Colapso de la cultura y clase obrera regiomontana

De WikiNoticias UANL

29 de mayo de 2009

Eleocadio Martínez Silva estudió la conformación y transformación de la identidad obrera de los ex trabajadores de Fundidora Monterrey tras su cierre y despido masivo en mayo de 1986.

A lo largo de ocho décadas y media los trabajadores de Fundidora Monterrey establecieron una identidad obrera que con sus logros sindicales, económicos, políticos y sociales, en un contexto de estado social, fue referente de la clase obrera local y regional.

Sin embargo, en mayo de 1986 los cinco mil trabajadores fueron despedidos al decretarse la liquidación de la siderúrgica explicada en razones de nuevas políticas de reconversión industrial y crisis económica.

Sus trabajadores perdieron no sólo su trabajo sino su carácter de sujeto social pleno para convertirse en un actor social subordinado arrojado a la vulnerabilidad y desafiliación.

A partir de esta situación Eleocadio Martínez Silva se cuestiona lo que ocurrió con esa identidad al dejar de ser obreros, qué elementos de ella sobrevivieron y cuáles se transformaron y cómo la reconstruyeron como ex fundidores.

Su investigación titulada Convertirse en ex obreros. Cambios y continuidades en las identidades de los trabajadores de Fundidora de Monterrey, fue publicada por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León y presentada el 25 de mayo de 2009.

A lo largo de estos veintitrés años (a la fecha) los trabajadores asumieron un papel activo al estar inmersos en un proceso de construcción de una identidad ahora como ex fundidores.

La “importante” liquidación y el reforzamiento de sus relaciones, redes y solidaridades les permitió encontrar no sólo empleo sino soporte económico y emocional, en cambio el desgaste de estas redes sociales los hizo enfrentar serios problemas de largo desempleo y desarticulación social.

Para muchos, a pesar del clima de hostigamiento social, su reinserción en el mundo laboral les trajo mejores oportunidades de rehacer sus vidas, muchos organizaron pequeñas empresas de carpintería, torno, mecánica, establecimientos comerciales fijos o semifijos, se emplearon en instituciones como IMSS (Instituto Mexicano del Seguro Social), ISSSTE (Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado), teléfonos, Agua y Drenaje y UANL (Universidad Autónoma de Nuevo León) o en empleos por su cuenta como electricistas, albañiles y plomeros.

Esta experiencia le permitió a Martínez plantear la importancia, en el contexto de una política de flexibilización laboral, de un seguro de desempleo temporal por parte del Estado para coadyuvar en su reinserción en trabajos mejor remunerados.

Su trabajo contribuyó al entendimiento de los efectos económicos, sociales y morales de la ruptura del mundo de vida cotidiana de los fundidores.

Los ex fundidores tienen la impresión de que el cierre se fraguó bajo ciertos intereses, ¿cómo lo percibes?

Fundidora y los trabajadores fueron conejillos de indias, hoy en día toda la industria siderúrgica está en manos de extranjeros, ¿qué casualidad, verdad? Se trató de golpear a sectores obreros muy organizados dentro del sistema siderúrgico nacional para poder reconvertir y hacer transnacional la industria del acero en México.

¿Qué representó desde tu punto de vista el cierre de Fundidora?

Hoy en día, cuando vivimos situaciones de alta inestabilidad laboral, donde el imaginario de la clase obrera actual son las formas de trabajo y contratación en las maquilas, nos habla del fin de la cultura obrera, es decir, los fundidores de alguna manera representaron en su momento el ideal de la clase obrera regiomontana en cuanto a salarios, casas, espacios recreativos.

En este caso no solamente el cierre no sólo fue una derrota para sus trabajadores sino para el conjunto de la clase obrera regiomontana en la medida en que se terminó con una cultura de trabajo que fue altamente favorable para los trabajadores, repito, tomando el contexto actual de la situación de la clase obrera en Monterrey en particular y en el país en general. Hoy en día no conozco una clase obrera referente para el resto del sector trabajador en Monterrey.

Si bien el despido representó una inflexión en sus vidas y las de sus familias, ¿no fue del todo una tragedia?

