En México, cada 15 segundos una mujer es víctima de violencia sexual

De WikiNoticias UANL

2 de septiembre de 2008

La periodista y activista social mexicana Lydia Cacho participó en el arranque del V Coloquio Internacional sobre Políticas Sectoriales: Grupos domésticos y familia, auspiciado por la Universidad Autónoma de Nuevo León.

“La explotación comercial sexual infantil se está convirtiendo en el negocio del siglo, la trata de mujeres será un mucho mejor negocio que el narcotráfico porque es mucho más fácil vender personas que drogas, pero ¿estamos preparados para enfrentar esta realidad?”, invitó a reflexionar la periodista mexicana Lydia Cacho.

La también defensora de derechos humanos sostuvo una plática con académicos, investigadores y estudiantes de la Facultad de Trabajo Social y Desarrollo Humano, institución de la Universidad Autónoma de Nuevo León que en este año está celebrando 40 años de vida.

En la Biblioteca Universitaria “Raúl Rangel Frías”, ante un auditorio abarrotado, la periodista puso el dedo en la llaga e invitó a los estudiantes a atender a las víctimas de todas las forma de violencia desde su necesidad, porque la experta es la víctima, el especialista nada más la acompaña en su dolor, en su proceso.

EL TRABAJO SOCIAL ANTE LAS VÍCTIMAS DE DELITO

En el marco del V Coloquio Internacional sobre Políticas Sectoriales: Grupos domésticos y familia, Lydia Cacho habló desde su experiencia como periodista y activista social de la labor que ha desempeñado a través de centros de atención a víctimas de delitos, del refugio de alta seguridad con que cuenta, así como del trabajo periodístico con el que ha denunciado redes de trata de personas.

De entrada denunció ante la comunidad universitaria que los derechos humanos de los niños y niñas en México, no existen; o existen en las organizaciones civiles, en algunos organismos del estado, en pocas oficinas del DIF, existe a lo mejor en los libros de texto en Trabajo Social.

“Tenemos un sistema de justicia que es inoperante ante una violencia sistemática de los niños, niñas y mujeres, en un país donde cada 15 segundos una mujer es víctima de violencia sexual; o visto de otro modo, donde cada 15 segundos un hombre decide violar a una mujer”, dijo a la audiencia.

Entonces expuso que hay tres niveles de intervención: primaria, cuando el delito ya se cometió e inicia el contacto con las víctimas; el segundo nivel es entender cómo intervenir sin dejar la vida, asegurando el bienestar de la víctima y el del experto; y el tercer nivel es el más difícil, considerando que el sistema de justicia penal no está en nuestras manos.

“Los paradigmas de justicia social están por esencia en manos de los agresores, opera a favor de los victimarios y eso lo hemos comprobado, porque en México se lleva a una víctima de explotación sexual comercial a un juzgado y eso implica un reto monumental porque los jueces de nuestro país pedirán entre 2 y 5 careos de los niños con sus violadores y agresores, ¿por qué lo hacen si las leyes dicen todo lo contrario?”, sentenció.

Lydia Cacho expuso su caso para hacer reflexionar a la audiencia acerca de los niveles de corrupción existentes en México en cuanto a delitos de pederastia y abuso sexual de todo tipo, investigación que derivó en el libro Los demonios del edén en el que se hace el recuento de la red de trata de blancas que encabezaba Kamel Nacif y Sukar Kuri.

“En México está subestimado la labor de un trabajador social, que en otros países son considerados como peritos en delitos de esta índole, lo que se debe hacer es capacitar a la gente involucrada al trabajo social, la que entiende cómo armar procedimientos para que las cosas funcionen mejor, la que tiene en sus manos la transformación paulatina del sistema de justicia que lo hará a través de la atención asertiva a las víctimas y del trabajo de todos los días en los Ministerios Públicos”, advirtió.

Dejó claro que México tiene una fortaleza extraordinaria en donde todos tienen una capacidad de compasión y se puede transformar y fortalecer, aún ante una crisis profunda de enfrentar al verdadero país que tenemos, donde la impunidad es producto de una mala educación.

“Lo fundamental es -si estamos en el área de Trabajo Social-, asegurar un equilibrio interno y emocional para atender todos estos temas; el agotamiento emocional deja a la gente alejada de la verdadera transformación social”, concluyó.

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