Aunque resulte increíble, Reyes existió, por Adolfo Castañón

De WikiNoticias UANL

29 de mayo de 2006

Compendiar una actividad literaria como la de Alfonso Reyes en relación con México es una tarea harto difícil en la que está empeñado Adolfo Castañón quien desde hace años prepara una antología de sus escritos.

Al iniciar su conferencia “Lugares y perfiles mexicanos en la obra y en la vida de Alfonso Reyes”, el poeta, ensayista y editor Adolfo Castañón aseguró que el Regiomontano Universal “existió, aunque para muchos sea increíble”.

Y podría resultar increíble por la amplitud de la actividad literaria que desarrolló en relación con México y tratar de comprimirla un gran reto que se ha impuesto este obsesivo de la vida y obra del regiomontano, al preparar durante años una antología de sus escritos.

“Se que es un poco complicado compendiar el México de Reyes, por lo que lo intentaré fragmentariamente”, dijo a quienes se dieran cita en Capilla Alfonsina para escucharlo.

Castañón, quien es licenciado en letras españolas con 30 años de experiencia, como ensayista, crítico y editor de la vida y obra de Alfonso Reyes, lo define como “el mejor escritor mexicano en prosa y verso de la primera mitad del siglo XX”.

Citando algunos de los más importantes pasajes en la vida de este ilustre personaje de nuestra literatura, Castañón se remontó a 1932 cuando acusado por Héctor Pérez Martínez de no atender a su revista y no tomar partido de las polémicas que en aquél entonces sacudían a su país en lo literario, Alfonso Reyes no dejó pasar esos cargos y asumió su propia defensa en la carta titulada “a vuelta de correo” publicada en una edición privada de ese mismo año.

A la sazón tenía Reyes 43 años y se encontraba en el mediodía de su carrera y en toda la fuerza de su edad; sin embargo reiteró que aunque la historia le ha dado la razón a Reyes, las acusaciones de Pérez Martínez, quien luego fuera su amigo y defensor, no dejaban de tener un cierto ingrediente de verdad. Su cercanía con el autor regiomontano es tal que debido a su amplia experiencia en el tema, no escatimó en enfatizar su dimensión universal al considerar que sentó las bases de un canon moderno de la prosa y del verso para las letras mexicanas e hispanoamericanas.

“Maestro en todos los registros de la pluma –ha dicho–, Alfonso Reyes realizará en México el más cumplido ejemplo del hombre de letras”.

Continuó con algunos pasajes de su vida como el momento cuando el hijo del Gral. Bernardo Reyes salió de México en septiembre de 1903, y ya había publicado su primer libro Cuestiones estéticas, además de dictado sus tan famosas conferencias sobre los poemas rústicos de Manuel José Othón y el paisaje en la poesía mexicana del siglo XIX.

“Con todos sus escritos, salta a la vista que al joven Reyes le atrae de las letras mexicanas su vertiente clásica, más que su vertiente romántica o expansiva, lo atrae el plano vertical de una elocuencia suvbersible que busca revelación, le atrae sobretodo una tesitura conciente de cinismo”, enfatizó.

Para estas mismas fechas tempranas, antes de salir de México hace casi un siglo, “había publicado diversos poemas en periódicos y revistas, incluso los primeros textos suyos que aparecen editados en letra de molde fueron los sonetos que publicó en 1905 sobre las esculturas de Cordie, esos sonetos y los que siguen tienen una factura decididamente parmaciana, clásica, clasicista, contenida.

Dos poemas de intención mexicana fueron escritos por Reyes en aquellos primeros años, el soneto “La tumba de Manuel José Othón” y el poema “En la tumba de Juárez”, donde son perceptibles la atracción que ejerce el ambiente grecolatino y la identificación que hace el joven escritor entre poesía y la radiolocuencia”.

Sigue el joven escritor trabajando, a los veintitantos años ya con un poco de influencia de cierta poesía del Siglo de Oro, perceptible a lo largo de toda su obra, por lo que también en los años previos a su salida de México, realiza una semblanza narrativa escrita en la ciudad de México donde se ventilan las dificultades que trae para un campesino la movilización espiritual que es la modernización”, dando paso a otra breve lectura de las obras de reyes como es “La silueta del Indio Jesús”.

Sin embargo, como lo anticipó al inicio de su charla, no es fácil resumir tan extensa vida literaria en tan poco tiempo, por lo que llegando al final de su intervención, llega a la etapa en que el Regiomontano Universal se topa a algunos escritores y amigos en Madrid, donde siguió construyendo los primeros niveles de una obra que, en extensión, y muchas veces en calidad, a decir de muchos conocedores, supera la bibliografía de cualquier autor mexicano del siglo veinte.

“Amado Nervo fue para Alfonso Reyes algo más que un poeta, fue un modelo en las letras; a pesar de la diferencia generacional con Amado Nervo, pudo establecer una magnífica amistad, de hecho, terminó por editar prácticamente las obras completas de ese poeta”.

También encontró a otros escritores mexicanos con quienes desarrolló igualmente una buena relación para la historia de la diplomacia mexicana, tendríamos que destacar por ejemplo, la relación que establece con Luis G. Urbina, que también es mucho mayor que él y, con otro diplomático mexicano como Francisco de Icaza. Esas fueron las principales relaciones que establece con escritores de otra generación, en el caso de Icaza, además de escritor, fue jefe de Alfonso Reyes en el matiz de los inicios del siglo XX.

Por último y como entusiasta difusor de la obra de este incansable y quizá insuperable escritor, recomienda su lectura y relectura, las reediciones, reimpresiones y copiosas antologías que muestren al mundo lo que fuera Alfonso Reyes.


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