El suicida convierte a toda la familia en víctima

De WikiNoticias UANL

14 de julio de 2005

Con el análisis de documentos, cartas y diarios que dejaron los suicidas y entrevistas a sus familias, la catedrática Patricia Cerda Pérez de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, buscó encontrar los múltiples factores que intervienen en la toma de esta fatal decisión.

El suicidio es considerado por la Organización Mundial de la Salud como una de las tres causas principales de muerte en el mundo y, según la Secretaría de Salud la sexta en nuestro país, entre la población joven y económicamente activa, cuyas edades oscilan entre los 15 y 34 años.

En el estado de Nuevo León se han registrado en los últimos meses altos índices de suicidios; su número duplica, en la estadística anual, al número de casos registrados bajo el concepto de homicidio doloso.

Buscando las causas que pueden ser su detonante, la doctora Patricia Cerda Pérez, maestra e investigadora del área de posgrado de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, junto a un equipo de colaboradores llevó a cabo la investigación “El suicidio en Nuevo León”.

“Estábamos asustadas porque bajo una hegemonía multifactorial el suicidio es una fenomenología que, según estadísticas oficiales, está teniendo alcances alarmantes en nuestro país”, comentó la doctora.

En el Estado, tan sólo en el año 2000, el número de suicidas, según cifras de la Procuraduría llegó a 217 personas, con un promedio mensual de 17 individuos, cifra que tuvo su cúspide en septiembre del año pasado, pues su promedio mensual se elevó a 22. Este promedio sólo es superado por los homicidios culposos, cuya tasa alcanza hasta un 34, mientras que los homicidios dolosos alcanzan el promedio mensual de 11.

Se elaboró un tipo de estudio no experimental y completamente exploratorio con el análisis de documentos, cartas y diarios de suicidas que se quitaron la vida entre enero y septiembre del año pasado, entrevistas a sus familias bajo un esquema de técnica cualitativa sustentados en el análisis constructivista.

La doctora dio a conocer las primeras cifras del estudio que bajo la perspectiva psico-social y terapéutica, realizó en coordinación con la Procuraduría de Justicia del Estado de Nuevo León, el doctor Jorge Rubén Garza, psiquiatra y maestro de la Facultad de Psicología de la UANL, quien tiene maestría en Psicología Social con más de trece años de experiencia psicodramática.

El estudio, iniciado en mayo de 2004, se enfoca a conocer las razones que los suicidas argumentan por escrito como causa o elemento desencadenante de su muerte; la situación emocional, económica y la salud de las familias en cuyo interior se vivió el drama y un diagnóstico psicoterapéutico de ellas.

Desde la perspectiva de este estudio, existen múltiples factores que intervienen en la decisión, de modo que no pueden reducirse solamente a la depresión, también influyen aspectos biológicos, químicos, ambientales o sociológicos.

“Creemos que existen estructuras socioeconómicas donde se propicia en mayor forma este tipo de sucesos, medios audiovisuales que incitan a la idea como el Internet donde podemos encontrar hasta métodos sugestivos de cómo suicidarse”, advierte Cerda Pérez.

Algunas de las razones argumentadas por los suicidas son el fracaso, el desamor, culpas, soledad, aliviar a terceros, porque no se cumplieron sus expectativas familiares (sobre todo en mujeres), como castigo a su familia, entre otras y dejan sentimientos de perdón, amor o desamor, reproches y otros.

EL SUICIDA NO PIERDE CONTACTO CON SU RESPONSABILIDAD

La falta de un perfil personal consistente dificulta la identificación de los adolescentes que presentan riesgos de suicidio.

Previo a este estudio de campo, se realizó una clasificación de aspectos primarios y secundarios que prevalecen en los sujetos depresivos, “definimos aquellas conductas que identifican al bipolar –señala Cerda Pérez–, tenemos los trastornos afectivos primarios, secundarios, después tenemos una serie de factores como el alcohol, las drogas, la esquizofrenia y otros”.

Aún dentro del estado de confusión, el análisis detecta que el suicida no pierde contacto con sus sentimientos y responsabilidades. Destacando que sólo dos de veinte suicidas afirman estarse quitando la vida porque están mal de la cabeza, el resto habla de tristeza y de que no se sienten bien, pero no reconocen su estado depresivo, por lo cual no recibió un tratamiento a tiempo; además que dedican muy poco espacio a la figura de Dios.

“La mayor sorpresa fue encontrar que el suicida aun en su estado depresivo no pierde su capacidad de lógica aun y cuando esté narrando la lógica de su propia vida o de su propia muerte a través del discurso mágico, el desafórico y el tópico”, narró Cerda Pérez.

El análisis del discurso de los sobrevivientes evidencias indican un sentido irreal de la desesperanza que constituye uno de los factores más cruciales en el desarrollo de un deseo suicida.

”Seguro hay un pensamiento tortuoso donde el suicida se vio en una trampa de la cual creyó no iba a poder escapar y seguramente llegó a la conclusión de que sus problemas eran irresolubles, además de que su sufrimiento le ha de haber sido tan intolerable y sentido como algo interminable que llegó a creer erróneamente que el suicidio era la única forma de escape”, asegura el Dr. Jorge Garza, psiquiatra y maestro de la Facultad de Psicología.

