El chelo como protagonista en la Orquesta Sinfónica de la UANL

De WikiNoticias UANL

30 de mayo de 2006

El gran protagonista en el segundo concierto que la Orquesta Sinfónica ofreciera dentro del Festival Alfonsino, fue el violonchelo que en manos de David Cohen y la conducción del austriaco Martin Sieghart, regaló una apasionada y vibrante ejecución del concierto de Schumann.

El violonchelo fue el gran protagonista en el concierto que la Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de Nuevo León (OSUANL) ejecutó el jueves 25 de mayo de 2006 en el Teatro de la Ciudad, también en coordinación con el Fórum Internacional de las Culturas, gracias al cual el público disfrutó de tres obras nacidas del genio de Shostakovich, Schumann y Brahms.

En esta ocasión se contó con la presencia del chelista belga David Cohen y el director huésped Martin Sieghart, proveniente de Viena, Austria, dos artistas de gran factura a nivel internacional.

La primera pieza fue la Obertura Festiva, Opus 96, de Dimitri Shostakovich (1906-1975), considerado como “el más calificado representante del sinfonismo moderno”, la cual fue escrita en 1947 para conmemorar el trigésimo aniversario de la revolución rusa y ejecutada por primera vez en Moscú el 6 de noviembre de 1954.

La OSUANL brindó una interpretación briosa y relajada, confirmado el calificativo que identifica a la obra, que pertenece a las obras libres que escribiera Shostakovich por encargo y que no entran en la categoría de sinfonías.

Con toda la experiencia que le precede –debutó en 1986 como director de la Orquesta Sinfónica de Viena– Martin Sieghart hizo gala de soltura y precisión a la hora de dirigir al ensamble, mismo que a lo largo del concierto dio todo de sí, en especial el área de percusiones. El resultado fue que desde el final de esta pieza el público regaló una efusiva ovación de pie, acto que se repitió con cada una de las obras.

El debate entre quienes conocen la obra del compositor ruso se orienta por un lado, a ubicarlo como el compositor oficial de la ex Unión Soviética, una suerte de consentido y portavoz de la vida artística de este bloque; pero por el otro, el creador de la ópera “Lady Macbeth”, hecho que lo obligó a guardar silencio creativo hasta la muerte de Stalin en 1953 debido al contenido irónico en contra del régimen.

Luego vendría el Concierto en La Menor para violonchelo y orquesta Opus 129, de Robert Schumann (1810-1856), a cargo de David Cohen, joven y brillante promesa artística.

El belga nacido en 1980 en el seno de una familia de músicos y cuyo primer acercamiento al chello fue cuando tenía tan sólo siete años de edad, brindó una ejecución magnífica, apasionada y vibrante de esta obra, considerada como “la manifestación de todos los bienes” de Schumann, muerto prematuramente a los 46 años de edad.

La vida del compositor alemán, marcada por la tragedia –crisis depresivas, enfermedades, pérdidas– dejó como legado un sinfín de obras maestras que reflejan en más de una ocasión su situación anímica. Su prometedora carrera como pianista quedó trunca cuando creó un aparato para fortalecer el cuarto dedo de la mano, el cual lo inutilizó, volcándose en la composición y la crítica musical.

Apoyado en todo momento por un conjunto sólido y participativo, Cohen se echó a la bolsa al público tanto por su interpretación como por su gentileza y sentido del humor. Lo primero ocurrió cuando, al concluir la obra de Schumann entregase el ramo de flores que recibió como gesto de cortesía a Temenoujka Todorova Ostreva, chelista principal de la orquesta; mientras que lo segundo resultó evidente cuando, ante la apabullante ovación de los asistentes, tomara su violonchelo y lo hiciera dar una reverencia como agradecimiento. Cohen entró y salió tres veces del escenario para finalmente ofrecer como encore el fragmento de una marcha de Sergei Prokofiev (1891-1953).

Como epílogo se escuchó la Segunda Sinfonía en Re Menor, de Johannes Brahms (1833-1897), considerada por su autor como la obra más triste que jamás había escrito, aunque más de uno discrepa de esta opinión.

Los cuatro movimientos que componen la sinfonía resultaron tanto un viaje a los aires bucólicos y pastoriles que el compositor disfrutó tanto durante sus paseos por los bosques de Viena, como algunos pasajes lúgubres, remembranzas y nostalgia, cerrando con un cuarto movimiento frenético, emotivo y gozoso.

Al final de la sinfonía, Sieghart y la OSUANL cosecharon un éxito más gracias a su talento, sensibilidad y profesionalismo, hecho que el público reconoció efusivamente con aplausos y silbidos.

Al igual que Cohen, Martin Sieghart, que en breve debutará con la London Philarmonia Orchestra, recibió un ramo floral, que ofreció como reconocimiento al ensamble.


Herramientas personales