Analiza populismo en Francia

De WikiNoticias UANL

12 de junio de 2006

La Universidad Autónoma de nuevo León, en conjunto con la Alianza Francesa Monterrey, presentó la conferencia “Populismos, extrema derecha y clases populares: Una historia política problemática”, a cargo de la maestra Annie Collovald.

La Universidad Autónoma de nuevo León, en conjunto con la Alianza Francesa Monterrey, presentó la conferencia “Populismos, extrema derecha y clases populares: Una historia política problemática”, a cargo de la maestra Annie Collovald.

Collovald es especialista en temas de la derecha y extrema derecha, trabaja en temas sobre el militantismo humanitario y sobre los fenómenos de reconversión política. También publicó “El populismo del Front Nacional: un peligroso contrasentido” en las ediciones del Croquant, 2004.

En esta exposición se analizó la manera en que ha cambiado la noción de populismo, a partir de la estigmatización que ha hecho el partido “Frente Nacional” en Francia, dirigido por Jean Marie Le Pen. Mientras que en América Latina el término se asocia con la izquierda, en Francia, como en Europa, se apega a la extrema derecha.

“Llegué a interesarme en el populismo, puesto que muy rápidamente, a partir de los años 90, el “Frente Nacional” era etiquetado como populista. En Francia el populismo sería un movimiento social de descontento, (el cual) se reconocería por el carisma de Jean Marie Le Pen y de sus ideas xenofóbicas, que se pronunciaría contra las élites establecidas”.

Según expresó Collovald, la crisis social económica favoreció el auge del “Frente Nacional” y de los populismos en Europa. El aumento de los insatisfechos de la política, el desencanto creciente respecto a los representantes políticos, la impotencia del estado de gobierno para resolver los problemas sociales, en especial el desempleo, fueron los fenómenos que habrían fomentado las movilizaciones a favor de aquel partido de protesta.

“Esta explicación vale independientemente de los contextos nacionales, sociales y políticos de cada país”.

De acuerdo a esto, Jean Marie Le Pen explotó los malestares de los grupos sociales más vulnerables, particularmente aquéllos de las clases populares, puesto que son las que más sufren de los efectos de la crisis económica y de la globalización.

La especialista aclaró que las personas, al identificarse con el líder, votarían por él debido al resentimiento y frustración en que vivirían los electores de las clases populares, víctimas de la crisis social. Gracias a ello, el Frente Nacional logró imponerse.

Collovald define “populismo” como una noción ambivalente, funcionando a manera de análisis que explica el éxito del “Frente Nacional”, y al mismo tiempo como insulto para descalificar a las personas o movimientos identificados bajo este término, especialmente a los electores procedentes de clases populares, ya que serían ellos quienes se identificarían con el electorado de Le Pen.

“De cierta forma la palabra populista autoriza, a aquéllos que lo emplean, la expresión de desprecio social y político”.

Los usos actuales del término populismo generan una doble ruptura de significado respecto a los usos que se hacían de la palabra en los años 60 y 70, de acuerdo a Collovald. La expresión populismo existía en tres sectores interpretativos de la política: sociología de los intelectuales, en el ámbito ciencia y política que se interesaba por el tercer mundo (particularmente en los movimientos de liberación en el tercer mundo); también se empleaba en los ámbitos de la extrema izquierda. El término oscilaba entre la valorización del pueblo y estigmatización de las élites.

“Hay sociólogos que en los años 70 empleaban el término populismo para señalar la manipulación realizada por las élites intelectuales de los intereses del pueblo para su propio provecho. El populismo mostraba las clases populares como víctimas de la manipulación por parte de las élites. Ahora las clases populares son responsables del éxito de éstas”.

Otro alejamiento del significado original del término populismo, agregó la maestra, consiste en la definición que se hacia en sociología, determinándolo como llamado al pueblo, visto como un ejercicio común de la política en un contexto democrático.

Hasta este mes de junio de 2006 éste se ha convertido en anomalía, ya que se ve como amenaza principal que pesaría sobre la democracia. De este modo el Frente Nacional, ligado a expresiones de extrema derecha y fascismo en las décadas de los 70 y 80, se ve hoy como populismo.

