El teatro prepara para recibir la experiencia vital humana

De WikiNoticias UANL

11 de septiembre de 2009

Uno de los pilares del teatro regiomontano, Salvador Ayala Gómez recibió el Premio a las Artes UANL 2009 en la categoría de Artes Escénicas, durante sesión solemne del H. Consejo Universitario.

La admiración por las actrices Virginia Fábregas y Carmen Montejo convirtió a Salvador Ayala en fiel asistente al teatro, e incluso, lo hizo viajar a la ciudad de México donde la actuación de Magda Guzmán en A puerta cerrada despertó su decisión de consagrar su vida al teatro.

“Es una labor que fue deseada”, explica el maestro de la Facultad de Artes Escénicas, uno de los pilares del teatro local.

Este mes de septiembre de 2009, reconoce haber tenido inclinaciones por el teatro “desde chiquillo” las cuales no descubrió hasta con el paso del tiempo lo que, aunado a otros factores lo decidió a esta disciplina artística con todas las dificultades propias en el camino.

“Se fue dando, dando, dando hasta que decido, incluso con hechos, por ejemplo no aceptar ingerencias de instituciones en que estaba trabajando, con tal de seguir en el área de teatro”.

Después de sesenta y tres años de profesión Ayala lo considera una de las partes constitutivas de su vida, junto a su familia, “es un factor que aglutinó y satisfizo mi ideario ideológico y artístico”.

En el inicio de su formación teatral jugó un papel decisivo Guillermo Zetina quien lo dirigió, junto a Emma Mirthala Cantú y Julián Guajardo, en el grupo Renovación.

“Gracias a él pudo concertarse mi aspiración teatral, me enseñó las primicias de la técnica teatral de Stanislavky y de alguna manera nos encarriló por ese camino.

“Actué una o dos veces, fue muy breve, quizá no tuve la experiencia suficiente para saborear la actuación pero si me dio pautas, supe lo que es eso, pero mi inclinación general fue la dirección, por eso quizá instintiva e intuitivamente decidí que fuera de esa manera”.

No obstante, una circunstancia fortuita lo dejó al frente de Renovación, “de repente el grupo quedó acéfalo –recuerda–, el señor Guillermo Zetina tuvo que irse a la capital y entonces el grupo me nombró director”.

¿Cuál es la pauta que ha guiado su trabajo?

Puesto que hay diferencias entre teatros, en general es muy amplio y cabemos muchos y muchas corrientes, formas y hechuras, dentro de ello puedo precisar que no he perdido la circunstancia social, siempre he tenido la visión de hacer el mejor o el buen teatro.

¿El teatro se hace con más corazón que técnica?

No, después fui equilibrando eso, me di cuenta de la importancia de la técnica en todos los aspectos, pero también tiene mucho que ver el corazón, la decisión, el coraje, la ganas y el valor de enfrentar el fenómeno que la técnica te complementa y en función de esos dos elementos importantes lo haces cada día mejor.

A su contribución Ayala agrega la del magisterio en la casas del asegurado del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y en la Facultad de Artes Escénicas y últimamente la promotoría apoyando a grupos y actores.

“Hoy a través de los años puedo ver hacia atrás y decir, estoy satisfecho de haber contribuido con mis enseñanzas y mi quehacer teatral con la comunidad porque el teatro es formativo y social.

“Debe considerarse sin duda el teatro como un elemento cultural indispensable del hombre, que ha batallado siempre en el camino de su realización, pues ese es otro factor, pero es formativo del individuo porque lo madura, lo prepara para recibir la experiencia vital humana”.

¿Qué ha sido lo más difícil de esta tarea?

Llevar a cabo los planes, planificar es hasta cierto punto fácil, divertido, pero llevarlo a cabo es el factor a vencer, a veces se han logrado con tesón y a veces se ha quedado en el camino.

¿Cómo ve la salud del teatro?

Se ha diversificado mucho y esa diversificación se ha expandido en diversos campos y calidades, todo teatro tiene derecho a existir, pero tiene sus diferencias, puede decirse de calidad y el público irá decidiendo.

SALVADOR AYALA

Con más de sesenta puestas en escena y cientos de representaciones, inició su formación teatral entre 1952 y 1953 año en que crean el Teatro Experimental Universitario.

Debutó como director escénico con Los desarraigados con el que inauguró el Teatro de La República donde presentó obras como Los enemigos no mandan flores y Una efigie llamada Cordelia.

Trabajó treinta y tres años en el IMSS dando clases de teatro y desde 1982 se integró a la planta docente de la Facultad de Artes Escénicas.

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