Escribir poesía es una disciplina

De WikiNoticias UANL

10 de agosto de 2009

El poeta Óscar Efraín Herrera (centro), junto a sus colegas y amigos.

Con gran éxito se llevó a cabo la presentación del libro “La luz y el muro” del maestro y poeta Óscar Efraín Herrera en la Sala Francisco Zertuche de Colegio Civil Centro Cultural Universitario (CCCCU), el jueves 6 de agosto a las 20:00 horas.

El maestro fue acompañado, además, de dos de sus grandes amigos y discípulos: el también poeta Renato Tinajero y el maestro Armando Joel Dávila.

“Este libro forma parte de una compilación de tres que originalmente iban a ser. Con el paso del tiempo los fui depurando hasta tener uno solo; uno de ellos me llevó años prepararlo, desde que yo era periodista y lo tenía guardado, porque hay que guardar las cosas que van madurando y viéndolos desde otra perspectiva”, argumentó el maestro Herrera.

El libro del poeta es la recapitulación de tres pequeños libros: “La luz y el muro”, “Expolios” y “Cicatriz sin orillas”; y es del primero de donde se tomó el nombre de la antología presentada la noche del jueves.

“Escribir poesía es una disciplina, es poner en palabras que se piensan bajo un rigor de economía del lenguaje. Es un diálogo de culturas, autores del presente con autores del pasado. Los temas son unos cuantos que tienen aristas y formas de manifestarse, es hacer lo mismo pero con otras palabras, con una perspectiva más contemporánea, más actual”, aseveró el también periodista.

Durante el evento, Renato Tinajero, leyó un poema sobre Óscar Efraín Herrera y le dedicó unas palabras. Por su parte, el maestro Armando Joel Dávila calificó el trabajo de Herrera como “un libro que encierra el esfuerzo arduo de Óscar, quien se ha apegado más a los versos tradicionales que a la prosa poética, pues posee un olfato especial para hacer referencia a la visión de Franz Kafka”.

A manera de conclusión, el autor del libro recomendó a la juventud que lea, ya sea autores clásicos o aquellos que han dejado huella en la historia de la literatura. Pues reconoce que las palabras son simbólicas, como las que enmarca el título de su libro; ya que la luz es claridad y el muro es el tope de la vida, es el registro de los años, de las memorias, en donde los muros también envejecen.


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