Guillermo Santamarina en la UANL

De WikiNoticias UANL

8 de agosto de 2005

El investigador de arte contemporáneo Guillermo Santamarina llamó a los artistas jóvenes a regresar al dibujo y a la pintura.

Estudioso, aunque no conocedor cabal desde hace más de diez años de los procesos creativos en Nuevo León, Guillermo Santamarina adviertió sobre el muy difícil momento que vive el arte y la compleja relación del artista con la sociedad.

Por un lado, como lo pudo apreciar en la exposición de maestros y alumnos de la Facultad de Artes Visuales “Praga 4600” había una sobrecarga de inmediatez, que se reflejaba en la abundancia de fotografías, así como de conceptos e ideas, que “nos han hecho bastante mal”, aclaró.

Y por otro, el artista trabaja sin ver hacia fuera, sin relación con el exterior, en ese sentido se convierte en un trabajo completamente ensimismado, integrado únicamente a sus problemas y paradigmas internos.

Santamarina consideró que el papel de las escuelas de arte que antes planteaban la generación de bienes espirituales y elementos de belleza, confort y diseño dentro de la esencia artística, fue desvirtuado en razón de que el artista está inmerso en su pequeño universo.

“El problema fue que en algún momento las técnicas tradicionales, llámese dibujo, pintura, escultura y grabado, se agotaron y fueron sustituidas por la fascinación de las nuevas tecnologías como la fotografía, el video y las nuevas formas de impresión.

“Me parece –agregó– que también estamos llegando al momento en que esa fascinación, esa adopción, esa sustitución de tecnologías también ha sido colmada”.

Durante la mesa redonda donde se hizo una revisión crítica de la exposición, salvo la obra de Enrique Ruiz en la muestra, Santamarina extrañó mucho la pintura, “me puse a reflexionar sobre qué está sucediendo en relación con esto, si la escuela la ha dejado a un lado, si los talleres están en crisis o si no hay pintores en Monterrey”.

Encontró además un solo dibujo, el de Héctor Polo, en una tendencia muy de moda, muy detallado y orgánico.

“Por un rato estaría bien guardar la cámara digital y no trabajar con ella, sino trabajar de otra manera. Le pido a los estudiantes que dibujen, la materia viva que está alrededor de ustedes es fascinante, estoy encantado con el paisaje de Monterrey, el arte tiene un problema muy grande cuando tiene un paisaje como este”.

Las texturas y manejo de luz en el trabajo de fotografía abstracta de Marín Villarreal le parecieron interesantes, así como el retrato de la cotidianeidad que elabora Alejandra Mejía, “con una enorme calidad y muy bonita composición”.

Calificó de intrigante el proyecto de escultura monumental de Samuel Cepeda y Carlos García, porque le faltó referencias; de calidad el retrato de Édgar Amaury, interesante la propuesta de pintura de Enrique Ruiz y Jessica López que está entre un registro de acción y un registro de escultura efímera; lo mismo que los dibujos digitales sobre paisajes conocidos de la ciudad que elabora Daniel Vázquez.

Un buen trabajo el de David Lemus, que muestra un ojo voyerista en una escena muy cinematográfica, le agradó la fotografía de Lorena Estrada como un sistema de referencia temporal, a las fotografías de Luis Moncada le gustaría verlas en otras dimensiones y ver algo más de las ilustraciones de Federico Jordán.

Mario Méndez con su poema visual hace un “atinado retorno a este género de creación”, Juan Carlos Ramírez con un retrato manipulado, aunque puede resultar algo grotesco, es una propuesta que podría verse de otra forma e interesante la manera como Benjamín Sierra desplaza la línea en el espacio.

El video de Marcela y Gina, único trabajo que ha llegado al Distrito Federal, es muy elocuente y provocador como lo que ellas hacen.

Calificó de lamentablemente muy modesta la exposición, “espero, no representativa de lo que sucede en la facultad y en Monterrey”.

Si fuera el caso de ser un ensayo de dislocación del lugar común manifestando una situación que está sucediendo en Monterrey, de alguna manera la muestra cumplió dignamente.

Pero también le aterró, pues le gustaría pensar que podrían continuarse los procesos de una manera mucho más precisas de lo que es el tema de la identidad y reconocer en el oficio la posibilidad de continuar no sólo por el camino de la inmediatez y el conceptualismo.

Oswaldo Ruiz, entonces director del Departamento de Arte del Centro de Estudios Superiores de Diseño de Monterrey (CEDIM) reconoció que la muestra no es representativa de la institución y tampoco propiamente de los artistas, porque ellos, en algunos casos, tienen obra más atractiva.

“La exposición se queda como un ensayo de un proyecto que se va a hacer para celebrar el aniversario 25 de la escuela en que se prevé tendrá una convocatoria más amplia”.

Esther Leal Farías hizo una precisa reseña del contexto e inquietudes de la constitución de nuevos planteamientos para programas académicos y difusión, sobre todo para el encuentro del público con el arte.

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