Auténticos Tigres, rivales a vencer

De WikiNoticias UANL

12 de agosto de 2005

Auténticos Tigres de la Liga Mayor

Los Auténticos Tigres de fútbol americano de Edmundo Reyes encabezarían el grupo dos “Jacinto Licea” en la Conferencia de los Doce Grandes de la Categoría Mayor de la Organización Nacional Estudiantil de Futbol Americano (ONEFA) luciendo como una de las escuadras más difíciles de vencer.

Tigres saltaría al emparrillado el 2 de septiembre de 2005 para jugar nueve partidos en temporada regular.

Las novedades de dicho torneo eran que no descendió ninguno de los equipos del año anterior y subieron las Águilas de la UACH (Universidad Autónoma de Chihuahua) y Centinelas del Cuerpo Guardias Presidenciales.

Aztecas de la Universidad de las Américas (UDLA) permanecían dentro de esta temporada y los equipos del Instituto Politécnico Nacional (IPN), Águilas Blancas y Pieles Rojas desaparecieron para fusionarse en uno sólo, Burros Blancos.

Este año (2005) el formato de competencia presentó un cambio pues en lugar de diez serían doce los equipos al sumarse los Pumas Acatlán y los Centinelas.

Para los partidos de la fase final de la temporada también existían nuevos criterios de clasificación, aprobados por la Asamblea General Extraordinaria de la Categoría Mayor, el 21 de mayo de 2005.

Los doce equipos serían divididos en tres grupos o conferencias que jugarían entre sí, entre rivales de zona y otros grupos, para sumar nueve juegos.

Calificarían a playoffs los seis mejores equipos, donde el primer y segundo lugar general avanzarían a semifinales y descansarían una semana mientras que los otros cuatro buscarían llegar a semifinales enfrentándose el tercero contra el sexto y el cuarto contra el quinto.

Para el entrenador en jefe de los Auténticos Tigres, Edmundo Reyes Gutiérrez, este sistema de alguna forma les ampliaba la posibilidad de ganar el campeonato en su división.

La madurez y fortaleza de 23 jugadores que terminarían su elegibilidad -la mayoría campeones en la intermedia nacional del 2001-, aunado al trabajo contundente que los quarter back Juan Antonio Zamora, Devin Adkins Bishop y Carlos Tapia, un muchacho proveniente de Sonora, habían enseñado en seis juegos de pretemporada, comprobaban que se trata de un equipo bien balanceado que tenía muchas posibilidades.

Como ya era tradición, la defensiva seguiría siendo la base de sus triunfos. Era hasta entonces la unidad más fuerte del equipo, en ella destacaban jugadores que eran los mejores en México en su posición, otros abrían su último año y a ellos se sumaban jóvenes talentos recién incorporados que venían empujando fuerte.

Pero ahora seguramente se obtendrían marcadores más abultados dada la calidad del back field y receptores como David Ruiz, Christian González, así como Suriel Martínez Hernández, entre quienes se encontraban además varios novatos a los que habría que seguir de cerca. Por otra parte, la línea ofensiva había ido subiendo de juego.

En el ataque terrestre se contaba con acarreadores de balón como Miguel Cantú Ríos, Arturo Aguilar Soto y David Carvajal Hernández que prometían perforar las líneas contrarias.

El head coach Mundo Reyes consideraba que con ello el equipo tendría un balance tanto en juego aéreo como terrestre de modo que prometía dar muchas dificultades a las defensivas contrarias.

De esta manera el trabajo de conjunto presagiaba resultados halagüeños. La pregunta era si sería este el año ansiosamente esperado.

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