Diario del regiomontano universal

De WikiNoticias UANL

26 de mayo de 2009

Adolfo Castañón zurce los hilos del esplendor intelectual y anecdótico del Alfonso Reyes embajador en Argentina (1927-1930).

Alfonso Reyes aceptó y cumplió con creces la misión que sólo él podría cumplir de restablecer las relaciones diplomáticas con el eje latinoamericano representado en Argentina. En poesía, espíritu y política llevaba al México posrevolucionario.

Como ya había escrito la mayor parte de su obra literaria, su figura intelectual sería el conector de los vasos comunicantes de México con América Latina, tal como Bolívar para La Patria Grande.

Estos argumentos dio el escritor y crítico literario Adolfo Castañón (ciudad de México, 1952) en la conferencia “Los días del esplendor. Alfonso Reyes en Buenos Aires (1927-1930)” celebrada en la Sala Francisco Zertuche del Colegio Civil Centro Cultural Universitario.

La ponencia de Castañón se basó en un borrador o adelanto del Diario de Alfonso Reyes, obra en proceso de edición a cargo de algunas de las más importantes instituciones editoriales y académicas en México y estudiosos de su obra.

Todavía en Madrid o París, los años del autoexilio, serán provechosos para Reyes pues son los más fructíferos como escritor, contextualizó al ganador del Premio Xavier Villaurrutia en 2008 por “Viaje a México”.

Se gana la vida con la pluma y la inteligencia. Es traductor y editor de clásicos, investigador del Centro de Estudios Históricos, publica reseñas de filología. “En fin, se ha asociado con la crema y nata de la literatura española de vanguardia.”, dijo.

Reyes, entonces de 38 años, es ya una celebridad, lo envuelven en un resplandor carismático un intangible capital de saludos, amistades y admiraciones.

Quizá por lo anterior el entonces presidente Plutarco Elías Calles lo llamó para encargarle la compleja y delicada misión diplomática de abrir la embajada mexicana en Argentina luego de descender los lazos en América Latina tras la violenta Revolución Mexicana.

Según Castañón, el regiomontano recibiría las piezas sueltas del rompecabezas mexicano por armar en Argentina relacionadas con la intercomunicación entre ambos pueblos.

Para Reyes su cargo es un paso adelante en la institucionalización de México en la región, en un Buenos Aires como eje de Latinoamérica.

Recién pisa la Argentina y se encuentra con su amigo Jorge Luis Borges, de entonces 28 años, y figuras intelectuales como Victoria Ocampo, Xul Solar, Leopoldo Lugones o Adolfo Bioy Casares.

“A lo largo del diario Alfonso Reyes va dejando constancia de esa increíble vida pública, cuyo testimonio perdurará a través de sus epistolarios y su obra creativa.”

En consideración del conferencista, Reyes “trae en la cabeza zumbando ese anfibio llamado la identidad mexicana” y la obra Los dos augures. Sin embargo, advierte el filólogo, no todo lo del diario está en su obra y viceversa.

“Era tiempo de organizar todos sus escritos. Faltaba el escritor, narrador, y poeta de la realidad, el político, el clásico.”, dijo el crítico literario.

El periodo argentino traería satisfacciones y sinsabores e incomprensibles enconos. Además, en su gestión como embajador en Buenos Aires, “Reyes tiene al enemigo de la inteligencia posrevolucionaria de Obregón y Calles.”

En la mente de Reyes están las obras de Stéphane Mallarmé y Luis de Góngora. Los papeles salen de su escritorio y regresan siendo libros. Y, además de la enorme vida social, tuvo tiempo para inventar un vocabulario castizo sobre el golf.

“Eso le abre aún más las puertas pues sus conferencias eran mejor recibidas que las de José Ortega y Gasset, con quien, por cierto, llevó una relación rica e íntima pero con desencantos”.

En opinión de Castañón, Ortega y Gasset tuvo cierta envidia de Alfonso Reyes. Se empezaron a enfriar las relaciones, al parecer, por un ensayo donde el español critica a Goethe, autor imprescindible para Reyes.

Su cargo fue un proyecto político y diplomático de hermanar a ambos pueblos. Fue un embajador oficial, espiritual y poético.

“Su discurso político y diplomático tenía, no poco, de persuasor y el de convencer a sus pares pues era un escritor con un puñado de voluntades.” Finalmente, concluye Castañón, “la búsqueda de Reyes era encontrarse ‘hombres libres y contentos con su felicidad por las calles’; eso deseaba para el mexicano.”

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