambiente que nosotros hemos creado.”

En el año 2002, y como reconocimiento a sus trabajos sobre la regulación genética del desarrollo y muerte celular, este biólogo de origen sudafricano recibió el Premio Nóbel de Medicina a sus 75 años de edad, el cual compartió con H. Robert Horvitz, John E. Sulston.

Tras estudiar la carrera de Medicina en Johannesburgo, doctorarse en Oxford, trabajar con bacteriófagos, y viajar a Cambridge para conocer a James Watson, Francis Crick y su revolucionaria estructura de la hélice de ADN, Brenner era testigo y protagonista del punto de inicio de la Biología Molecular.

En su trayectoria de apasionado apego a la ciencia, decidió que más que estudiar la función de las moléculas, debía empezar a investigar cómo los genes especificaban un organismo, cómo se construye y se conecta el sistema nervioso. Para explorar estos temas con las herramientas de la genética que había adquirido en sus estudios sobre bacterias, debió encontrar un organismo de la complejidad necesaria pero suficientemente simple y fácil de manejar en un laboratorio. Luego de analizar muestras de especies provenientes de distintas partes del mundo, eligió un gusano microscópico, el nematode C. elegans, con cuyos resultados recibió el Premio.

Como invitado de honor al evento realizado en Monterrey del 29 de agosto al 1 de septiembre de 2007, Brenner se mostró muy complacido de la amplia presencia de jóvenes entre sus interlocutores, y les ofreció su visión sobre los horizontes de la medicina.

“Ahora hay una nueva salud pública; la salud pública del siglo XIX era simplemente separar el agua que tomas, del agua que excretas, pero con eso se salvaron millones de vidas, eso acabó con muchas infecciones que mataban a la gente. En este siglo tenemos que preguntarnos qué podemos hacer, es cierto que tenemos un hipotálamo que nos manda a comer, pero también tenemos una corteza frontal que puede hablar al hipotálamo.

“Estoy hablando de cambiar las cosas a través de la educación de una manera global, cambiar los comportamientos, dar terapéutica social para cambiar el patrón de enfermedades metabólicas. Hay que cambiar las actitudes del hombre ordinario de la calle hacia la Medicina, él cree que puede hacer lo que quiere, puede ingerir todo lo que quiere, puede ver la televisión y ser sedentario como quiere... y si se enferma, la Medicina lo va a ayudar con una pastilla. No. Yo creo que hay que educar a la gente para que sean más responsables.”

Planteada así, la receta de lo que Brenner considera una salud pública del futuro, no se limita a los avances científicos de la medicina, “ahora estamos hablando de células madres, pero no se van a poder comprar células madres en la farmacia, tenemos que pensar en las soluciones terapéuticas que hemos entregado, en un comportamiento colectivo más favorable hacia la preservación de la salud, y no esperar traducir el conocimiento hacia la cama del paciente, sino ir a la cama del paciente y buscar allí las soluciones.”

LA MEDICINA DE FIESTA

El doctor Hugo Barrera, integrante del Comité organizador de Horizontes de la Medicina, dijo sentir que la Universidad Autónoma de Nuevo León y la Facultad de Medicina estuvieron de fiesta por la oportunidad de constatar en casa los avances de las ciencias médicas, y recibir especialistas de Europa, Estados Unidos, México, y en especial los Premios Nóbel Sidney Brenner, de Medicina, y Kary Mullis, de Química.

“Los Nóbel son gente que nos guían, nos dicen si el camino que estamos llevando nos conducirá a lo que buscamos o si vamos por el camino equivocado. El contacto con ellos ha sido muy enriquecedor para estudiantes, maestros e investigadores. Este evento ha servido para ver hacia donde va la industria farmacéutica, mejorar su eficiencia, su desempeño en el descubrimiento de nuevos medicamentos. Hemos hablado de cómo eficientar el sistema de salud, y fue grato escuchar al secretario de Salud federal, José Ángel Córdova Villalobos, expresar que muchas de las ideas de este evento se van a estar implementando en el país.”

Otro gran aporte a las sesiones plenarias fue la conferencia de Kary Mullis, bioquímico norteamericano Premio Nóbel de Química de 1993, conocido por haber permitido a través de la invención de la técnica de la PCR (Reacción en cadena de la polimerasa) una revolución en la investigación biológica y médica.

“En los últimos diez años he estado trabajando en algo que empieza a funcionar, es el proyecto AlterMune, un mecanismo a través del cual, tomando una respuesta inmune que ya tiene el cuerpo, la dirigimos hacia donde se requiera la inmunidad.”

Con la invención de la PCR Mullis propició el fundamento de varias revoluciones en campos prácticos, como la identificación del origen de muestras de sangre o saliva a que recurre masivamente la ciencia forense, y en campos científicos, como la secuenciación de genes humanos o de otros organismos. Convirtió en una rutina la investigación de la secuencia genética, permitiendo la lectura completa del genoma humano, así como de muchos organismos que se toman como modelos en la investigación de distintos problemas biológicos.

Con AlterMune estamos en presencia de un nuevo y extraordinario aporte del prominente científico.

“Es un adaptador químico para hacer efectivo el anticuerpo. El virus de la influenza casi destruyó este planeta en 1917, el promedio de esperanza de vida en Estados Unidos durante la pandemia de 1917-1918 cayó de alrededor de 55 años a alrededor de 39 años. Y quizás muchas personas tenían anticuerpos pero ninguno estaba dirigido a esas cepas de influenza.”

La inquietud de Mullis lo llevó a buscar algún tipo de mecanismo químico para cambiar la especificidad de un anticuerpo que ya posee el organismo, y que pudiera atacar cualquier infección adquirida.

“Una pequeña molécula C1q decide que los anticuerpos que normalmente han estado flotando en diferentes sitios del cuerpo, lleguen y aterricen sobre un lugar específico. Estos estudios persiguen evitar otra pandemia, y no solo es aplicable a la influenza, sino además a los estafilococos, la escherichia coli... Por el momento ya funciona en los modelos, pero toma años y muchas pruebas su aplicabilidad en humanos.”

Las sesiones del XXIV Congreso Nacional de Investigación Biomédica, y el evento Horizontes de la Medicina, hicieron confluir teorías, conocimiento y tecnologías hacia el estudio de la diversidad de los seres humanos para poder descubrir la base de las enfermedades y traducir los continuos avances médicos hacia una superior calidad de vida.

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