En Monterrey no existe mucho interés por la historia

De WikiNoticias UANL

23 de junio de 2005

Docente titular e investigador de la Facultad de Filosofía y Letras, Antonio Peña Guajardo señala -a propósito de la obtención del I Concurso de Investigación Histórica “Israel Cavazos Garza”-, la dificultad que existe para encontrar espacios y trabajar investigaciones serias.

Con la investigación La economía novohispana y la elite local del Nuevo Reino de León en la primera mitad del siglo XVIII, bajo el seudónimo de “El Nibelungo”, el egresado de la Licenciatura en Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL y de la maestría en Historia Moderna y Contemporánea en el Instituto Mora, Antonio Peña Guajardo fue el ganador del I Concurso de Investigación Histórica “Israel Cavazos Garza”.

La evaluación del proyecto estuvo a cargo del jurado integrado por los doctores Herón Pérez Martínez, Manuel Ceballos Ramírez y Álvaro Ochoa Serrano, los cuales eligieron de forma unánime el proyecto de Antonio Peña que compitió con seis trabajos más. Uno de los elementos que influyó en la elección del jurado fue la buena escritura, la racionalidad y claridad con la que trata el manejo de fuentes, en un periodo, además, poco estudiado.

En una premiación celebrada, el 13 de mayo de 2005, en las instalaciones de la Cineteca, Antonio Peña recibió los cincuenta mil pesos del premio que incluye la edición de su trabajo. Esta investigación fue también su tesis de maestría para el Instituto Mora.

En ella, habla sobre la relación que entablaron los miembros del ámbito local con los hombres de negocios de la Nueva España, sobre todo con los comerciantes de la ciudad de México.

“Es un tema muy específico que entra en un debate sobre si existía o no un mercado interno en la Nueva España o si estaba desarticulado, esto es algo que se retoma en la época de los setenta”; sin embargo, el catedrático de la UANL advierte que hacen falta estudios regionales que vean cómo se estructuró la economía en la Nueva España.

Con este estudio, Peña realiza un análisis sobre la región que a la par sirve para aclararnos la situación de la Nueva España.

¿Cuál consideras que es tu mayor aporte con esta investigación?

Abordo un periodo poco trabajado en Nuevo León, de 1700 a 1750, en el siglo XVIII nos falta mucho que trabajar, en el caso de tiempo, a nivel nacional, el estudio concreto de Nuevo León para ver cómo funcionaba la economía en la Nueva España, que los estudios no se queden regionalmente sino que hay que enlazarlos con la historia nacional y mundial. Es un inicio para que otra gente siga investigando, hay que promover en los alumnos esta investigación, que se interesen por estos temas.

¿Con cuál teórico te identificaste para realizar este trabajo?

Con Asadurian que dice que la economía se basó en la actividad minera y que la minería saturó el mercado interno en la Nueva España porque la agricultura y la ganadería abastecía de alimento e insumos y cuando había bajado la producción minera, bajaba la producción agrícola y ganadera, y aumentaba la producción minera y la producción agrícola y de ganadería, en el caso de Nuevo León, no había minería de plata, había plomo, el plomo, que era un metal que servía para separar la plata.

¿Qué pasa con los estudios e investigaciones históricas en Nuevo León?

Abunda más el trabajo descriptivo, pero faltan más instituciones, más apoyo, más personal, aquí en Monterrey no les interesa mucho la historia, son más pragmáticos, en vez de estudiar historia se interesan más por cómo van a sobrevivir, no hay ese interés por ir más allá de lo inmediato, no hay muchos espacios para investigar, yo ahora estoy investigando por la facultad y no por la Universidad; en otras partes hay mucha mayor facilidad de colocarse en un espacio, aquí es mucho muy difícil realizar investigaciones serias.

Para Antonio el trabajo con la historia le ha proporcionado además de satisfacciones académicas un aprendizaje personal. Antes de ingresar a la Facultad de Filosofía y Letras, estudiaba en la Facultad de Ciencias Químicas, ahí estuvo durante dos años, hasta que decidió ingresar a la FFyL, ya que su intención inicial era la de ser traductor, pero debido a su afinidad por materias como historia, epistemología, se decidió por el Colegio de Historia.

A lo largo de su carrera trabajó y estudió, esto le dio una disciplina que hasta hoy en día conserva, ya que “para hacer los trabajos se organizaba en las horas libres”.

Ya como estudiante y durante su último semestre comenzó a trabajar como asistente del maestro Bernardo Flores, exdirector de la FFyL, en la cátedra Teoría de la Historia “con él estuve dos años antes de irme a la maestría, él falleció el año pasado, me apoyó mucho en el proyecto de la maestría y me animó, me facilitó muchas cosas, me enseñó mucho, tenía la visión a futuro de crear escuela”.

En retrospectiva ¿qué te ha dejado la historia?

Esta profesión me ha dado muchas alegrías y me ha cambiado mucho la vida, yo no me imagino qué hubiera pasado de haber continuado en química, estaría trabajando en una empresa, con un horario y no sé, a veces siento que tendría una vida muy rutinaria, en cambio aquí siempre aprendo algo nuevo en los archivos. Soy hijo de obreros y el ambiente en mi casa es totalmente diferente. Antes estaba muy encerrado en la vida rutinaria y con la carrera me empecé a abrir y a adquirir nuevas perspectivas sobre las cosas.

Por ahora satisfecho de sus logros, y con la incesante vocación por la historia y la investigación, Antonio Peña no deja de trabajar, del archivo a la cátedra, ahora planea sus próximos proyectos, entre ellos su doctorado, pero aún no decide entre Alemania o El Colegio de México.

Herramientas personales