Alicia González de Fernández: Una vida entregada al canto y a la música

De WikiNoticias UANL

25 de abril de 2006

Con siete décadas dedicadas a esta manifestación artística, la maestra Alicia González de Fernández, es parte viva de la historia musical no sólo de Monterrey sino también de México.

Sólo el tiempo, siempre implacable, pudo detener una vocación cuyo ejercicio se prolongó, se prolongó y se prolongó durante casi siete décadas, mucho más allá de lo imaginable.

Sin embargo, a sus casi 94 años su personalidad espontánea, alegre y generosa, y su espíritu inquieto y todavía lleno de curiosidad, permanecen intactos.

Es Alicia González de Fernández, maestra de canto, maestra de maestros, maestra de incontables generaciones de cantantes, pianistas y de grupos corales que llenó cuanto espacio cultural hubo en Monterrey para potenciar su gusto, el conocimiento y la técnica del bel canto por años, por lustros, por décadas.

Nació en Monterrey el 28 de junio de 1912 en una familia que había llegado a la ciudad, procedente de Marín.

En su casa también vivía la música. El piano era parte de la familia, era como uno de sus siete hermanos –tres hombres y cuatro mujeres. Ella fue la octava, la más pequeña.

Empezó a estudiar piano en Monterrey en la Academia Beethoven con el maestro Daniel Zambrano, pero un día de 1929, a sus 17 años, decidió irse a la ciudad de México a estudiar, a saber más de lo que más le ha gustado en la vida: el canto, en el Conservatorio Nacional de Música.

Dos de sus hermanos estudiaban medicina en la capital del país y una de sus hermanas, María, quien estaba casada con el Dr. José Juan Martínez, también vivía allá, por lo que no tuvo problemas.

Premio a las Artes de la Universidad Autónoma de Nuevo León 1998, la maestra Alicia González de Fernández es parte viva de la historia musical no sólo en Monterrey, sino en México.

Escobar de Castro, una famosa cantante de ópera en ese tiempo, fue su primera maestra de canto en la Ciudad de México. Después ingresó al Conservatorio Nacional.

Aunque su memoria por momentos necesita apoyo, no olvida a su primera maestra, ni a Evangelina Magaña, una de sus compañeras.

En el Conservatorio convivió con personajes como Carlos Chávez, quien era el director; con Candelario Huízar, Jerónimo Vaqueiro, Ignacio del Castillo, Manuela Amor, hermana de Pita Amor; Luis Sandi, Manuel Rodríguez Vizcarra, José Roldán, Silvestre Revueltas, entre otros muchos, quienes fueron sus maestros.

Hoy todavía habla con orgullo de su título de Profesora Superior de Música, Cantante de Ópera y Concierto, que recibió en diciembre de 1937, después de ocho años de estudios.

“No todos hacen su carrera completa”, dice, “van al Conservatorio y están un año, dos años…y ya se van a su casa. Yo tengo mi título.”

Como alumna, ya había hecho historia: fue integrante del coro del Conservatorio, en el que cantó bajo las batutas de Carlos Chávez, Luis Sandi y de Silvestre Revueltas. Con este coro participó en la inauguración del Teatro de Bellas Artes en 1934.

En el mismo Palacio de Bellas Artes, en 1937, presentó en la Sala Manuel M. Ponce sus conciertos finales para acreditar las últimas materias de su carrera.

Pero la historia de su mayor vocación, su longeva vocación magisterial, se había manifestado claramente desde antes de que egresara del Conservatorio.

En 1936 fue maestra fundadora de la Escuela Superior Nocturna de Música, la primera en su tipo y que actualmente es la Escuela Nacional de Música. Funcionaba en las mismas instalaciones del Conservatorio. De día era el Conservatorio y de noche la Escuela Superior de Música.