Es lo correcto, si bien a un sector de trabajadores se le dificultó su reinserción social en el mundo del trabajo en la ciudad, muchos otros pudieron operar en forma adecuada en las nuevas circunstancias y pudieron rehacer sus vidas exitosamente siendo contratistas, fundando talleres. Los trabajadores que lograron rehacer su vida social en el nuevo contexto generalmente fueron aquellos que no tuvieron una fuerte relación con la vida en Fundidora, es decir, pudieron desprenderse más fácil de una cultura de trabajo identitaria construida en la fábrica.

¿Por qué la experiencia de vida de los ex fundidores ayuda a entender mucho a la sociedad regiomontana?

He estudiado otros ex, como a los ex guerrilleros de los setenta y he podido concluir que a éstos la sociedad regiomontana los acogió de una manera adecuada, no hubo un rechazo social en forma importante, se insertaron en la sociedad de una manera tersa; lo curioso es que en el caso de los trabajadores de Fundidora el rechazo social fue muy fuerte, las fábricas ponían letreros donde se solicitaban trabajadores excepto de Fundidora, igual podemos narrar muchos otros aspectos de esa agresividad social hacia ellos. La pregunta es ¿por qué?, ¿por qué se les rechazó y estigmatizó en forma negativa durante muchos años? Te pueden perdonar que hayas sido guerrillero pero no el que hayas construido una cultura desde los trabajadores.

Eso nos lleva a una reflexión profunda para entender a la sociedad regiomontana. La intolerancia hacia muchos aspectos de la vida social de la ciudad es algo central en ella. Por ejemplo, hace poco detuvieron a un grupo de jóvenes grafiteros y sectores de la sociedad aplauden este tipo de acción, en el caso de los fundidores un sector de la sociedad no estaba de acuerdo en que existieran formas de pensar diferentes a la cultura empresarial, entonces se fue creando un imaginario muy negativo en contra de ellos.

¿Esta experiencia refrenda como dices la importancia social del trabajo?

Sigue jugando un papel muy importante en la vida de las personas, el hecho de tener o no trabajo implica el tener una sociedad cohesionada o no, si bien en mis conclusiones aliento la idea de un seguro de desempleo temporal también señalo que por ningún motivo debe desplazarse al trabajo como la principal fuente de cohesión social.

¿Por qué surge la idea de abordar el tema de trabajadores?

Tiene que ver con toda una trayectoria familiar y social de mi parte. Provengo de una familia de trabajadores, mi papá y uno de mis hermanos trabajaron en una fábrica de cerámica la mayor parte de su vida, dos de mis hermanas han trabajado en las maquiladoras de textiles de Monterrey.

También por toda una trayectoria individual sobre mi relación con los trabajadores. Cuando se cierra Fundidora en 1986 cursaba la carrera de Agronomía, recuerdo bien que llegaron los trabajadores a pedir solidaridad. Yo me incorporé a uno de estos grupos, los acompañé en ciertos momentos de las movilizaciones para defender el trabajo, con el tiempo los dejé de ver pero me siguieron interesando los temas del trabajo y gracias a la maestría en sociología del trabajo en la UAM Iztapalapa y al doctorado en sociología en el Colegio de México, igual. De alguna manera todo este proceso tiene que ver cómo se construyó el tema a investigar.

Si bien el libro tiene un autor, en el sentido estricto de la palabra es un libro colectivo, sobre todo de los ex trabajadores de Fundidora a través de sus narraciones y comentarios. Mi posicionamiento no fue observar desde mis ojos sino a partir de la vida de los trabajadores. En ese sentido me propuse hacer comprensible el mundo de vida en Fundidora.

El tema de Fundidora nunca dejará de ser polémico, ¿cuál es tu análisis general de todo lo acontecido?

Fundidora representó una parte esencial en la formación histórica, social y cultural de la ciudad, sin ella no podemos entender su pasado ni el mundo de vida de los obreros y de los empresarios. La fortaleza de la cultura obrera y empresarial permearon de manera importante aspectos de la vida social en Monterrey.

Los barrios de los trabajadores siguen ahí, si bien muchos fundidores ya murieron sus hijos se siguen identificando como hijos de fundidores, el edificio ahí está, la gente cuando lo visita se pregunta ¿qué era aquí?, ¿cómo era el trabajo?, ¿cómo era la gente que laboraba aquí? Sigue muy presente en la memoria y mientras siga recreándose estará presente en la vida de la ciudad lo que fue Fundidora y lo que son ahora estos trabajadores.

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