El Tigre es una labor de amor, voluntad y esfuerzo

De WikiNoticias UANL

14 de septiembre de 2005

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Los caminos del Premio a las Artes UANL y de El Tigre por fin se encontraron después de una trayectoria de quince años de trabajo continuo que ha traído como resultado no sólo una docena de discos, presentaciones al lado de figuras de talla nacional e internacional o puestas en escena de programas temáticos, sino el respeto y el reconocimiento que era una deuda pendiente para con el grupo de música tradicional.

En un momento justo, en los quince años de trayectoria del grupo de música tradicional El Tigre llegó el Premio a las Artes UANL 2005 en el rubro de Artes Auditivas este 14 de septiembre de 2005.

“Los dos caminos por fin se encontraron –dice Luis Carlos López, Maico–, el del premio y el de El Tigre.”

El grupo que lo recibe es muy distinto al nacido en 1990, “además de que estamos más gordos”, confiesa en broma Maico, sus integrantes han alcanzado un nivel de maduración tanto personal como musical.

Mayito Solórzano, quien participara en la primera etapa de El Tigre, le hizo ver en las grabaciones del disco Ave Fénix esta maduración, incluso en la forma de sugerir cambios, adecuaciones o arreglos para una pieza, es más amable y constructiva, muy diferente a las descalificaciones en que les hacían caer los ímpetus juveniles hace quince años.

En todo este tiempo, el trabajo de cada uno de ellos les ha permitido lograr un nivel musical homogéneo, además el hecho de interpretar música de diversos países “te hace avispar los sentidos”, explica el director fundador.

“Escuchar mucha música, leer mucha bibliografía, mantener contacto directo con los músicos tradicionales ha sido la escuela principal, pero también los años hacen su trabajo.” El resultado es un sonido de mejor factura, “con menos adorno y filigrana” del principio cuando, reconoce Maico, se exageraba en los detalles.

“Ahora buscamos un sonido más contundente y eso es parte de la misma escuela que se ha creado, podemos hablar de que El Tigre es una escuela porque no suena a los grupos que tuvimos como referencia en algún momento como Los Folcloristas o Inti Illimani y algunos otros, ahora El Tigre suena a El Tigre aun interpretando música de diversos géneros, intentando recrearla con los sonidos y voces particulares.”

Y es que el grupo no pretende ahora, como antes, interpretar la música como se interpreta en cada región, para empezar sería muy difícil, aclara Maico, porque tiene mucho que ver con la forma de hablar. “A veces es difícil de reproducir eso, pero tratamos de hacerlo lo más cercano posible, aunque siempre aportando nuestro sello, nunca vamos a dejar de ser músicos norestenses tocando música de otras regiones.

“Vivir en Monterrey tiene que ver con las influencias que recibimos de gente que viene de Argentina, Venezuela, Cuba o Brasil, retomar elementos y aplicarlos a nivel tanto musical como escénico”.

El Tigre se ha enriquecido además con el bagaje de los distintos géneros que sus integrantes abordan en el ámbito fuera del universitario. Es producto, por ejemplo, de las aportaciones de la influencia cubana a través de Gilberto Valerio Santana con su reconocida percusión y forma de cantar, del mariachi por medio de Isidoro Martínez Barbosa “Lolo”, Andrés Martínez Barbosa, Édgar Antonio Martínez Contreras “Tony” y Carlos Crispín Gallardo “Perico”; de la música andina de Luis Humberto Garza Santos, Sabino Arturo Reybal Ramírez, Óscar Enrique Páez “Frijolito” y Javier Sauceda Méndez; de la tradicional mexicana con Héctor Hugo Ramírez Olveda y David Pacheco Juárez.

“La dirección de El Tigre es más colectiva de cuando yo lo formé, en ese entonces yo tomaba casi la última decisión, ahora lo que hago más bien es coordinar los esfuerzos y darle cuerpo temático a cada programa y grabación, musicalmente tengo muy poco que enseñarles”.

