Derrumba mitos y preceptos sobre el tango

De WikiNoticias UANL

3 de agosto de 2005

Tercetango interpretó un repertorio de tangos instrumentales a partir de los grandes creadores del género para advertir que no hay nada más falso que carezca de espacio para el humor y el trazo despreocupado.

Tercetango es un terceto de bandoneón, violín y piano que rompe con los viejos mitos y preceptos que comúnmente envuelven a este género proponiendo a su público disfrutar de tangos y milongas y ellos, jugando y divirtiéndose con su interpretación.

“Hay mucha gente que piensa que para hacer tango se debe tener pasaporte argentino o uruguayo y no hay nada más falso que eso”, afirmó el bandoneonista César Olguín, originario de la provincia de Córdoba y con una trayectoria de más de veinte años de intensa labor dentro y fuera del tango.

Tercetango lo demuestra al tener el privilegio de contar con Zbigniew Paleta, el violinista nacido en Cracovia, Polonia, quien ha incursionado en géneros como el clásico, el rock y el jazz, y entonces era seducido por el tango.

“Igualmente se cree que no se puede hacer tango sin bandoneón, esos son algunos mitos que usan algunos con cierta actitud discriminatoria”, agregó el músico. La prueba estaba en que tanto Héctor Antonio “Bocha” Maza, como César Olguín habían tenido el honor de trabajar con destacados artistas que habían elevado y enriquecido este género con su forma, con su lenguaje y con su manera de expresarse.

“Bocha” Maza, pianista de larga trayectoria originario de Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, en este país no había habido artista que fuera argentino o no del género al que no haya acompañado.

Existe otro concepto, aunque no del todo falso de que el tango es un género triste que pareciera estar condicionado por lo lacrimógeno, la dolorosa nostalgia por lo perdido, los sufrimientos del amor y la degradación de la vida y que no tiene en cambio espacio para el humor ni para el trazo despreocupado.

“Muchos de los que subimos a un escenario –señaló Olguín– estamos signados por ese precepto de mostrar esa parte triste; sin embargo, en el tango ha habido no solamente desde lo literario, temas alegres, chuscos, sino también desde lo rítmico.

“Los ritmos que llegaron al Río de la Plata a fines del siglo XIX de mano de los negros africanos que se asentaron en las orillas, dejaron, para fortuna nuestra, esa alegría y esos dos márgenes, por un lado Buenos Aires y su vecino Montevideo, fueron herederos de estos ritmos.

“En el caso particular de Uruguay hoy forma parte de su música nacional y del otro lado, la milonga, podríamos decir, prima hermana de este ritmo el candombe, forma parte del género del tango y su ritmo, alegre y vivaz de alguna manera se contrapone con este concepto de tristeza y agonía que priva en la mayoría de los tangos.”

Las milongas que interpretaron en su concierto en el Teatro Universitario “La trampera” de Aníbal Troilo y “El esquinazo” de Ángel Villoldo animaron al público a seguir la melodías con las palmas de sus manos. “Y si alguien se anima –invitó Olguín– a bailar, por supuesto.”

Este trío seleccionó un repertorio de tangos instrumentales de la extensa gama de compositores del Río de la Plata que en cien años ha dado el género al mundo, algunos conocidos, otros no tanto. Después de su entrada con “Sur” de Aníbal Troilo y Cástulo Castillo, interpretaron desde el considerado himno de los tangos, pero no por ello el más ejecutado ni el más grabado, “La cumparsita” de Gerardo Matos Rodríguez, hasta el más interpretado y grabado, de 1905, “El choclo” de Ángel Villoldo, así como el más gustado por el escritor Jorge Luis Borges, “Felicia” de Enrique Saborido. Hubo bellos tangos como “Organito de la tarde” de Cástulo Castillo, “La cachila” de Eduardo Arolas, “Vida mía”, de la época romántica de los años cincuenta de Osvaldo Fresedo e “Inspiración” de Paulos y Rubinstein.

Desde viejos tangos como el de Donato y Lenzi, “A media luz”, de Agustín Bardi, “Nunca tuvo novio” y “Recuerdo” de Osvaldo Pugliese; pero también hubo de la última época la llamada nueva vanguardia, en la que el bandoneonista, pianista y arreglista Julián Plaza ha dejado un precedente imbo-rrable dentro del género a pesar de su desaparición en 2004; de él interpretaron “Melancólico” y “Danzarín”.

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