Celebran universitarios Día de Muertos

De WikiNoticias UANL

2 de noviembre de 2009

En Nuevo León se ha adoptado la tradición de instalar altares de muertos el 2 de noviembre, ofrendas que han adaptado elementos característicos de la región como la integración de la carne asada, machacado y tortillas de harina para los seres queridos

El Día de Muertos es una de las celebraciones más importantes para lo mexicanos, su trascendencia radica en recordar a las personas que ya no están presentes y su folclore la hace ser una festividad que identifica al país como una nación rica en cultura y respeto por la muerte.

Se tiene registro de que los pueblos prehispánicos de alguna manera “celebraban” a sus difuntos desde el año 1800 A.C., pero con la llegada de los españoles esta tradición no se perdió, sino que se fusionó con las creencias religiosas de quienes conquistaron y colonizaron a la Nueva España.

Este sincretismo entre el cristianismo y los ritos mesoamericanos, dieron origen al Día de Muertos, con el Altar de Muertos como máximo representante; sin embargo no se conoce una fecha exacta de cuándo surgió esta tradición tal y como la conocemos.

¿PORQUÉ EL DÍA 2 DE NOVIEMBRE?

Gabriela Guerrero Hernández, maestra de la Facultad de Filosofía y Letras explicó que esta costumbre se debe a que los pueblos prehispánicos tenían una clara visión de la vida; la muerte solo era una etapa más en este proceso para llegar a la verdadera vida.

“Hay explicaciones que tiene que ver con el ciclo agrícola que tenían las culturas antiguas, se cultivaba en el mes de enero y se cosechaba en mayo, luego se volvía a cultivar en mayo pare recoger la cosecha en octubre, dejando el onceavo mes (noviembre, si se habla de un calendario de doce meses) como el mes de la reconciliación entre los vivos y los muertos”, indicó la historiadora.

Además, dijo que el onceavo mes era el establecido por los dioses para que, de manera libre, las almas de los difuntos puedan salir a convivir con su familia.

ELEMENTOS QUE SE HAN ADAPTADO Y ADOPTADO EN UN ALTAR

La profesora del Colegio de Historia resaltó que un altar es una ofrenda para los seres queridos que regresan a visitar a sus familiares, pero que estos dos conceptos evidencian claramente la unión que existió entre dos tradiciones completamente distintas: el cristianismo de los españoles y el paganismo propio de pueblos prehispánicos.

“Entre las cosas que forman un altar están varios elementos representativos del cristianismo, el más claro es la cruz, que representa a Jesucristo que está en espera de recibir las animas de los muertos.

“Por la parte prehispánica en las ofrendas, se resaltan elementos propios del valor que tienen los indígenas por la Madre Tierra, como los son el agua, el viento, el fuego y la tierra”, menciona Guerrero.

El agua, en esta costumbre, es para que el difunto pueda refrescarse los labios, lavarse las manos y así disfrutar de su ofrenda; el fuego es la luz que permite al espíritu reconocer dónde está su familia; el viento es el papel picado de colores amarillo y morado -colores que simbolizan la vida y la muerte respectivamente-, y la tierra es representada por la fruta y la comida presente en el altar.

Por su parte, la socióloga Laura Imelda Charles resalta que los conquistadores no les gustaba que pueblos como los mayas, sacaran a sus muertos de sus tumbas para limpiar sus restos, por eso tuvieron que recurrir a la recreación de los difuntos a través de lo que hoy se conocen como las “calaveritas de azúcar”, algo que forma parte de los elementos que no pueden faltar en un altar.

DIFERENTES REGIONES, DISTINTOS ALTARES

En el país la tradición de altar de muertos se ha mantenido, y en él se utilizan los objetos más comunes propios del lugar donde se hace, lo que origina que existan diferencias entre zonas.

“Un ejemplo claro de esto es en la región de la Huasteca Potosina; es muy común que los altares estén adornados por arcos, uno que se coloca fuera de la casa como símbolo de recibimiento a todos aquellos espíritus y ánimas que nadie las recuerda, y otro arco más bonito que rodea a la ofrenda y ése propiamente es para recordar a quien ha muerto y pertenece a la familia que preparó ese altar”, dijó Guerrero Hernández.

El altar de Morelia, Michoacán, ha sido considerado uno de los más vistosos al incluir en las ofrendas; además de la comida que le gustaba al difunto, su fotografía, flores de cempazúchitl, algunos elementos como el copal e incienso, cirios, el izcuitle, el petate, cañas de azúcar, además ponen leña, carbón y un bracero en la parte inferior de la ofrenda.

Los cambios más significativos se pueden encontrar en la comida típica de la región, por ejemplo en Nuevo León puede haber machacado con huevo, carne asada y el cabrito, sin dejar de lado las bebidas alcohólicas.

TRADICIÓN QUE LLEGA AL NORTE

“El que no se tenga tan arraigada esta costumbre de hacer altares de muertos en el norte no es tanto por la cercanía con Estados Unidos, sino por la lejanía que tenemos con el centro del país; es lo que ha dejado un poco de lado a esta tradición”, enfatizó Imelda Charles.

Ambas especialistas indicaron que el desarrollo de los pueblos indígenas del centro y sur del país, al ser culturas más elaboradas y complejas a diferencia de los habitantes del norte, puede ser otra de las explicaciones del porqué no ha sido tan relevante el hacer un altar de muertos en los estados fronterizos.

“El desarrollo cultural de estas poblaciones como los tarascos de Michoacán, los zapotecos de Oaxaca, hace que aún conserven un mayor respeto por los espíritus de sus difuntos. En el área de Cuchitán, Guerrero, esta celebración es tan importante como la Navidad”, dijo la socióloga Charles.

EL ALTAR EN MONTERREY

La doctora Rebeca Moreno, coordinadora del Colegio de Sociología de la UANL, indicó que en la capital del estado ésta tradición no es tan importante como en el centro del país y que esta idea vino impuesta por instituciones gubernamentales.

“La tradición del altar es muy colorida, pero no se tiene la misma idea que en los estados del sur. En el contexto de Monterrey es algo muy diferente, pues nosotros hacemos el altar porque es algo que se ve bonito, pensamos a quien se lo hacemos; pero esa no es la idea”, dice Moreno.

Además indicó que los altares llegaron de alguna manera impuestos por instituciones como la Secretaría de Educación, que tomó la batuta para organizar campañas de concursos para el mejor altar y darle a las escuelas los requerimientos de cómo se hace uno; algo con lo que concuerda Imelda Charles.

“Esta tradición se va a quedar en Monterrey, pero lo más probable es que el significado cambie con el tiempo, pues no tenemos la misma idea del Día de Muertos que en otros estados, nosotros vamos a las tumbas de nuestros difuntos, las limpiamos, comemos ahí y pasamos gran parte del día, pero eso es todo”, mencionó Moreno.

También dijo que pasa algo similar con el Halloween, una festividad que se tomó de Estados Unidos, pero que no tiene la misma significación que allá, pues aquí es sólo el día para disfrazarse y que los niños pidan dulces.

El altar de Muertos es una tradición que invita a los mexicanos a la unión familiar y a la conservación de las costumbres, pero lo más importante es que con él podemos recordar y convivir con las personas que ya no están presentes.

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