Eduardo Milán en Colegio Civil Centro Cultural Universitario

De WikiNoticias UANL

29 de febrero de 2008

Eduardo Milán ofreció en Colegio Civil Centro Cultural Universitario un Seminario de Poesía Contemporánea.

Una mixtura de influencias diversas ha provocado la inspiración poética de Eduardo Milán: el paterno acento uruguayo, la musicalidad brasileña del idioma de su madre, las vivencias de conflictos políticos, el padre preso, la madre ausente, México como nueva casa que lo alejaba de persecuciones de los regímenes militares en su país, y una consecuente preocupación por el mundo que ha sabido plasmar en su vasta obra.

De visita en el Colegio Civil Centro Cultural de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), el poeta, ensayista y crítico uruguayo radicado desde 1979 en México, impartió el Seminario de Poesía Contemporánea donde reflexionó sobre la crisis de la vanguardia y la vuelta a la tradición en la producción poética actual.

“A esta gente yo les he planteado una visión de la poesía, un enfoque que ellos no tienen, pues ellos vienen de un enfoque otorgado a la poesía como una especie de dato sobre un hecho inamovible. Pero he logrado interesarlos, aunque tampoco compartan totalmente lo que digo.

“La poesía puede ser subjetiva en cuanto a su manifestación, pero ya fuera del titular, del emisor, del autor, adquiere una categoría de entidad exterior y como tal se puede tratar. Pertenece al terreno del arte y el arte pertenece al terreno de la cultura, y la cultura pertenece al terreno de la historia, entonces uno puede situar cierto producto, o ciertas manifestaciones a raíz de las problemáticas que se viven en el presente”.

Milán no descarta la utilidad de una mirada al pasado para manifestarse en el arte, pero cree preciso que cada artista se concentre en la intención de escribir el presente.

“Muchos viajan al pasado para ver cómo eran las cosas, como si el pasado fuera lo que se representa de él, y no una escritura, una versión de lo que fue. Por eso se dice que las tradiciones están arruinadas, porque nunca son lo que uno cree que son, ese modelo griego de la historia como ejemplar, ya no funciona más, porque se sabe que son versiones de la realidad. Lo que hago yo, y una serie de gente, es que a raíz de ciertos intereses del presente, ubico una cierta poesía que pasó, que pertenece a un siglo, a una época, como la época moderna por ejemplo, y trato de encontrar o verificar problemas, que es lo que me interesa a mi”.

Además de su producción como poeta y crítico, Milán acaba de hacer una antología de poesía latinoamericana, con escritores nacidos entre el periodo de 1950 y 1965, lo cual le deja manejar el tema con ciertos parámetros específicos.

“La situación de la poesía latinoamericana actual es un poco caótica, no existen parámetros fijos como existían hace 50 años atrás, hay una especie de incertidumbre sobre todo formal, todas las formas coexisten en una multiplicidad que a veces va a una especie de parálisis, por lo que uno no las puede evaluar.

“Tampoco soy un tasador, yo no hago crítica literaria, yo escribo ensayos sobre reflexión poética, que es otra historia, y escribo poesía, de manera que yo no soy uno que sale a decir esto sí y esto no. Puedo apostar por cosas, pero en términos de sinceridad sé que el arte y la poesía no escapan a esta dinámica de repetición que va a durar un tiempo, porque se perdió en términos civilizatorios aquella direccionalidad de un progreso y de una determinación del mundo y no sé si lo podremos recuperar”.

El poeta analizó además los vínculos del fenómeno de la escritura con la vida política y la realidad global.

“Hace 50 años el sistema capitalista tenía la posibilidad de una alternativa en el sistema socialista realmente existente, ahora no existe eso, las posibilidades de transformación radical son muy difíciles, sin embargo las diferencias sociales y el papel del capital transnacional son devastadores, todo eso lo sabemos, intentamos manejarlo como podemos, pero eso influye en la producción poética, en la escritura, porque acota sentidos, ¿para qué escribimos? ¿para qué hacemos arte? para exponer, para publicar, y ¿después? ¿hasta otro libro? ¿otra exposición? ¿otro concierto? y se nos va la vida”.

