Con formas contemporáneas mantienen valor de edificio de perfil clásico

De WikiNoticias UANL

26 de febrero de 2008

Miguel Ángel Rocha Sosa, Nashelly Ricaño Alarcón, José Fernando Cerecer Cota y Jonatan Gallegos Vázquez.

Un proyecto de ampliación del Museo de Historia de San Nicolás de los Garza demandó la creatividad de estudiantes de arquitectura de todo el país mediante el Concurso Joaquín A. Mora, que en su segunda edición convocó la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL).

Miguel Ángel Rocha Sosa, Nashelly Ricaño Alarcón, José Fernando Cerecer Cota y Jonatan Gallegos Vázquez, de la Facultad de Arquitectura de la UANL, ganaron el premio único del jurado, consistente en 61 mil pesos.

Alberto Canavati Espinosa, coordinador del concurso, informó que mantienen la línea del certamen de intervenir sobre inmuebles que tienen un cierto valor patrimonial o histórico.

“Se trabajó con el municipio de San Nicolás a partir de septiembre del año pasado para hacer el intento de rehabilitación de un espacio que ya existe, ya está funcionando, que son las antiguas caballerizas del gran parque San Nicolás, actualmente el recinto del Museo de Historia.”

Las autoridades de San Nicolás se entusiasmaron con la idea de hacer un replanteamiento no solamente de las áreas mismas del museo sino además de las áreas aledañas, tratando de respetar la contextualidad del parque, uno de los espacios verdes más importantes de la zona metropolitana.

Entre treinta y seis equipos inscritos de varias escuelas del país, el equipo de la Máxima Casa de Estudios despuntó con un trabajo audaz y propositivo.

“Respetamos el edificio existente pues representa valores históricos y culturales para el municipio de San Nicolás –relató Nashelly–, pero su tamaño no es suficientemente grande como para albergar todas las funciones del museo, así que empezamos a hacer un análisis de función, teniendo en cuenta los ejes del edificio actual, y en composición con ellos trabajamos ejes nuevos.”

Estructuraron entonces un análisis arquitectónico que complementara los espacios sin representar una agresión al edificio existente. Nashelly cuenta cómo al notar que la fachada principal del edificio quedaba hacia el interior del parque, decidieron darle una fachada exterior.

“Las funciones fueron sugiriendo la forma con las consideraciones al edificio actual y las colocamos lo más adecuadamente según las necesidades del museo, propusimos estacionamientos, integrarlo al parque. Lo convertimos en un museo con dos fachadas principales, una contemporánea y otra como edificio antiguo, para que tanto del parque como del exterior la gente lo viera, lo percibiera, que se dieran cuenta que existe el edificio y lo importante que puede ser.

“Es una forma caprichosa tal vez contemporánea, pero que incorpora los materiales del edificio actual y los revive con formas nuevas, hicimos una mutación de la forma del perfil clásico del edificio así como de un módulo, el cual fuimos deformando y moviendo sus ejes para generar la formas que resultaron.”

Un buen recurso para el equipo fue estudiar los espacios y ver cómo serían integrados a la vida de las personas.

“Nos repartimos el trabajo –dice Fernando Cerecer– fluyeron las ideas, cada quien aportó elementos, uno hizo las láminas de presentación, la explicación del funcionamiento del proyecto, alguien se ocupó de las perspectivas interiores, otro de las exteriores, los cortes arquitectónicos y así nos fuimos a cada siguiente nivel.”

El concurso Joaquín A. Mora no solamente incentiva la sensibilidad por salvaguardar el patrimonio a través de proyectos de intervención, también es un indicador de cómo marchan las escuelas de arquitectura en ese aspecto. Ante tal realidad Jonatan Gallegos habló de la emoción al saberse ganadores del premio único.

“Cuando tienes el primer contacto con el proyecto, te lo imaginas cómo quieres que quede, cada quien agarra un lápiz, bocetea propuestas, algo informal primero, pero luego lo vemos un poco más virtual, más técnico, cada quien trabaja un software, empezamos a trabajar en las funciones, las formas y hay una satisfacción por el trabajo. Pero al ver que hemos sido capaces de ganar el premio entre muchos participantes, es emocionante.”

Además de la UANL, se inscribieron equipos de la Universidad de Guanajuato, Querétaro, Tamaulipas, la Universidad Intercontinental e instituciones de educación superior de Ciudad Juárez, Sonora y Nuevo León.

“Fue un esfuerzo muy grande –dijo Miguel Ángel Rocha–, trabajamos hasta en vacaciones, pero creamos muy buen ambiente entre compañeros, aprendimos unos de otros, le sacamos el mayor provecho posible al terreno, al proyecto en sí y tratamos de que al adherir un edificio nuevo pudiera mantenerse el edificio original y todo su valor arquitectónico.”

CONCURSO HOMENAJE AL PRIMER RESTAURADOR

“El primer restaurador de arquitectura de nuestro estado, a quien se encargó la restauración del Obispado en 1956 cuando no era otra cosa que ruinas, fue Joaquín A. Mora; él hizo una justipreciación de la arquitectura del pasado trayéndola a contextos actuales con propuestas contemporáneas que respetaron las preexistentes”, expresó el Arq. Juan Casas durante la ceremonia de premiación del certamen universitario a la que también asistiera como invitado Héctor Mora Salazar, hijo del homenajeado.

Raúl Cepeda Badillo, entonces director de la Facultad de Arquitectura de la UANL, expresó que el nombre del concurso rinde honores al director fundador de la facultad que en 1947 empezara con diez alumnos a aportar profesionales del área para la región noreste del país.

En su segunda edición, el Concurso Joaquín A. Mora se consolidó como homenaje e incentivo a una formación integral que enriquezca el patrimonio arquitectónico del México contemporáneo.

El arquitecto Adán Lozano, Manuela Flores, del Cedim, Benjamín Valdés, del Instituto Nacional de Antropología e Historia, la museógrafa Alicia Téllez, y el Arq. Rubén Sepúlveda conformaron el jurado. Este último resaltó el compromiso que entraña la profesión de arquitecto, aun desde el periodo de formación.

“Tenemos el compromiso de crear espacios que representen una calidad de vida, diseñamos los lugares donde la gente se va a sentar a desayunar con sus hijos, donde van a permanecer, por eso exijo que cada vez más dignifiquemos nuestra profesión.

“En el caso de este edificio se trataba de darle una contemporaneidad al lugar, resguardar su historia y a la vez darle un uso. Humanizarlo, que no sólo sea una reliquia.”

Kathia Gutiérrez, entonces directora de Cultura de San Nicolás, entregó al equipo ganador el cheque representativo por el monto de 61 mil pesos, felicitó a ganadores, participantes y expresó la intención de las autoridades nicolaítas de materializar el proyecto por su importancia para la vida cultural y el desarrollo del municipio neoleonés.

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