Desentrañar la correspondencia alfonsina es una tarea pendiente

De WikiNoticias UANL

30 de mayo de 2006

Frente a la vastedad de su obra epistolar, los 26 volúmenes de las obras completas de Alfonso Reyes resultarían pequeños. Cuatro gavetas archivadoras y varios repositorios dispersos con sus cartas, esperan, en opinión de Alberto Enriquez Perea, un exhaustivo estudio para completar la biografía política, intelectual y espiritual del regiomontano.

Alberto Enriquez Perea ha estudiado el epistolario de Alfonso Reyes con diversas figuras españolas como José Gaos, Luis Cernuda y María Zambrano de cuya relación vino hablar en la Capilla Alfonsina.

La joven filósofa entabló una amistad respetuosa y pausada con Reyes a través de una correspondencia iniciada el 5 de mayo de 1939 y concluida con la muerte del escritor en 1959 que deja constancia exacta no sólo de sus trabajos y proyectos, sino del carácter humanista de ambos espíritus.

El Profesor en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México y miembro del Sistema Nacional de Investigadores considera que el estudio de la vasta correspondencia del Regiomontano Universal es una tarea pendiente a la hora de elaborar su biografía política, espiritual y cultural.

¿Por qué Reyes fue tan proclive a mantener correspondencia?

Yo creo que puede haber varias explicaciones, la primera es la necesidad de comunicarse, él era una persona que necesitaba estar en contacto con diferentes grupos, personas e instituciones, entonces la correspondencia es vastísima, es una de las más valiosas de los escritores contemporáneos.

En segundo lugar, es una forma de tomar el pulso del país, recordemos que Reyes estuvo mucho tiempo fuera de México a partir de 1914.

¿El género epistolar como campo de estudio qué tan explotado está?

Yo creo que se ha avanzado, hay compañeros que lo han hecho de una manera acertada, incluso, preguntaría, ¿vale la pena publicar todo el epistolario de Alfonso Reyes?, yo diría que sí y la prueba es que él mismo le dio una importancia extraordinaria porque empezó a editar su correspondencia, tenía mucha conciencia de lo que significaba una carta que enviaba como testimonio de lo que estaba haciendo.

Hay varias facetas en su correspondencia, si quieres hacer una historia intelectual, por ejemplo, las cartas con los libreros, que aparentemente no tienen ningún sentido, te permiten saber qué libros pedía, en qué idiomas y quiénes eran sus proveedores.

Una tarea que nos hace falta es entrarle de lleno a estudiar la correspondencia porque cuando se tenga que hacer la biografía política, espiritual y cultural de Alfonso Reyes, se tendría mucho material.

Reyes es un gran hombre de letras, pero también hay otros campos que no hemos explorado, el campo de la filosofía, del pensamiento hispanoamericano, de las relaciones diplomáticas y las relaciones entre los intelectuales. Falta sacarle provecho a las cartas, hay un trabajo en el sentido de desentrañar que es lo que dicen.

¿Un estudio epistolar que implica?

Es un aspecto que debemos revalorar mucho. Juntar las cartas y publicarlas, está muy bien, es valioso, pero siempre he dicho que una carta así, es nuevamente un papel de archivo, debemos avanzar un poco más, necesitan una buena introducción y anotaciones lo más exhaustivas que se puedan para que las cartas cobren vida.

En ese contexto ¿cuál es el lugar que ocupa su correspondencia con María Zambrano?

Ocupa un lugar muy importante porque inicia en 1939, que es una fecha crucial no sólo en la vida de Reyes sino de México y España. En ese año Reyes regresa de su última misión diplomática para hacerse cargo de la Casa de España en México, institución símbolo de la relación y hermandad entre ambos países en un momento definitivo de su vida política, cuando salen miles de españoles tras la muerte de la República.

No sólo es una casa donde llegan escritores o filósofos, sino sociólogos, oftalmólogos a recibir un apoyo solidario. Pero don Alfonso quiere ir más allá, se preocupa por darle a la casa el carácter de una institución eminentemente educativa, de alta cultura donde sus miembros, personas de lo más valioso, van a derramar la sabia de su preparación intelectual y académica.

En ese contexto, está la figura de María Zambrano, una joven filósofa, discípula de Ortega y Gasset, quien acepta una invitación de Daniel Cossío Villegas para venir a México, y aquí es donde se encuentra con Alfonso Reyes.

¿Qué encontramos en esa relación?

Es una correspondencia que se puede ver en varios niveles, lo primero que se ve es que las cartas están dirigidas al presidente de un instituto fundado por Lázaro Cárdenas para auxiliar al exilio español, qué mejor interlocutor para María para decirle sus preocupaciones y sus deseos y, en ese sentido, don Alfonso trata de ayudarla en todo lo que sea para su desarrollo intelectual. Esa es una parte de la relación amistosa y cordial de un dirigente de una institución que sabe su papel hacia un miembro de la casa.

Por otro lado, está la responsabilidad intelectual, son gente que trabaja, son profesionales, están al tanto de lo que hacen de lo que publican, se mandan libros. Tuvieron sus discrepancias, es común entre los intelectuales, pero sin perder la educación y el trato respetuoso.

Pero también tenían vida para otras cosas, eso podemos verlo también en las cartas con María Zambrano, Reyes menciona su gusto por la vida, se reía de sus propias enfermedades, jugaba con todo para darle sentido a la vida.

¿Personalmente no se vieron mucho?

Desafortunadamente por diversas razones, una de ellas porque María estuvo poco tiempo en México, el trato personal dilató muy poco. Sin embargo, fue suficiente para que entre los dos hubiera una admiración. María Zambrano penetró muy bien en la personalidad de Reyes. Cuando muere, le dedica un documento extraordinario que permite ver la manera como penetró en su esencia personal.

¿El uso de las nuevas tecnologías permitiría actualmente una relación así?

Hoy tenemos el Internet y en unos minutos tenemos la respuesta. Será una nueva forma de relación humana, la memoria histórica será electrónica, pero la palabra no se pierde. Imagino hoy a Reyes frente a una computadora escribiendo por correo electrónico a todos sus amigos, sería un Reyes internauta.


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