Cine mexicano, su producción y consumo

De WikiNoticias UANL

4 de marzo de 2010

A consecuencia de la baja producción cinematográfica nacional, los cines fueron decayendo. En la imagen, el desaparecido “Cine Reforma”, emblema cultural de Monterrey a mediados del siglo pasado, primero incendiado, luego demolido en 2007.

Existen muchas dudas del porqué la industria cinematográfica mexicana decayó después de tener un periodo de mucho éxito a nivel internacional, durante la conocida ‘Época de Oro del Cine Mexicano’.

Pero, ¿cuáles son las causas de esta decadencia?, ¿cuál es la relación de la industria cinematográfica mexicana con sus homólogos en Estados Unidos y Canadá, respecto al Tratado de Libre Comercio (TLC)? y ¿qué medidas recomiendan los estudiosos en el tema para reactivar la producción y consumo de cine nacional?

Las anteriores son tan sólo algunas de las cuestiones que buscó responder la Dra. Lucila Hinojosa Córdova, en una investigación de la Facultad de Ciencias de la Comunicación (FCC), de la de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), que lleva por nombre “De lo global a lo local: oferta, consumo y preferencias cinematográficas en Monterrey, N. L.”.

“La investigación surge a partir de mis estudios de maestría donde, a partir de cursar dos materias, Políticas Nacionales de la Comunicación y Problemas Económicos de la Comunicación, busqué cuál era la política nacional respecto al cine en nuestro país, y me percaté de que no existía una política muy clara. Entonces surgieron un conjunto de preguntas que me llevaron a desarrollar el tema de mi tesis”.

“¿Cómo el Estado, cómo el gobierno, la presidencia de la República, el Congreso de la Unión, nuestros diputados y senadores, no defendieron aquello que de alguna forma contribuyó (contribuye) a la formación de la identidad nacional?”.

“Profundizando en el tema, descubrí que cuando se firmó el Tratado de Libre Comercio de América de Norte (TLC) en 1992, no se discutió o no fue parte del acuerdo, la forma en la cual se iban a negociar las industrias culturales, incluyendo la cinematográfica”.

“Porque en ese entonces, quien era secretario de Hacienda, Herminio Alonso Blanco Mendoza, dijo que la cultura no era prioridad, que no era de interés nacional y por ello no entró como parte de las negociaciones del TLC. Sin embargo, a los 15 días, se aprobó una nueva Ley de Cinematografía en el Senado de la República, donde se establecía que, a partir de 1993 y hasta 1997, se disminuiría la exhibición de películas mexicanas en pantallas nacionales, de un 50 hasta un 10 por ciento”.

“Lo que sucedió en México, a grandes rasgos, conforme fue entrando en vigor el TLC y su política respecto al cine entre los países integrantes, fue que el cine nacional disminuyó en su producción, porque ¿quién iba a invertir en una industria poco redituable, es decir, quién produciría una película, si de cada cien pantallas, por ley, únicamente la proyectarían en 10 y sólo por una semana?”, señaló la Dra. Hinojosa Córdova, Doctora en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad de La Habana, Cuba.

Hoy por hoy, la industria cinematográfica es uno de los motores de la economía mundial en los países más desarrollados. Sin embargo, y debido a que el gobierno mexicano no ve en la producción de cine nacional un crecimiento cultural o económico, no apuesta en ella.

Los resultados de la investigación de la Dra. Hinojosa Córdova mostraron que la oferta de películas nacionales en las pantallas ha disminuido significativamente tanto a nivel nacional como local: en Monterrey, en 1991 se exhibieron 498 películas en las salas de cine comercial de entonces, de las cuales 105 fueron mexicanas; en el 2001, sólo se exhibieron 295 películas, de las cuales 15 fueron mexicanas.

“Distintos investigadores, como el reconocido economista Ernesto Piedras, señalan que si bien México es el quinto mercado mundial en número de espectadores y el cuarto en transferencias de regalías al extranjero por concepto de consumo de materiales audiovisuales procedentes de Estado Unidos, la producción fílmica nacional no se compara a estas cifras”.

“En los últimos 15 años, y desde la firma del TLC de América del Norte en 1992, se ha visto disminuir considerablemente la producción, exhibición y consumo de películas mexicanas”.

“Un control oligopólico de las empresas transnacionales distribuidoras de películas, una legislación inequitativa para el sector y una política cultural insuficiente para el desarrollo de esta industria, propició que la década de 1990 fuera la de mayor abatimiento de la producción fílmica desde que se adoptaron las políticas económicas neoliberales como la apertura de los mercados, privatizaciones y cambios regulatorios que han afectado negativamente a varias industrias del país, entre ellas la cinematográfica”, explicó la investigadora.

En la segunda parte de la entrevista, la investigadora abordará la importancia de impulsar la producción cinematográfica en nuestro país y de los esfuerzos que están realizando los cineastas mexicanos para impulsar esta industria.

Le invitamos a leer la segunda parte de esta entrevista: El triunfo es de los cineastas, no del cine mexicano.

    • Lucila Hinojosa Córdova cuenta con un Doctorado en Ciencias de la Comunicación Social. Es profesora e investigadora de la Facultad de Ciencias de la Comunicación (FCC) de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) en Monterrey, México; Miembro del Sistema Nacional de Investigadores SEP-CONACYT, Nivel I; pertenece tanto a la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación (AMIC), como a la International Communication Association (ICA).

Es autora de los libros “El cine mexicano. De lo global a lo local”, y “El cine mexicano. La identidad cultural y nacional”. Sus líneas de investigación son los estudios sobre las industrias culturales, en particular los efectos de la globalización y el TLCAN en la producción, exhibición, consumo y recepción del cine mexicano. Actualmente dirige el proyecto de investigación institucional “Educación, consumo y prácticas culturales de la comunidad universitaria de la Universidad Autónoma de Nuevo León”, que cuenta con apoyo del CONACYT.

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