Filmar la historia de lo inmortal en los muros de la Hacienda San Pedro

De WikiNoticias UANL

23 de noviembre de 2005

Escenas de la filmación en la Hacienda San Pedro.

En la Hacienda San Pedro pareciera que el tiempo se detuvo. Un jardín evoca siglos ancestrales y desde algún sitio, el director teatral Luis Martín Garza sigue la evolución de los actores. La tranquilidad habitual del lugar, en Zuazua, se ha visto alterada con cámaras, cables, monitores, actores y todo lo que se mueve en el mundo de creación audiovisual.

Coinciden en la filmación de “El Indio muerto”, obra de Ricardo Elizondo Elizondo. Y las escenas suceden con aportes diversos: la experiencia de actrices como Emma Mirthala y Guadalupe Treviño, la frescura de estudiantes de Artes Escénicas de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) como María Eugenia Jaimes y Alejandro Jaen López, y un toque de variedad con invitados como Carlos Ibarra.

El espacio ha sido capaz de transportar la imaginación hasta el año 1853. Una sociedad llena de rencores, sin leyes civiles ni nociones de piedad muestra todo el odio hacia los indios. Sin embargo, habitada por humanos en fin, emergen la compasión, el raciocinio, la enseñanza, el arrepentimiento y la fe.

A los territorios que hoy ocupan los estados de Coahuila, Nuevo León y parte de Tamaulipas, llegaron durante el siglo XIX grupos nómadas, como los lipanes, de filiación apache, los comanches y tahuacanos, expertos jinetes, guerreros por vocación, que fueron desplazados de sus hábitat originales por ingleses y franceses.

Los habitantes no indios del norte de México querían, y consideraban necesario, el exterminio de los “salvajes”; estaban convencidos de que su existencia era un obstáculo para el progreso de la región. Tal sentimiento generó una discriminación que se heredaba de padres a hijos, de vecinos a vecinos, e hizo repudiar a las razas nativas.

La obra de Elizondo entrelaza con maestría la fidelidad de la historia de aquellos años y la creación de personajes que ilustran los hechos en toda su gama de espiritualidad, a tono con la naturaleza humana, llena de defectos, pasiones, amor.

“Yo siempre he escrito sobre esta tierra, sobre lo que existe. Y lo que existe es lo que cotidianamente está en el corazón del hombre, todo lo mezquino, todo lo vengativo, lo compasivo, lo culposo, la vanidad, lo solidario o la dulzura que puede haber en el gesto de ofrecer un vaso de limonada.

“A partir del siglo XIX con el triunfo de la burguesía fuimos sometidos a determinados patrones y modelos que fueron impuestos. Muchas veces importamos maneras de ser y no tenemos en cuenta la raíz de lo que somos. Por eso me motivo a escribir sobre nuestras propias raíces, sobre el sentir de muchas personas, pues nada puede ser exclusivamente característico de algún lado si el corazón es igual en todas partes.”

Con estas definiciones Ricardo Elizondo Elizondo ha llegado hasta los sets de filmaciones en la hacienda. Ver cómo los actores encarnan indistintamente la expresión rígida en la mirada de Loreto; la valentía en los gestos de Guadalupe, o la firme influencia compasiva de Concepción, confirma su sospecha.

“El éxito que ha tenido esta obra se debe a que los actores también son de esta tierra, y lo digo sin chauvinismo, pero es notable el entusiasmo que se ha respirado alrededor de la puesta en escena y la filmación. La Secretaría de Extensión y Cultura de la Universidad nos facilitó filmar en esta hacienda del siglo XVI y la compañía teatral ha estado brillante.

“Uno sabe que puede encontrar su personajes en miles de hombres y mujeres. Escribimos la obra y dejamos que los actores le den los tonos, es lo más bonito. El teatro no existe sin sangre, y aquí todo se ha puesto en función de que quede bien. Eso me satisface mucho.”

Y los actores también van quedando satisfechos. A Emma Mirthala Cantú le apasiona estar compartiendo escena con estudiantes y egresados de la Facultad de Artes Escénicas.

“Yo he puesto toda mi vida en la escena. Trabajo desde 1955. Hace mucho tiempo que actuamos con los muchachos y nos entusiasma el intercambio de generaciones. Cada puesta es una nueva aventura.”

Para Alejandro Jaén del séptimo semestre en la Facultad, “no importa el papel que corresponda, generalmente no miro eso; el simple hecho de compartir la escena con actores consagrados es un mérito y un gran aporte profesional para nosotros. Con ellos siempre aprendemos.”

El material audiovisual serviría de apoyo al programa de Apreciación de las Artes y abre caminos hacia nuevas propuestas. Presenciar la filmación también ha sido una clase. Cada toma va conformando la creación y es cuando te das cuenta que el tiempo no se ha detenido. Solo que en la Hacienda San Pedro cada minuto puede hacerse inmortal.

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