Desde su perspectiva el acto de escribir, de publicar, de producir, debe estar sustentado por una intencionalidad que aporte elementos a la historia contemporánea.

“Parecería que el arte en general tiene un lugar muy variable, casi de polos encontrados, en su posibilidad de sobrevivencia, uno sería la absoluta degradación de la figura del artista que heredamos del renacimiento, el artista protegido por la iglesia o por la nobleza y tal, y tomarlo como una especie de individuo que hace cosas, y que no se sabe muy bien qué valor o qué interés pueden tener para la cultura. O de lo contrario, son llevados como objetos de culto, donde se observa la figura un poco independiente y confundida de la obra, generalmente se exalta más la figura de un escritor que se lee y se conserva como una especie de cuerpo extraño o especie rara de una civilización cuyo sentido se perdió y quedan estos testigos que trazan unos signos para quien venga y lea, si es que alguien viene y lee.”

Autor de volúmenes como Estación estaciones, Errar, Nervadura, Nivel medio verdadero de las aguas que se besan, Razón de amor y un acto de fe, Alegrial, que le valió en 1997 el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes y Querencia, gracia y otros poemas, del 2003 entre otros, a su obra se añaden dos importantes recopilaciones de ensayos publicadas en México: Una cierta mirada en 1998 y Trata de no ser constructor de ruinas en 2003. No ha perdido el acento sureño ni el recuerdo de toda su vida, pero ¿qué ha ganado con México?

“He ganado bastante, en primer lugar conocí y me inserté hasta donde es posible en un país totalmente diferente al mío; Uruguay es un país en primer lugar muy pequeño, de 3 millones de habitantes y 75 mil kilómetros cuadrados, muy despoblado, y esto es un monstruo comparado con aquello... y es una cultura que desde el ángulo de mirada de un uruguayo, tiene una cierta dosis de irracionalidad que a mí me ha hecho bien porque yo también soy un poco delirante. Ese contraste hace bien, uno desarrolla otra capacidad, otra visión, y eso sirve mucho para la escritura”.

Con un profundo respeto por poetas como César Vallejo, -a quien llama “una categoría universal”-, por Nicanor Parra, José Lezama Lima y en general la poesía norteamericana, que considera “notable y diametralmente opuesta al sistema económico y a los gobiernos norteamericanos” y la poesía brasileña, lengua original de su madre, Milán expresa su exhortación a los creadores de poesía.

“Que traten de tomar el lenguaje poético como algo absolutamente extraño, el gran enemigo del lenguaje poético es la familiaridad, si usted es poeta y profesor de literatura, tiene muchas menos posibilidades de hacer un buen poema que un ingeniero o un economista que ven el lenguaje poético como algo absolutamente extraño.

“La extrañeza ante el lenguaje poético otorga una gran libertad de maniobra y de manipulación del lenguaje, lo peor que le puede pasar a un poeta es enamorarse de las palabras, del lenguaje, de la historia de la poesía y de los grandes poetas, cosa que es medio difícil, pues uno sabe que pertenece o quiere pertenecer a esa genealogía, pero hay que hacer ejercicios de extrañamiento constantemente”.

Le preguntamos por sus libros, por el sentimiento afectivo hacia lo que ha producido.

“Hay libros que me gustan mucho y otros que no me gustan nada, hay un libro que escribí en Uruguay que se llama Estación Estaciones que me gusta mucho, es de lo primero que escribí, hay un libro que se llama Errar, y otro, Acción que un momento creí gracia del 2005, hay un libro que acaba de salir, se llama Índice al Sistema del Arrase, pero hay una cantidad de matices en estos libros, por lo que esto puede ser muy subjetivo, uno no puede ser jamás el juez de lo que hace.

“Yo soy un poco como en mis versos, y soy un poco más frágil y un poco más duro que eso, es una especie de equilibrio verosímil... tampoco uno se va a presentar ni como un monstruo ni como un desvalido”.

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