Explora resistencia del amor ante diferencias culturales

De WikiNoticias UANL

4 de agosto de 2005

Víctor Hugo Rascón Banda plantea en “El deseo” un conflicto pasional entre dos personas cuyo amor aparentemente derrumba las invisibles barreras que imponen la diferencia de edad, posición social, idiosincrasia y lenguaje.

¿Qué hubiera pasado si Susan, una profesora madura de Estados Unidos, no hubiera acudido a recoger a su chofer, un joven ilegal colombiano en el aeropuerto de Tijuana?

Él, proveniente de San Vicente del Caguay, zona dominada por el narcotráfico y guerrilla, bien pudo ser soldado y perseguir a las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) o ser de las FARC y matar a soldados, o en una especie de sortilegio de las infinitas posibilidades en contra, podría haber sido descubierto como actor en Hollywood o anduviera vendiéndose en las calles o quizá hubiera muerto en una balacera protegiendo cargamentos del narco o el 11 de septiembre como cocinero en el restaurante de las Torres Gemelas.

Pero como ella acudió en su camioneta, la imagen del joven nubló su vista, sus ojos dejaron de mirar, la razón se enturbió, su vida se llenó con un nuevo aliento, deseos olvidados despertaron y una nueva piel sepultó la vieja piel.

¿Ahora, a dónde los conduce este deseo? En un giro en su carrera de dramaturgo, Víctor Hugo Rascón Banda plantea en “El deseo” un conflicto pasional entre dos personas cuyo amor aparentemente derrumba las invisibles barreras que imponen la diferencia de edad, posición social, idiosincrasia y lenguaje.

Para mostrarlo el dramaturgo recurre a dos personajes contrapuestos, Susan, interpretada por Ofelia Medina, y Víctor Ríos, a cargo de Víctor Carpinteiro, quienes se casan y viven juntos en la misma casa de Los Ángeles.

Sin embargo, es aparente porque sus diferencias, el alto nivel intelectual y social de una y el origen humilde del otro, son su punto de contacto y rechazo en una lucha por afirmar y defender la personalidad individual ante la intromisión e imposición sobre el otro al que conduce un amor arrebatado.

El director Max Ferrá, como estadounidense de origen cubano que conoce las relaciones interculturales, supo entender y explotar la fuerza dramática de la obra contenida en el choque cultural expresado por la comida, la música, las costumbres y el sentido de familia, tan fuerte en los latinos y tan desarraigado en los estadounidenses.

De esta forma, por un lado, Rascón Banda traslada el conflicto a un terreno social, político y cultural de un continente cuyas disimilitudes económicas y culturales van creando un abismo y, por otro, profundiza en el conflicto personal con las diferencias que se dan no sólo entre personas del primero y tercer mundo, sino entre parejas de una misma cultura.

Y es la imposibilidad de entender y aceptar que una mujer adquiera una sólida seguridad, alta cultura y dinero, revirtiendo patrones culturales en el que el hombres es, aunque amado, el soslayado. Rascón Banda advierte que la mujer, por este avance, no sólo acarrea desavenencias en la pareja, acaba siendo castigada como pecadora y la arrastra hacia su autodestrucción.

La obra está estructurada a través de escenas sin secuencia temporal, donde los personajes alternan monólogos con diálogos, una característica de la obra de Rascón Banda, destacando un lenguaje económico que va desde una expresión poética hasta llana, en ocasiones rebosante de sensualidad y erotismo.

Además, para reforzar las características de los personajes, Ofelia Medina habla en ocasiones en inglés y en un español pocho, mientras Carpinteiro lo hace como un cartagenero, para narrar sus historias que pueden ser la de cualquier neoyorquina o la de cualquier latino, imprimiendo el carácter individual con sus actuaciones.

No todo se propone abiertamente al espectador, éste completa elementos por sí mismo y a ello contribuye el diseño escenográfico de Arturo Nava. Al centro del escenario se eleva a escasa altura una plataforma vacía que es mesa, cama, pista de baile, gimnasio, biblioteca, auto, en donde se mueven, en ocasiones estilizadamente los actores como en esas escenas de encuentro y desencuentro amoroso que se deben a Rossana Filomarino, y extraen de abajo elementos de utilería como teléfonos, mancuernas, lap top y barniz para uñas.

La música original es de Lucía Álvarez y el vestuario de María Estela Fernández. El deseo es el primer montaje que presenta El Círculo Teatral, espacio creado como un proyecto independiente y de autogestión que dirige Alberto Estrella y Víctor Carpinteiro, mismo que fue escenificado dentro de la Escuela de Verano UANL 2005.


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