Por otro lado, se determinó también que los problemas que se detectan en el uso del lenguaje escrito como los errores ortográficos tienen mucho que ver con el nivel educativo, que en 90% llega a educación media; lo cual corresponde al análisis de contenido de las cartas de los suicidas.

UN ACTO PERSONAL SE VUELVE INTERPERSONAL

Para dar paso al análisis de las familias se seleccionaron a cinco de suicidas que dejaron cartas y se hizo un diagnóstico psicoterapéutico a éstas, por lo que fue necesario el contrato de autorización.

“Una vez que la persona decide quitarse la vida el problema no termina ahí, pues el sentido de fracaso es legado a la familia de una forma bastante importante, se transmite como una especie de herencia psicológica con evidentes impactos negativos”.

Referente a la visión terapéutica sobre las familias analizadas a nivel psicosocial, Garza señala que como el suicida deja de existir, los únicos seres en quienes su acción puede tener impacto son aquellos quienes lo sobreviven y han estado en contacto con él.

“Para ellos es que tiene significado el suicidio”, aclara.

Por ello, el análisis de este acto debe cambiar de un examen del muerto a un examen de los vivos, ya que “el acto de morir por suicidio es difícil de comprender por parte de los miembros sobrevivientes de la familia y su secuela emocional patológica puede ser algo permanente para ellos.

“El suicidio, en apariencia un acto intensamente personal, ha llegado a ser considerado uno con dimensiones interpersonales; una de las áreas relativamente inexploradas es la respuesta de las personas íntimamente afectadas por este acto”.

El proceso psicoterapéutico es un estudio de casos que permite profundizar en la búsqueda de quien se ha denominado la víctima prospecto, es decir, ¿por quién me mato?

Indudablemente el impacto inicial que produce la muerte convierte a toda la familia en víctima de la violencia que representa la autoinmolación, pero como proceso psicoterapéutico se avocaron a buscar al afectado o afectados.

Una vez acordado el proceso terapéutico se realizaron seis sesiones grupales de tres horas cada una y cuatro sesiones individuales de una hora.

En la primera sesión asistió la familia, en cuanto a las sesiones individuales contemplaron a dos miembros; el proceso terapéutico siguió la siguiente secuencia: Primero el contrato donde se ofrece la psicoterapia, aunque en ese momento de duelo es difícil convencerla de que se les puede ayudar; después la reconstrucción del suceso previo al suicidio; continuando con una revisión del acto suicida y la resignificación del suceso, es decir la aceptación de la muerte o reconciliación con la vida; y por último construir o descubrir un significado, una misión del suicida en la vida.

“Esto es vital para la salud de los sobrevivientes”, subraya Garza.

Por otro lado, las familias coincidieron en el maltrato de algunos medios al no tener recato al tratar el suceso de sus seres queridos, y cuentan que se vieron afectados por la vergüenza e impotentes por no poder reclamar nada.

El subprocurador del Ministerio Público Aldo Fasci Zuazua recalcó la necesidad de que los padres sean los primeros en abrir los ojos y detectar las señales de alerta, “nunca vemos lo que hay dentro de nuestra casa, 20% de los suicidas deja carta, es una muestra de que algo en la familia no funcionó bien y provoca una violencia dentro de ellas.

“Diez homicidios y tres intentos de homicidio al mes, 17 suicidios y veinte intentos de suicidio por semana (nada más en la Clínica 2), nos dice que hay un problema de comunicación al interior de las familias, con el sector gubernamental y no gubernamental, incluso con la Iglesia y del Estado con la sociedad.

“Tenemos que ver claramente que estamos hablando de un problema de salud social y ponerle más atención.”

En cuanto a las conclusiones, se refirieron a la necesidad de apoyo para las familias a nivel institucional tanto del sector educativo como de salud, de la iniciativa privada y los medios de comunicación social, las organizaciones no gubernamentales y las iglesias.

“Percibimos en el ambiente social una ausencia de apoyos institucionales para las familias, una falta de coordinación entre las instituciones públicas, privadas de orden gubernamental y con un trato de no entender a la familias de los suicidas”, dijo la catedrática.

Además la investigación ofrece una serie de recomendaciones:

1. Dejar de considerar la salud mental como un lujo para verla como una prioridad.

2. Establecer campañas de prevención para informar a las familias a dónde pueden acudir en caso de estar pasando por momentos depresivos, donde se hable de la sintomatología, pero también de la posibilidad de cura. Esta campaña debe ser a través de los medios, los cuales tienen una enorme responsabilidad y una gran influencia entre la comunidad.

3. La necesidad de efectuar adecuaciones de tipo jurídico en respaldo de estas familias.

4. Seguir investigando, abarcando hasta donde existe una deficiencia en los servicios de salud mental, revisar el índice de servidores por población para actualizarlo a las necesidades presentes.

5. Poner atención en la violencia familiar como síntomas de una enfermedad social que amerita atención general y a los fenómenos provocados por la rutina o el excedente de trabajo emocional.

Finalmente recalcó que el suicidio es una tragedia que afecta no sólo al individuo, sino también a la familia, los amigos y la comunidad donde vivía, pues a menudo se asume como un fracaso personal por parte de padres, amigos y médicos que cargan con la culpa por no detectar a tiempo signos que los alerten.

También es considerado como un fracaso por la comunidad, al servir de vivo recordatorio de que la sociedad, a menudo, no entrega un ambiente saludable donde los niños crezcan y se desarrollen.

Herramientas personales