“Quiero mostrarles que esta definición no significa nada, pero es la que prevalece respecto al Frente Nacional”

La especialista gala añadió que durante los comicios presidenciales del 2002 al llegar Jean Marie Le Pen a la segunda ronda, se originaron comentarios, tanto de periodistas como de sabios, respecto a los electores que votaron a favor de Le Pen.

“(Para ellos) el voto por el Frente Nacional sería un asunto de perdidos, de gente dejada, que no entiende el mundo en el que vive, ignorante, carente de educación, inculto, había una credibilidad que los volvería receptivos a las ideas simplistas de Jean Marie Le Pen, especialmente contra los inmigrantes”.

Con el mismo tipo de críticas en los comicios europeos del 2005, se dijo que había un virus del populismo que se propagaba por Europa, amenazando la democracia. “Eso serían los ignorantes, los carentes que se encontrarían en todos los tribunos, los demagogos, que tendrían ideas xenofóbicas y se unirían con la extrema izquierda, como con la extrema derecha”.

Así, la etiqueta populismo plantearía una amalgama entre estos dos movimientos políticos distintos que sin embargo, se unen bajo el mismo resultado; olvidándose de las diferencias que pueden existir en estas ideologías. También permite promover a los principales responsables del éxito de Jean Marie Le Pen, que son los grupos sociales más vulnerables, especialmente los electores procedentes de las clases populares, según el planteamiento de Collovald.

En la actualidad, en Francia y Europa, el pueblo no es un buen argumento político, ya que no es una causa que valga la pena ser defendida (como en los setenta), sino el principal problema a resolver para el funcionamiento de la democracia. “Hacer un llamado al pueblo ahora se ve como algo muy indigno, esas son las interpretaciones del frente nacional que llevan a ese juicio”.

Para la investigadora francesa, los usos actuales del populismo surgieron a partir de la historia de descalificación del término, remontada a finales del siglo XIX y principios del XX. Los conservadores electos trataban de frenar la entrada de nuevas élites, especialmente obreras, e impedir que participaran en la vida política.

Explicó que la primera puesta informal de una teoría en contra de la movilización popular se originó gracias a los psicólogos de las multitudes, teóricos cercanos al poder republicano. Estos observaban las primeras manifestaciones obreras y las calificaban de múltiples histéricas, peligrosas, ebrias y por lo mismo criminales. Así eran vistos los líderes obreros, por tanto, había que encerrarlos e investigarlos.

A principios del siglo XX, aunque el pueblo era despreciado, se le temía. En la actualidad, es compadecido “lo acusamos, pero le encontramos circunstancias a favor; lo acusamos de ser el principal responsable de la victoria de Le Pen, pero no es su culpa, es víctima de la crisis social; si le dieran una mejor educación las cosas pasarían mejor. Estamos ante juicios alternos”, opinó.

Según Collovald, los usos actuales de populismo autorizan la expresión de un racismo social. El decir que las clases populares son ignorantes, son crédulas, que votan en forma irracional, es algo que cada vez se admite más fácilmente sin que quienes lo emitan encuentren resistencia por parte de sus oponentes.

Agregó que el efecto que conlleva es el de favorecer el regreso de tesis reaccionarias (en sociología y política), en Francia. “Por ejemplo, el autoritarismo de las clases populares es una noción inventada por un sociólogo estadounidense muy conservador, que decía que eran autoritarias, por eso terminan con Jean Marie Le Pen. Esta tesis fue muy criticada por numerosos sociólogos, pero está reapareciendo hoy en día”.

Otra de las tesis que se manifiesta, conforme a la descripción de la especialista, es la del buen gobierno, aparecida en los años 70 en Estados Unidos. En ella se invocan los excesos de toda democracia contra los que hay que luchar si se quiere preservar el buen funcionamiento de ésta; entendiendo como excesos los derechos sindicales, de huelga, de libertad de prensa, etcétera. Así, cuando las democracias están enfrentando una sobrecarga de demandas populares, surge la imposibilidad de gobernar.

De acuerdo a esto, las movilizaciones sociales, son vistas como emociones, irracionales, no hay por que tomarlas en cuenta “aparecen aminoradas, pero no justifica que los gobiernos no (las) escuchen”, puntualizó.

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