El Tigre nació bajo la referencia de otros grupos existentes en universidades como la Veracruzana, Coahuila, Durango, Zacatecas y Ciudad Juárez.

La idea original, cuando le mandó hablar a Maico el rector Gregorio Farías Longoria, a través del ingeniero Humberto Torres, coordinador de Difusión Cultural, era formar un grupo semejante a esos.

“Yo siempre con la piedra que tengo prefiero tirar al guajolote que al pollito y dije, quizá con esa soberbia que te dan los veinticinco años de edad, vamos a hacer uno mejor, que tenga énfasis en la música norestense, que toque todo el espectro de la música tradicional de México y desde luego del continente americano, que fuera, y lo subrayo, un grupo bolivariano.

“Si en el sentido de la vida práctica y política no podemos tener una cultura bolivariana, al menos musicalmente sí, somos tan mexicanos como podemos ser nicaragüenses o portorriqueños”.

El Tigre es un producto directo de los movimientos musicales y propuestas artísticas de los setenta, aquellas que tenían que ver con la corriente de izquierda generada en el continente fuertemente inspirada por la Revolución cubana, el movimiento Tupac Amaru de Uruguay, que se retroalimentó con las experiencias de El Salvador y Nicaragua en los ochenta.

Algunos de los futuros integrantes del grupo universitario estuvieron muy cercanos a todo este movimiento a través de la nueva canción como Maico y Valerio con el grupo Militante de la Prepa 9, Javier, Sabino y Pacheco con Sahuaro; Luis Humberto con Chicano o Pionero y Hugo con La Brecha de Coahuila.

¿El Tigre mantiene esa ideología de la que es producto?

“Sería amable si digo que somos centro izquierda, por así decirlo, siempre está ahí, no la nostalgia, porque todavía es una convicción y cuestión de principios, tender hacia la solidaridad popular, no puede ser de otra forma.

Maico advierte que no se debe caer en los extremos, “alguien muy izquierdista o muy derechista es igual de sospechoso”.

Pero reconoce como obvia la fuerza que toma de nuevo la izquierda en América Latina y en México, porque cada vez estamos más pobres.

Quince años de arduo y continuo trabajo e incansable constancia tomando la música de los pueblos de América como su bandera, la mexicana como su identidad y la del noreste como su casa, El Tigre empieza a realizar fusiones y a tratar de manejar un concepto más orquestal; cualquier pieza es capaz de recrearla con instrumentos sonoramente acordes. De esta forma puede abordar desde un fara-fara hasta una danza aymará argentina.

Pero aclara Maico: “El Tigre no es ni ortodoxo ni experimental, tenemos bases rítmicas y teóricas bastante definidas como para experimentar, a lo más que podemos llegar es a las fusiones”.

Después de etapas difíciles, de incomprensión y divisiones, El Tigre se reagrupa, sus trece elementos, independiente de los roces propios de la convivencia diaria, están hermanados en un proyecto que pasa por un momento particularmente importante que incluye giras y nuevas grabaciones.

Hoy, y el Premio a las Artes UANL 2005 lo reafirma, goza de un reconocimiento en el medio artístico, cultural y periodístico del país, por lo que se impone como un paso natural su proyección en otros países que les permita ampliar el círculo de contactos y amigos.

Los sueldos, por modestos que sean, no detienen a los músicos en su afán de seguir llevando con orgullo el nombre de la Universidad Autónoma de Nuevo León en cuanto escenario local, nacional e internacional se presente, porque El Tigre se ha convertido para todos ellos “más que todo es una labor de amor, voluntad y esfuerzo”.

“Da gusto que vean a El Tigre y a sus integrantes con respeto –dice Maico–, como una entidad seria y esto ha sido resultado de los años”.

La presunción de que hizo gala aquella ocasión en que dijo que haría un grupo mejor que el del resto de las universidades del país, “afortunadamente pude cumplirla”.

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