SU REGRESO A MONTERREY

Ya con su título en mano regresó a Monterrey en 1938. Inquieta y con la pasión desbordada por la música, rápidamente se presentó –junto con una de sus compañeras– ante el Gral. Anacleto Guerrero Guajardo, el entonces gobernador de Nuevo León, para pedirle que hiciera aquí un conservatorio o una escuela de música. Nadie le hizo caso.

Pero un año más tarde, en 1939, la Universidad Autónoma de Nuevo León abrió su Escuela de Música y la maestra Alicia González de Fernández fue llamada para convertirse en la primera maestra de canto.

La combinación música-magisterio la hizo incansable; daba clases todo el día, en la Universidad, en la Escuela de Música; en el Tecnológico de Monterrey y en uno de los Centros de Seguridad Social del IMSS, además de en su hogar.

Por si fuera poco, cantaba en vivo en programas de radio, organizaba conciertos de ópera, recitales de piano, conferencias y todo tipo de actividades en las que el bel canto era el tema principal.

En esos años también realizó doblajes para algunas películas. Entre las que recuerda está La mujer del puerto que protagonizó Andrea Palma.

De 1939 a 1967 fue directora del Coro Universitario de la Escuela de Música, fundado por ella misma y a uno de sus conciertos asistieron los maestros Manuel M. Ponce y Julián Carrillo, quienes después de escucharla elogiaron ampliamente su trabajo.

Y fue dando clases (¿de qué otra manera?) como encontró al amor de su vida: a su “alumno más adelantado que se quedó con la maestra”, como ella misma llama a Don Pedro Fernández Garza, con quien se casó y permanece unida hasta hoy y con quien procreó tres hijos. En 1948 la maestra Alicia formó el primer Coro Estudiantil del Tecnológico de Monterrey, antecedentes de lo que actualmente es Difusión Cultural del Tec.

Por cierto que de su trabajo en el Tecnológico, una de las anécdotas que más recuerda fue cuando en una conferencia que Luis Sandi vino a impartir dentro del ciclo de Cursos de Verano, cantó 36 canciones en dialectos y lenguas autóctonas del país para ilustrar la charla de su antiguo maestro.

Para 1957 fue nombrada directora interina de la Escuela de Música, esa condición ocupó hasta 1961 cuando fue designada directora titular, puesto que desempeñó hasta 1977.

“Y todavía me pagan”, expresa.

Otra anécdota que recuerda fue que en 1957, durante la celebración del Centenario del Colegio Civil, el maestro José Vázquez, quien había sido su compañero en el Conservatorio y venía como director de la Orquesta Sinfónica de la UNAM, le cedió la batuta para que ella dirigiera una pieza en la que intervenían los coros y la orquesta, en reconocimiento a su extraordinaria labor.

En enero de 1959 instituyó los domingos musicales infantiles en el Aula Magna, inspirada en sus tres pequeños hijos. Este tipo de conciertos fueron los primeros dedicados a los niños en Monterrey y con el tiempo se convirtieron en una tradición continuada por Arte, A. C., que organizaba los “Conciertos Didácticos” en el Teatro de la Ciudad.

AÑOS DE TRABAJO GENEROSO

Los años de trabajo generoso se reflejan en los reconocimientos que ha recibido por 25 y 30 años como maestra en la Escuela de Música, el diploma de reconocimiento en el aniversario 60 de la institución de la que es fundadora y otras distinciones otorgadas por organizaciones internacionales. Pero, sin duda, el testimonio más grande de una labor que será muy difícil de igualar lo constituye su innumerable cantidad de discípulos, a los que durante generaciones y generaciones compartió, además de técnica y conocimientos, el amor por la música.

Entre sus alumnos regios más destacados están las hermanas Briceño, María Luisa González, Gerardo González, Enedina Goicoechea, quien fue maestra de Martha Félix; Jorge Rangel, cantante y pianista, Hugo Garza Leal, actual director de Difusión Cultural del Tec, y el cómico Alberto Rojas “El Caballo”. Mujer extraordinaria, la maestra Alicia González de Fernández ha dedicado toda una vida a la música y el canto.

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